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Trump convierte sin querer en ‘best seller’ a un desconocido profesor canadiense

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La intención de Donald Trump era despachar su ira contra Fire and Fury, un demoledor ensayo del veterano periodista Michael Wolff en el que desnuda las entrañas de la Casa Blanca y la azarosa manera como las gobierna Trump desde que es presidente de Estados Unidos.

Que se quedó “perplejo” por su victoria en las elecciones, que no disfrutó de su toma de posesión o que la Casa Blanca le parece “espeluznante” son algunas de las sorprendentes revelaciones que contiene el libro.

Y las perlas están extraídas, según el autor, de más de 200 entrevistas que ha realizado con personalidades del entorno del mandatario en su primer año de legislatura.

Sin embargo, a Trump le ha salido el tiro por la culata. Su pretendida venganza a base de exabrutos expresados en sus famosos tuits, entrevistas o discursos no ha hecho sino beneficiar el marketing del polémico libro polémico de Wolff, adelantando su lanzamiento a la vista del morbo que suscitaban las primeras reseñas y referencias a él, y disparar sus ventas, que, en su estirón, se han llevado consigo otro libro, en este caso publicado hace diez años, sobre los bombardeos aliados contra Alemania en la Segunda Guerra Mundial, ya que muchos potenciales lectores de los trapos sucios del Pentágono han adquirido éste segundo por equivocación -y sin prestar mucha atención al año de publicación o la portada del libro de género histórico, que sin el menor asomo de duda, está dedicada a la guerra-, confundiéndolo con el libro de Wolff al ser homónimo, aunque se le añade el subtítulo The Allied Bombing Germany 1942-1945.

Entre los libros más vendidos de Amazon

El autor de la obra beneficiada en ventas, que hasta ahora permanecía con más pena que gloria en las librerías virtuales, es el profesor Randall Hansen, director de la Escuela Munk de Asuntos Globales de la Universidad de Toronto, y la cantidad de personas que se han hecho con su obra se cuenta por miles. Tal ha sido el fenómeno que, según ha destacado el propio (y absorto) Hansen, figura ya en la lista de los 100 libros más vendidos en tres categorías de Amazon.

“Mi libro, que apareció hace diez años y ha estado languideciendo desde hace tiempo en términos de ventas, de repente estaba en tres de las listas de los más vendidos de Amazon. No pude parar de reírme”, añadió el profesor, que en Twitter no se corta en expresar su antipatía contra Trump, y desde esta red ha preguntado su debería extender  “un gran cheque de derechos de autor a (Steve) Bannon y Trump. Si es así, la ironía no conoce límites”.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Encontrado un número primo de 23 millones de dígitos

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El anterior número primo Mersenne más alto calculado
Imagen: RGLago

Vamos a repasar matemáticas, a ver cómo estamos. Tranquilos, son matemáticas básicas, de primer curso. La definición de número primo. Os damos unos segundos. ¿Ya? Efectivamente. Un número primo es aquel que solo es divisible por sí mismo y por la unidad. Un tipo de cifras que han dado lugar a todo tipo de inspiración. Desde las ciencias a la literatura.

(2 elevando a 77.232.917) – 1

Y unos números que parecen ejercer una extraña fascinación entre los científicos. Así andan desde tiempos inmemoriales, desde Eratóstenes, tratando de encontrar más números primos entre la infinita lista de cifras. Porque parece que más allá del 23 no hay nada, pero todo lo contrario.

De hecho, matemáticos de todo el mundo emplean una misma herramienta para detectar números primos. Se trata de la iniciativa GIMPS (Great Internet Mersenne Prime Search). Con este sistema, el pasado día 26 de diciembre un ingeniero de Tennessee, en Estados Unidos, ha encontrado el número primo más grande hallado hasta la fecha.

Se trata de 2 elevado a 77.232.917, menos 1. Lógicamente, porque un número primo tiene que ser obligatoriamente impar. Esta fórmula da como resultado un números de nada menos que 23.249.435. Entenderéis que no los transcribamos aquí y que sea necesaria una potencia para poder expresarlo de forma resumida.

