Un meteorito causa pánico en Detroit

En ciertas ocasiones ocurren cosas muy cerca de nosotros que nos ponen en nuestro lugar. No hace falta salir al espacio, algo que muy...

Los corales comen plástico porque les gusta el sabor

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Son muchos los animales acuáticos y aves que mueren asfixiados o por distintas obstrucciones de su aparato digestivo por el plástico que arrojamos al mar. Lo ingieren por error, al confundir su apariencia y sus colores con algo que les puede resultar comestible.

Pero un nuevo estudio de la Universidad de Duke publicado en la revista Marine Pollution Bulletin, sobre la ingestión de plástico de, en concreto, los corales, sugiere que, en su caso, puede existir una razón adicional para este comportamiento, ya que esta especie carece de ojos, y no podría darse ninguna atracción visual.

De acuerdo con el análisis de esta entidad, a los corales les gusta el plástico, les sabe bien.

“Los corales de nuestros experimentos comieron todo tipo de plásticos, pero prefirieron los microplásticos no degradados por una diferencia triple en comparación con los microplásticos cubiertos de bacterias“, indica Austin S. Allen, estudiante de doctorado en la Escuela de Medio Ambiente Nicholas de Duke. “Esto sugiere que el plástico en sí contiene algo que lo hace sabroso”, señala.

Preferencias en categorías de plásticos

Los científicos llevaron a cabo su estudio en dos partes utilizando corales recolectados en aguas de la costa de Carolina del Norte. En su primer experimento, ofrecieron pequeñas cantidades de ocho tipos diferentes de microplásticos a los corales para ver si los animales comían los trozos del tamaño de un bocado frente a otros objetos de tamaño similar que se les ofrecían, como arena limpia.

“Descubrimos que los corales comían todos los tipos de plástico que ofrecíamos y, en su mayoría, ignoraban la arena”, explican.

En el segundo experimento, colocaron grupos de coral en cámaras de alimentación separadas. A cada grupo se le ofreció la misma cantidad de “comida” (plásticos desgastados) durante un período de 30 minutos, pero algunos grupos solo obtuvieron partículas de microplásticos sin desmoldar, mientras que otros solo obtuvieron partículas de micropásticos desgastados con una biopelícula bacteriana. Este experimento verificó que los corales comerían ambos tipos de plástico, pero prefirieron el tipo limpio por un margen de tres a uno.

¿Crear un plástico inocuo?

Los investigadores centrarán ahora su estudio en detectar los aditivos concretos que hacen que el plástico sea tan sabroso para los corales, y para determinar si los mismos químicos actúan como estimulantes de alimentación para otras especies marinas.

“En última instancia, la esperanza es que si podemos fabricar plástico para que guste sin querer a estos animales, también podríamos fabricarlo para que tenga un sabor intencionalmente malo”, han señalado los investigadores.

 

 

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Cómo prepararse con éxito un examen

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Es increíble: da igual la cantidad de exámenes que hagamos, siempre pensaremos que podríamos habernos organizado mejor. Así es como nos encontramos la noche anterior al examen suplicando a nuestros compañeros que nos dejen echarle una ojeada a sus apuntes, a ver si así descubrimos una fórmula secreta que nos permita presentarnos al examen más tranquilamente.

Pues traigo una estupenda noticia. Mis más de 20 años de experiencia como empollona integral me han aportado unas cuantas estrategias de estudio. ¡Atención!

Organízate con tiempo.

Mi mejor truco es sentarme una semana antes y hacer una revisión rápida al temario entero. Sólo los títulos de los apartados o las palabras claves, para tener una idea general de lo que entra. Entonces, lo reparto por días, para asegurarme que cada punto del temario tendrá su momento. Normalmente, me aseguro de que el día anterior al examen ya no tenga que hacer ningún resumen o estudiar alguna cosa de cero, solo repasar y revisar. Así, el estrés se reduce significativamente y los conocimientos sedimentan mucho mejor.

No seas sobrio.

Las inteligencias son muy diferentes y es importante reconocer qué elementos nos facilitan la memorización. Por ejemplo, hay gente muy visual, lo que lleva que a través de colores y esquemas sea más sencillo el aprendizaje. Por lo tanto, lo peor que podemos hacer es ser vagos. No porque así sea más rápido, hay que ser más sobrio. Más vale dedicarle un poco más de tiempo a nuestros estudios perfilando la mejor manera de aprender: visual, auditivo, repetición…

Busca lo esencial

Siempre, siempre, quédate con lo esencial. Puede parecer que lo que tienes en frente es demasiado, pero la verdad es que todo está articulado entorno a una palabra clave. Identifica la palabra clave de cada frase. Reduce contenido hasta quedarte con lo esencial y, a partir de ahí, reconstruye los detalles. Si tienes claros los conceptos más básicos, podrás evolucionar tu discurso a algo más complejo. Y me temo que este consejo se ajusta a todos los aspectos de la vida.

