Los niños soldado no se unen a grupos terroristas por ideología

El de los niños soldados es un drama común, en algunas zonas de Iberoamérica, Asia y sobre todo en África. En el norte de...

Detectan que el sol está perdiendo masa

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Un estudio que publicó el pasado jueves la revista científica Nature Communications, basado en la teoría de la relatividad de Albert Einstein (que explicó que la gravedad es una manifestación de la deformación del espacio – tiempo causada por cuerpos masivos como el Sol) y fundado en mediciones de la órbita de Mercurio, que ha realizado la sonda Messenger de la NASA, afirma que el Sol está perdiendo masa.

La sonda mencionada definió cómo cambia la gravedad del Sol con el paso del tiempo, según la pérdida de masa, y cómo esta pérdida hace que las órbitas de los planetas se ensanchen. La tasa de pérdida de masa solar está relacionada con la estabilidad de G, la constante gravitacional. Aunque G se considera un número fijo, si es realmente constante sigue siendo una pregunta fundamental en física.

Casi 200 toneladas de pérdida

Estos valores, que ha obtenido un equipo de científicos de la NASA y del MIT, mejoran las predicciones anteriores al reducir la cantidad de incertidumbre.  Las observaciones revelan que el Sol está perdiendo su atracción sobre Mercurio, lo que demuestra su pérdida de masa. En concreto, el estudio ha cifrado la pérdida anual de masa que experimenta el Sol en 179 billones de toneladas, que equivalen al 3,5% de la masa total que posee la atmósfera de la Tierra.

Durante siglos, los científicos han estudiado el movimiento de Mercurio, prestando especial atención a su perihelio, o al punto más cercano al Sol durante su órbita. Las observaciones hace mucho tiempo revelaron que el perihelio cambia con el tiempo, llamado precesión. Aunque los remolcadores gravitacionales de otros planetas representan la mayor parte de la precesión de Mercurio, no explican todo.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Cuando el test de Bechdel no es suficiente

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El test de Bechdel os debería sonar en vuestra carpeta mental de cine. Es algo así como la regla más sencilla para determinar si la representación femenina es la adecuada en una película. Es fácil de aplicar pues son solo tres reglas:

1. Aparecen al menos dos personajes femeninos; 2. Estos personajes hablan entre sí; 3. Hablan de algo que no sea otro hombre.

Aunque parezca mentira, cumplir estas tres reglas sin que se trate de una excepción no es lo habitual. De hecho, en muchas ocasiones para este test ni se pide que estos personajes tengan nombre propio porque entonces no lo pasaría nadie.

El test de Bedchel es el ABC de las cuestiones de género en el cine. Pero grandes películas de nuestra filmografía no lo superan, como ‘El Padrino’ o ‘Star Wars’. Aparentemente, la otra mitad del género humano no interactúa entre sí o no aparecen o no hablan de algo que no sea hombres en la ficción. Y eso es lo que comemos y bebemos cada día.

Con un poco de autocrítica, tengo que decir que me he dado cuenta de la dificultad de pasar el test a raíz de un pequeño documental que he hecho. Aparecen dos mujeres hablando, pero no entre ellas y tampoco con nombre. En cambio, el protagonismo se lo he cedido sin planteármelo a los hombres, mientras trabajaba en un ambiente sin distinción de género. Entonces, mirando mi pieza con una cierta decepción por haberme saltado tan fácilmente mis principios, me he preguntado por qué había sido tan fácil contar una historia universal a través de los hombres, a pesar de ser mujer.

Mi conclusión es que el test de Bedchel no es suficiente ni aunque se supere. Que lo haga no implica que las historias que se cuentan realmente tengan alguna perspectiva de género. No vemos ni nos cuentan historias de mujeres. Cuando lo hacen, las historias de las mujeres es sobre su propia condición de ser mujeres: la maternidad, la feminidad, la violencia. Todo sobre cómo vive una mujer como mujer, como si fuera un ser a parte que no tuviera trabajo, que no pudiera salvar al mundo, que no pudiera tener una historia increíble sin que un gran letrero de neón con la palabra mujer quedara suspendido sobre su cabeza durante toda la película.