14 años y seis días

El ingeniero consiguió dar con este número gigantesco después de 14 años de búsqueda. Y es casi un millón de dígitos más grande que el anterior número primo monstruoso descubierto. Los que se denominan números primos Mersenne.

Para poder comprobar que era un número primo se necesitaron nada menos que seis días de computación mediante un ordenador.

Estas cifras son cada vez más difíciles de encontrar. El recientemente hallado es el número 50 de este tipo, denominados así en homenaje al monje francés Marin Mersenne, que como entretenimiento entre oración y oración tenía la de encontrar los números primos más grandes que pudieran existir.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Tres escritoras cuya vida y obra truncó el genocidio nazi

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En años recientes ha ido creciendo la llamada literatura concentracionaria, mostrando historias reales que se vivieron durante el nazismo en campos de concentración y exterminio. Vivencias concretas tras los grandes y fríos números en aquellos infernales espacien los que, como se sabe, no se documentó apenas en imágenes el dolor, aunque sí con cartas que a veces se conseguían enviar en cautiverio, arrojadas desde los trenes con la esperanza de que la generosidad los llevara a manos de su destinatario.

Después vinieron los escritos, diarios, novelas o poemas que empezaron a publicarse creando un género literario en sí mismo, el de los campos de concentración. Si esto es un hombre de Primo Levi, Memorias de la casa muerta de Dostoyevski, El hombre en busca de sentido de Viktor E. Frankl o el célebre cómic Maus, de Art Spiegelman. En español, las editoriales Errata Naturae, Salamandra y, sobre todo, Periférica han hecho un excelente trabajo a favor de este tipo de textos.

Justo ahora que recala en Madrid una exposición sobre Auschwitz, básicamente enunciativa de la historia del Holocausto y expositiva de objetos asociados a aquel infierno, la editorial Galaxia Gutenberg publica Ya sabes que volveré, un pormenorizado y valiosísimo ensayo de la escritora y experta en literatura europa Mercedes Monmany, que no solo aporta un interesante contenido sobre la literatura de los campos de concentración y la pérdida de intelectuales que estos implicaron, entre otros horrores. También es una gran aportación a las posibilidades que ofrece el ensayo como género.

Tres escritoras fallecidas en campos de concentración

Con una magnífica introducción sobre la literatura que suscitaron los campos de concentración y exterminio, Monmany ofrece un acercamiento a la obra, vida y los textos vinculados al Holocausto de tres conocidas autoras que murieron en campos de exterminio: Etty Hillesum (1914-1943), escritora de diarios; Getrud Kolmar (1894-1943), poeta y narradora; e Irène Némirovsky (1903-1942), cuya literatura, tras un silencio que ha durado décadas, se ha recuperado recientemente. Una de sus obras, Suite francesa, la terminó de escribir muy poco antes de ser apresada e ingresada en Auschwitz, a pesar de saer ya en aquel momento una figura literaria de prestigio inmensamente reconocido en todo el ámbito internacional.

Son textos testimoniales de tres escritoras judías que sufrieron la deportación, reclusión en campos y pérdida de seres queridos, antes de su propia vida a manos de los nazis. Sus letras ofrecen reflexiones de urgencia sobre la terrible época que les tocó vivir, y elevan la experiencia a la categoría de literatura. Solo unas pocas líneas, vivencias y descripciones sirven para retratar y evocar el genocidio de seis millones de seres humanos en una Europa supuestamente civilizada.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Crecen las zonas muertas de los océanos

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Aumentan las zonas muertas en los océanos
Foto: Brocken Inaglory

Tendemos a pensar en los océanos como vergeles de vida. En documentales y en cada denuncia de la contaminación en los mares, se nos muestran imágenes subacuáticas llenas de vida. Tanto en los fondos como los cientos de peces que pululan entre los arrecifes. Pero no es así. Al menos no lo es en todas las zonas.

Sin oxígeno

Existen en los océanos áreas conocidas como “zonas muertas”. Lugares en los que no existe la vida. Donde los peces no pueden sobrevivir ni las algas crecer. Espacios ocupados tan solo por alguna bacteria extremófila despistada.