Duerme, come: cuídate

Puede parecer que no tiene ninguna relación con estudiar, pero lo cierto es que lo peor que puedes hacer antes de un examen es machacar el cuerpo con estrés. Estrujándote el cerebro consumes más energía de lo que parece, así que es importante comer regularmente. Y, por lo que más quieras, DUERME. No es un bulo científico que la fase REM es esencial para asentar los conocimientos. Descansar es la base para una buena concentración, por lo tanto, para el éxito con los exámenes.

 

Todos pasamos por el aro, tarde o temprano. No te desanimes. Tampoco te olvides de lo mejor: si lo haces bien, te mereces una autorecompensa… y para ello se puede ser generoso.

 

Imagen de Michal Jormouk en Pixabay en CC.

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

El amor a primera vista no existe

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Un estudio afirma que el amor a primera vista no existe
Foto: Teeejayy

Algunas cosas están sobrevaloradas. Como las series, Dire Straits o las primeras copas de Europa del Real Madrid. Pero si hay algo que quizá nos estemos pasando en darle importancia es al amor. Bueno, para ser más concretos, el amor a primera vista.

Lo consideramos como el amor más auténtico. Ese que nace sin condicionantes ni prejuicios. Pues bien, ese amor no existe.

Tinder científico

Ahora vienen los científicos a certificarlo. En concreto investigadores de la universidad holandesa de Groningen. Hasta la fecha los intentos por describir y definir este tipo de amor se referían a elementos más o menos científicos como la pasión o las hormonas. Pues bien, todo filfa pura.

Y lo más curioso es que según sus conclusiones, una vez más, confundimos amor con sexo.

Eso que pensamos que es un flechazo es en realidad atracción física. No nos enamoramos, si no que la otra persona nos pone como una moto.

Para llegar a estas conclusiones eligieron a 360 personas con pareja. El 60 por ciento de ellas eran mujeres. Primero les preguntaron sobre sus relaciones. Y luego les mostraron fotos de otros individuos y les preguntaron qué les parecían. Vamos, una especie de Tinder diseñado con un buen fin.

Amor vs Sexo

Después se realizaron más estudios en este caso a través de cita rápidas. No cabe duda de que los científicos habían decidido pasar un buen rato con su investigación. Y al acabar las rondas más preguntas.

Pues bien, en el primer caso, varios participantes aseguraron haberse enamorado de las personas que veían en las fotos. En el segundo, nadie afirmó haber sentido lo mismo por la gente que habían conocido en las citas rápidas.

Con estas conclusiones, los estudiosos han determinado que el amor a primera vista no tiene nada de diferente de la pasión a primera vista. Y que son nuestras experiencias propias las que nos hacen pensar que es amor. La memoria que nos juega una mala pasada. O una vez más, por qué lo llamamos amor cuando queremos decir sexo.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Precio del Roscón de Reyes en origen y en la tienda

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Si quieres que te explote la cabeza y quieres dejar de parecer un pringao, atento al desglose de un roscón de reyes.

Pastelería San Onofre. 35€ el kilo

Una de las mejores pastelerías de Madrid ofrece sus roscones a un precio de unos 35€ el kilo.

Si comparamos este precio con lo que cuesta hacerlo en casa solo en términos de materia prima, tampoco estamos tan lejos. Está claro que una pastelería como San Onofre que puede hacer miles de roscones en los días de reyes, el precio de las materias primas se reduce sustancialmente, pero como se indica en el precio del roscón hecho en casa no se incluye la mano de obra ni la materia prima.

Precio de roscón de reyes elaborado en panadería

El precio de un roscón elaborado en panadería con nata y la fruta escarchada sale a algo menos de 5€ y se suelen vender por unos 12-15€.

Coste de la materia prima de un roscón de reyes de unos 500 gramos hecho en casa: 8,15€

No se incluyen el coste de la mano de obra, electricidad, etc… pero si el coste de la materia prima de primera calidad.

Harina: 2€ el kilo. Usamos 430 gramos. 0,88 euros.

Huevos de granja ecológica: 3 euros la docena. 3 unidades. 0,74€

Fruta escarchada: 15€ el kilo. 200 gramos. 3 euros.