Cuando se anunció que el nuevo Doctor de ‘Doctor Who’ seria mujer muchos se llevaron las manos a la cabeza. Lo mismo con el remake de ‘Cazafantasmas’. Tratándose, la primera de una criatura que cambia de forma de tanto en tanto; y la segunda, una historia de aventuras contra fantasmas, es ridículo pensar que sus personajes femeninos no harán justicia a la historia. A no ser que pensemos que realmente somos dos entes distintos, hombres y mujeres, y que nosotras estamos encapsuladas en nuestra propia condición de género, que nos invadila para tener una historia que contar.

Así que volviendo a la autocrítica, creo que tengo que dar voz a las mujeres. No porque crea que ellas tienen que contarme qué es ser mujer, sino porque creo que tienen el derecho de tener su propia historia sin que ser mujer importe. Ya es revolucionario tener la osadía de querer dirigir (no me llaméis directora, que me da un soponcio) porque mis historias siempre se infravaloran bajo adjetivos como ‘sentimentalista’, ‘demasiado femenina’, ‘demasiado poco femenina como para ser mujer’, ‘de marimandona’… esas cosas que sentimos las mujeres y que son malas porque las sienten las mujeres; pues ya que me pongo, puedo empezar por creerme que las mujeres también tienen grandes historias y, a partir de ahí, hacerlas.

Imagen en CC en Pixabay

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

De la basura a la biblioteca. Nueva vida para los libros en Turquía

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Operarios de limpieza de Estambul han creado una biblioteca con libros desechados
Foto: ADEM ALTAN

El reciclaje es una de las bases de nuestra lucha contra la contaminación, el cambio climático y la preservación de la biodiversidad. Es sencillo. Reutilizar materiales hace que consumamos menos recursos, haya menos residuos y se consuma menos energía en la producción. Pero hay objetos que más que reciclarse merece reutilizarse. Y el mejor ejemplo son los libros.

 

[Ver: The Literary Man o el paraíso del amante de los libros]

La basura de Estambul

Porque un libro puede ser leído una y otra vez. No necesita cambios, ni ajustes, ni batería. Solo se necesita a alguien con la pasión de descubrir lo que contiene. Y así una y otra vez.

Es lo que piensan los operarios de los servicios de limpieza de Estambul. Cada jornada, en su labor diaria, estos empleados recogen libros que la gente tira a la basura.

Libros que están en perfecto estado pero que, quién sabe las razones, ya no sirven a sus dueños.

La actitud lógica, o al menos la más normal, sería tirar esos libros a un vertederos. O como máximo, llevarlo para que se reciclara su papel. Pero los operarios de limpieza ha decidido hacer con ellos algo todavía más útil.

 

[Ver: Del papel al píxel, cómo se están digitalizando las bibliotecas públicas]

4.750 ejemplares

Todos los libros que recogen se llevan a una biblioteca que han creado con esos volúmenes desechados por sus dueños. Una librería que ya cuenta con 4.750 títulos. Además, llevando hasta las últimas consecuencias la intención de reutilizar, los empleados han establecido esta biblioteca en una antigua fábrica de ladrillos.

En principio la biblioteca estaba pensada para que los operarios y sus familias pudieran coger los libros. Pero según fue aumentando el volumen de ejemplares y la demanda, el préstamo se abrió a todo aquel que quisiera utilizarlo.

Los responsables de la iniciativa aseguran que esta peculiar biblioteca no para de crecer. Ahora mismo, más de 1.000 ejemplares esperan para ser catalogados y cada día llegan nuevos libros.

 

Diez libros prohibidos que posiblemente tengas en casa

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Ciudades que desaparecerán si sigue subiendo el nivel del mar

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Si subiera 4ºC la temperatura global, aumentaría casi 9 metros el nivel del mar en varias ciudades del mundo. Lo indica el mapa interactivo Surging Seas , que expone las consecuencias que tendría en todo el mundo un escenario así, que estaría provocado asociado al calentamiento global y las emisiones de carbono, que causaríam el deshielo de Groenlandia y la Antártida.