Estas zonas no existe la vida por la carencia o niveles muy bajos de oxígeno. Es un fenómeno natural conocido desde hace tiempo y provocado por las corrientes marinas creadas por la rotación terrestre y la gravedad. Lo único es que, según los científicos, los humanos estamos acelerando y expandiendo este proceso.

Es nuestra capacidad para intervenir en las dinámicas terrestres. Según los expertos, el cambio climático está incrementando la extensión y numero de estas zonas muertas.

La mano humana

Se debe, sobre todo, a cómo las variaciones de las temperaturas en la atmósfera y en los océanos afectan a las corrientes marítimas. Las aguas cálidas tienen menor capacidad para retener el oxígeno. Y según las aguas superficiales gana en temperatura, ese gas tiene más dificultades para extenderse a niveles subacuáticos más bajos.

Además del cambio climático, la contaminación también este afectando a las concentraciones de oxígeno en el agua del mar. Componentes de productos como los fertilizantes afectan de manera determinantes. Por ejemplo, el fósforo, muy común en esta clase de sustancias, provocan una desmedido crecimiento de las algas. Al morir y descomponerse, las algas consumen una gran cantidad de oxígeno.

Las soluciones son a largo plazo e inmediatas. Por un lado, continuar con el combate contra el cambio climático. Por otro, preservar y aumentar las áreas protegidas y vigilar los vertidos de residuos al mar.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Nuevas rebajas para un nuevo modelo ecónomico

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Antes, solo cuando acababa la Navidad y comprábamos los regalos de los Reyes Magos empezaban los descuentos de las rebajas. Pero en el año 2012, el Gobierno español aplicó una liberalización al comercio de nuestro país según la cual cada establecimiento o cadena comercial  determina a partir de qué momento inicia sus rebajas. Así, desde que se abrió el periodo liberalizador muchos comercios y grandes cadenas, sobre todo de ropa y complementos, inician las rebajas en los primeros días de enero, para aprovechar el tirón de la venta de regalos por Reyes Magos. 

Las tiendas pueden incluso encadenarse a lo largo de todo el año, lo que, sumado a la creciente penetración en España de fenómenos como el “Black Friday”, nos hace percibir que podemos encontrar ofertas y saldos permanentemente. La única obligación que tienen los comercios es avisar del comienzo y del final de su periodo de descuentos, y las organizaciones de consumidores instan a que estos espacios cumplan una serie de normas que garanticen los derechos de los compradores.

Las taras deben advertirse

Por ejemplo, y según ha recordado FACUA a la Agencia EFE, la ley plantea que al menos la mitad de los artículos tengan descuentos para poder publicitar que una tienda está de rebajas. Además, muchos establecimientos estiran el periodo de rebajas hasta dos meses aunque les queden muy pocos artículos con descuentos, a sabiendas de que las autoridades realizan muy pocas inspecciones. Y en caso de que un producto se venda rebajado porque esté defectuoso, y no se informe de la tara, el consumidor siempre tiene derecho a que se lo reparen o sustituyan por otro igual y, si no queda ninguno, deben devolverle el dinero. Por çultimo, el precio rebajado de los objetos debe aparecer al lado del original y si no, el porcentaje de descuento tiene que estar indicado de “de forma clara”.

La Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) ha destacado además que las rebajas sólo son relativas a los productos de temporada y no a los saldos. Y si un comercio cambia su política de devoluciones o no permite el pago con tarjeta en periodo de rebajas, debe informar al consumidor de estas modificaciones.

Conservar el ticket

Pensando en el lado del consumidor, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), hace hincapié en que, para evitar las compras compulsivas, se elaboren listas con lo que uno necesita. Además, hay que conservar el tique o factura simplificada de las compras porque si se pierde, también lo hace el derecho a cambiar, devolver o reclamar, ha advertido la OCU.

Ante cualquier problema, la organización ha subrayado que hay que tener claro que se debe actuar igual que en cualquier otro momento porque “se recortan los precios, pero nunca los derechos que se tienen como consumidor”.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

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