En total, con todos los elementos que tiene un roscón de reyes, el coste total es de unos 8 euros el kilo comprando la materia prima a precio de minorista y de máxima calidad.

Las mejores pastelerías ya no aceptan encargos o no tienen tienda online o directamente no tienen página web 🙂

POMME SUCRE. Barquillo, 49. Madrid; Libertad, 26. Gijón (Asturias). Esta pastelería no tiene ni página web. 🙂

EL POZO. Calle del Pozo, 8. Madrid. Lo mismo. Sin página web.

MOULIN CHOCOLAT. Alcalá, 77. Madrid. Esta tienda ya no acepta encargos.

HORNO DE SAN ONOFRE. San Onofre, 3. Madrid.

LA DUQUESITA. Fernando VI, 2. Madrid.

ISABEL MAESTRE. Pedro Muguruza, 7. Madrid.

LA MIGUIÑA BY CLARA VILLALÓN. Teruel, 26. Madrid.

LA MARINA. Alberto Aguilera, 14. Madrid.

EL HORNO DE BABETTE. Joaquín Lorenzo, 4; Ayala, 79; Mercado de Vallehermoso, y Ramón de Santillán, 15. Madrid. Roscón de Reyes tradicional de 1/2 kg: 19€. Con pepitas de chocolate 19,90€.

 

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

Frankenstein cumple 200 años

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Este 1 de enero de 2018, en pleno auge de las novelas y las series de fantasía y terror, se cumplen doscientos años de la primera novela de ficción científica: Frankenstein o el moderno Prometeo.

Es oír el nombre de Frankenstein, y nos viene a la cabeza esa figura enorme de piel verdosa, movimientos autómatas y cráneo desproporcionado que nos ha apuntalado el cine en la memoria. La que atormentaba a Ana Torrent en El espíritu de la colmena (1973), la que aparecía en El Doctor Frankenstein (1931). Entre adaptaciones fieles y libérrimas de la historia a la gran pantalla, podríamos destacar las cinco de Terence Fisher para la Hammer, sobre todo El cerebro de Frankenstein (1969), aunque la más icónica es aquella de Boris Karloff para la Universal en 1931.

Rebelión romántica

No obstante, sería injusto con este hijo de su padre -“Frankenstein fue tu padre. Tu madre, el relámpago”, le espetaba al monstruo Bela Lugosi- que lo redujéramos a su faceta aterrorizadora, aun siendo dominante en los títulos del séptimo arte más alejados de la novela. Él no era malo, encarnaba, en cierta manera, el “buen salvaje” del que poco antes había hablado Rosseau.

El trasfondo del libro es muy profundo, Frankenstein tiene su origen en las tensiones entre ciencia y sociedad que se libraban en el siglo XIX.

Y es que el Romanticismo fue también un movimiento científico en el que la ciencia podía ser salvadora o condenatoria, un poco como ahora. La obra tiene su origen en las inquietudes sobre la creación de vida humana que compartía su autora, Mary Shelley, con su padre, William Godwin, filósofo ideólogo de ciertos puntos del anarquismo. Godwin ya había escrito un libro fantaseando con la, para él, misteriosa y mágica chispa generadora de vida, así como Frankenstein hace lo propio partiendo de las nociones de ciencia de Shelley, muy interesada en los avances en este terreno, en particular en los relacionados con la electricidad. Una pasión que compartía tanto con su marido, el poeta y ensayista Percy Bysshe Shelley, como con su amigo Lord Byron, súper estrella del momento, la compañera de éste y medio hermana de la escritora, Claire Clairmont, y el médico y escritor inglés John William Polidori.

El año sin verano

Todo esta pandilla se marchó a pasar unas semanas a la Villa Diodati (Génova), en un raro verano de 1816. Raro por el clima, tan intempestivo que ni se merecería la consideración de estival. Por los movimientos del volcán Tambora de Indonesia, nevó hasta mitad de junio y se sufrieron heladas que echaron a perder cultivos de Europa y Norteamérica, produciendo una tremenda hambruna intercontinental. Los amigos se refugiaban de las tormentas en largas tertulias, entretenidos con las historias de fantasmas de la entonces crepuscular literatura gótica, y pegando la hebra sobre la narrativa fantástica o el galvinismo.

Por fin, una noche, Byron tuvo la feliz ocurrencia: ¿por qué no hacer un concurso de relatos entre todos, a ver quién creaba la historia más aterradora?