La infografía interactiva se ha realizado, con imágenes de Google Maps y Google Earth, por iniciativa de Sea Level and Climate Impacts en Climate Central, una organización sin ánimo de lucro. El usuario puede escoger la zona del globo que quiere visualizar y, una vez sobre ella, plantear hipótesis de subida de temperatura temperatura (siempre entre 0,5ºC y 4ºC). Establecido el parámetro, aparece información sobre los metros que subiría el agua de mares y océanos, engulliendo a su paso costas y ciudades. El mapa se puede localizar en esta web.

Según los datos de Climate Central, entre 470 y 760 millones de personas viven actualmente en los lugares que desaparecerían si la temperatura del mundo aumentara 4ºC.

Dos mil millones de refugiados climáticos

Asociado a este problema, está el de los refugiados climáticos, o personas que se tendrían que desplazar o migrar a otras zonas debido a este aumento del nivel del mar, así como por causas relacionadas con el aumento de la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos (como huracanes, inundaciones, sequias…).

En este sentido, la Universidad de Cornell ha advertido de que el aumento del nivel del mar podría provocar que dos mil millones de personas se conviertan en refugiados climáticos para finales de este siglo. Ya para 2060, afirman los investigadores, cerca de 1.400 millones de personas podrían verse obligados a dejar sus hogares por la crecida del mar o debido al efecto de un huracán.

 

 

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

El hotel que se aprovechó de una influencer

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Elle Darby, la influencer rechazada por un hotel de Dublín
Imagen: Elle Darby/YouTube

Tenemos que aprender a convivir con ellos. Vale, a veces pueden ser irritantes y es probable que no acabemos de entenderlos del todo. Pero estos chicos y chicas están ahí y muchos d ellos se ganan la vida más que holgadamente con sus vídeos, sus stories y sus fotos. En el fondo les envidiamos un poco.

Un hotel cuqui en Dublín

Aunque a veces se les vaya la cabeza y se crean más de lo que realmente son. Habrá que perdonarlos. Como a Elle Darby, la autoerigida influencer que hace unos días salto a la fama. A la de verdad, no a la virtual.

Darby tuvo la feliz idea de pasar unas vacaciones en Dublín. A quién puede afeársele elegir la ciudad de Joyce para hacer turismo. Lo que no fue tan normal es que Darby contactó con un establecimiento local. El que más cuqui le pareció en trypadvisor, seguro.

Se puso en contacto con The White Moose Café, que así se llama el lugar y le solicitó cinco noches de hotel gratis, a todo tren, a cambio de ponerles unas fotos en su cuenta de Instagram y un vídeo en su canal de YouTube. Pero ahí los responsables del hotel fueron todavía más listos y más sabios en el manejo de las nuevas herramientas.

Se puede imaginar la reunión de los responsables. Lo primero en lo que pensamos en sus perplejidad ante el ofrecimiento y su rechazo de plano. Es lo que ha transcendido en los medios.

El hotel influencer

Pero cabe otra interpretación. Los dueños del hotel recibieron el e-mail y evaluaron posibilidades. Si Darby de verdad era una influencer, podría beneficiarles con sus comentarios y contenidos y también podrían hacerles mucho daño si se negaban. Así que entraron en sus perfiles y vieron que Darby en realidad está bastante lejos de influenciar a nadie. 90.0000 suscriptores en YouTube puede parecer una gran cifra, pero si pensamos en los números de los influencers de verdad, Darby está en otra galaxia.

Así que pensaron que lo mejor que podrían hacer es aprovecharle de la pobre Darby y decirle que no con todo lujo de publicidad. En redes sociales, claro. Y luego prohibir la entrada a influencers y bloggers en general, como si estos llevaran un uniforme especial.

El caso es que el hotel ha conseguido su objetivo. Y Darby, no.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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