Desastre medioambiental en China

El petróleo, los combustibles fósiles en general, son un desastre. Puede que sean responsables del desarrollo tecnológico e industrial de los dos últimos siglos....

Una isla artificial abastecerá de energía limpia a 80 millones de personas

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Isla artificial para abastecer de energía limpia a 80 millones de personas
Foto: TenneT

A grandes males, grandes remedios, reza el refrán castellano. Y no cabe duda de que el cambio climático, el modelo energético y la demanda de energía en el mundo supone el mayor reto al que se ha enfrentado la Humanidad desde hace más de medios siglo. Así que lo de construir una isla para remediar un poco la situación no parece una locura.

North Sea Wind Power Hub

Alemania, Dinamarca y Noruega se han unido en este ambicioso proyecto. Se trata de crear una isla artificial en el mar del Norte. North Sea Wind Power Hub se llamará la infraestructura a falta de que alguien más romántico y con mayor creatividad le ponga un nombre lírico.

La idea es crear un centro desde el que se procese, almacene y distribuya la energía generada por cientos de enormes molinos eólicos ubicados en las inmediaciones de la isla. También contará con plantas fotovoltaicas en la superficie del complejo, para maximizar la producción de energía. Una energía que será capaz de abastecer a más de 80 millones de personas cuando todo esté finalizado. Al menos eso aseguran sus responsables. Por supuesto, también contará con un puerto y un helipuerto que garantice un fácil acceso para los operarios que serán necesarios para su mantenimiento.

Energía para 6 países

El proyecto, que cuenta con el apoyo de la Unión Europea, busca generar energía limpia para habitantes de Gran Bretaña, Noruega, Holanda, Alemania, Bélgica y Dinamarca. Para eso, la isla estará conectada con estas naciones a través de cables subacuáticos. Se trata de un paso muy importante para decantar la balanza del consumo energético en estos países hacia las fuentes renovables y limpias.

Sin duda se trata de una obra enorme. El tipo de proyecto que parece inverosímil pero que da una idea del desarrollo de la ingeniería en la línea de reducir el impacto de las emisiones de combustibles fósiles en la atmósfera.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Barcelona, te quiero

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Llevo horas pensando en qué escribir, en si debería escribir si quiera. En cómo dejar claro mi dolor aunque ni siquiera soy capaz de comprenderlo. En cómo denunciar todo lo que está ocurriendo, ¿pero a quién? Ya no nos sirve gritar al cielo que la vida es injusta y que las otras personas son malas porque no son como nosotros. Tenemos las herramientas para comprender e informamos y aún así nos revolcamos en la ignorancia alimentada en retweets desinformados y caemos bajo, respondiendo a la violencia ciega con más violencia ciega.

17 de agosto de 2017

Esa tarde estaba revisando Twitter, donde sigo al diario La Vanguardia, cuando leí prácticamente al segundo de que lo hubieran publicado que una furgoneta había empezado a arrollar gente en Las Ramblas de Barcelona. ¿Un atentado? No se sabía. Hoy los atentados, para una sociedad que vivió el 11-M, se han vuelto acciones violentas heterogéneas que ya no se pueden clasificar a simple ojo. Simplemente se reconocía el mismo terror. Estaba ocurriendo en esas Ramblas tan mías y de mis seres queridos. Allí donde me había parado a robarle un beso una vez a un chico, por donde había pateado durante semanas después de salir a bailar o para ir a la Filmoteca de Catalunya, cerca, en el Raval. Las Ramblas, donde me paraba a mirar flores, buscando siempre gerberas y a descubrir qué reductos no turísticos quedaban.

Esas Ramblas. Las Ramblas de Barcelona. Mis Ramblas.

Por un momento, se me cortó la respiración pensando que podría haber sido yo, pues no sería nada extraño que estuviera paseándome por ellas una tarde a las cinco. Y así como podría haber sido yo, podría haber sido cualquiera de las personas a las que quería. Un frenesí de nombres saltó en mi cabeza (Carlota, Judit, Saúl, Susana, Ferran…) y el miedo a que la vida fuera así de caprichosa, tan plagada de casualidades y tan repleta de tragedias.