También Polidori podía participar, aunque Byron tenía el hábito de reírse de sus escritos. Tanto el autor de Don Juan como Percy Shelley se olvidaron rápido del tema, tenían creaciones más importantes entre manos. Pero Polidori se tomó en serio el desafío, y sorprendió a propios y extraños con una historia, The Vampire, que contenía el que iba a convertirse en prototipo del vampiro romántico, y por extensión del actual.

La pesadilla de una noche de verano

A Mary tardó días en llegarle la idea de Frankenstein. Tanto se obsesionó con el reto -Byron la intimidaba un poco- y tanto le daba vueltas a si la electricidad podía o no generar vida, que la idea le vino en sueños.

En la duermevela entrevió al que sería su protagonista, Victor Frankenstein, al que puso a estudiar, en la ficción, en el Calvin College, un antiguo convento franciscano aún hoy operativo como colegio.

Victor, también afanado en encontrar el elixir de la existencia, recolecta huesos, dedos y demás miembros humanos para intentar darles vida. John Sutherland ha indicado en su libro How does Victor Frankestein make his monster? que, aunque en el texto no quede claro al 100%, el científico se la insufla en una “fálica sacudida” de electricidad.

La electricidad era un fenómeno aún bastante desconocido en sus fundamentos, aunque bien conocido por sus efectos.

Faraday no describió la inducción electromagnética, lo que daría origen a la Ley de Faraday, la base del control de la electricidad, hasta 1832, catorce años después de la edición de libro.

Además, faltaban 41 años para que Darwin publicara, entre polémicas y caricaturas, El origen de las especies. Cuando Shelley escribió su libro se consideraba posible que la electricidad estuviera en el origen de la vida, y se empezaba a especular, entre otros por Erasmus Darwin, el abuelo de Charles, con algún tipo de transformismo o evolución.

Ilustración de Henry Robinson en 1836 (Librería del Congreso).

Inadaptación social

Como es sabido, Victor crea un hombre artificial de aspecto tan horroroso que lo acaba repudiando, así que el monstruo escapa del laboratorio para vengarse. Señala David J. Skall en su libro Screams of reason que Frankenstein –no está claro de dónde sacó Shelley el título, se baraja que pudo ser del castillo homónimo, aún hoy en pie en Alemania, o de Benjamin Franklin- es un cóctel de los arquetipos de Dios, Adán tras su expulsión del paraíso y Satán, constituyendo así una reflexión moral sobre la paternidad, o más bien sobre la responsabilidad que tenemos sobre lo que creamos. Lo que sale mal, no es la ciencia en sí sino su aceptación.

Es decir, el problema no está en la criatura sino en su apariencia. Lo que horroriza a Victor Frankenstein no es que su criatura fuera mala o violenta o peligrosa sino que era monstruosa por fuera.

Laten también en el texto las ideas progresistas que exhibía Mary Shelley. Feminista hija de feminista –de Mary Wollstonecraft, autora de A vindication of the Rights of the women-, Joyce Carol Oates ha detectado en el rechazo al monstruo un ahogado grito de dolor por el castigo social que la autora sufrió por su relación con Percy, a quien conoció siendo ella adolescente y él casado, lo que le generó críticas en la sociedad victoriana siempre encantada de escandalizarse.

Un texto anónimo

Tanto John Murray, editor de Byron, como Charles Ollier, editor de Percy Shelley, rechazaron publicar Frankenstein. Lo acabó lanzando, el 1 de enero de 1818, una editorial de novela popular y edición barata (léase mala), y el miedo de los editores al rechazo del público de un nombre femenino hizo que la primera edición se firmase como anónima. Aunque tuvo cuantiosos adeptos, la prensa de derechas tildó de absurda la historia, que, al ir dedicada a William Godwin, se atribuyó a Percy Shelley. Solo en 1823, en la segunda tirada del libro, Mary pudo firmar su historia. La había pergeñado con 19 años.

Quizá, como señala David J. Skal, Shelley se inspiró en algo en los mitos de Prometeo, Dédalo e Ícaro, Pigmalion, el Golem judío o Fausto, pero Frankenstein, este  libro hipnótico por su múltiples lecturas, cambió la literatura para siempre.

El género, hoy

Con Frankenstein nacía la ficción científica, cuya estela seguirían Stevenson y las historias de Mad Doctors, y hasta lo evocaríamos con la clonación de Dolly. Neil Gaiman, Stephen King, Max Brooks, Mark Z. Danielewski y hasta Chuck Palahniuk pueden considerarse algunos exitosos autores de la novela fantástica y de terror actual, ahora que los avances científicos y precisiones tipo CSI hacen al lector menos flexible a eso que en la teoría literaria se llama la suspensión de la incredulidad.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

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