Mientras manda mensajes uno a uno, seguía leyendo qué publicaba La Vanguardia y los Mossos. Nombres de calles y locales que reconocía al instante. Si cerraba los ojos, hacerse un mapa mental era sencillo. Tenía el terror en casa. Llegaba heridos y muertos a los medios de comunicación en forma de números impersonales y testimonios en las redes sociales sobre pánico y morbo, tratados pésimamente. Cerraba los ojos y me resultaba muy sencillo imaginarme qué había quedado de esa angustia: Las Ramblas desérticas y en caos. El miedo había llegado a la ciudad que en su día me acogió para que, precisamente, dejara de tener miedo. Y ahí se me rompió el corazón.

Los atentados de los dos últimos años, desde Charlie Hebdo, se habían ido desarrollando en dimensiones que no conocía. Empatizaba y era plenamente consciente de su gravedad pero, no obstante, era problemas intangibles que no podía llegar a comprender en materia de dolor. Siempre me decía que Barcelona debía ser la siguiente, como una corazonada perversa que dices en voz alta para que no se repita. Y ayer lo fue, ayer nos dieron bien en el centro. Una ciudad abierta y acogedora, ahora cosiéndose las heridas de un ataque injustificable.

Después de lo ocurrido, debemos seguir amando a la Ciudad Condal. Desde el respeto por la víctimas, seguir adelante. Caminar otra vez por Las Ramblas, volver a robar un beso, mirar flores mientras se espera a la hora de la película en la Filmoteca. No echar la vista atrás salvo para aprender.

Y no olvidar que Barcelona es multiculturidad. En Barcelona convivimos toda clase de mileches que por un motivo u otro hemos ido a parar ahí. Al lado de la Rambla, os recuerdo, se encuentra el Raval, el punto urbano con más culturas y nacionalidades distintas de Barcelona. Y ninguna de esas culturas que tanto enriquecen la ciudad, que le dan vida al Raval, que nos reciben y nos explican cómo son cuando queremos escuchar, ninguna de esas culturas es culpable de lo ocurrido ayer en Barcelona. Barcelona abraza y Barcelona enseña que, sin importar de dónde seamos, tenemos un sitio en esa ciudad. Que no paguen justos por pecadores.

 

Imagen de Kirk Fisher en CC de Pixabay

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

¿Cómo es Barcelona?

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Barcelona
Foto: Nikitina Ludmila

Barcelona es una ciudad grande. Una ciudad que ha nacido para ser algo más que una ciudad. Un lugar que lleva cientos de años inspirando a pintores, a arquitectos a escultores, a músicos. A cada ciudadano. Y cada persona que la visita.

Barcelona y sus rincones

Barcelona es una ciudad en el que la gente siempre tiene algo que hacer. Una ciudad en el que todo el mundo se mueve de un lado para otro. Pero lo hace en coche, en bici, en patinete. De cualquier manera, siempre en movimiento.

Barcelona es una ciudad en la que nadie es extranjero. Una ciudad que, aunque a alguien le pese, acoge a millones de personas. Un lugar que ha cedido algunos espacios a los turistas. Porque aún conserva rincones a los que solo los conocedores saben llegar.

Barcelona es una ciudad que se redescubrió a sí misma gracias a unos Juegos Olímpicos. Que de pronto se dio cuenta de que daba al mar. Y se volcó. En los Juegos y en el mar.

Barcelona es una ciudad de gente seria y formal que sabe cuando ser divertida y alocada. En Barcelona vas a encontrar lo último en moda, en música, en arte, en cualquier tendencia que puedas imaginar. Para Barcelona mañana es hoy. Porque mira al futuro a través de sus gafas de pasta.

Barcelona no cederá

Barcelona es una ciudad que no se va a doblegar. Que no va dejar de sonreír a los visitantes. Que no va a renegar de sus barrios multiétnicos. Que no va a ceder a ningún chantaje porque ya los ha vivido.

Barcelona es una ciudad que vivirá su duelo. Que lamentará sus muertos y su mala suerte. Y dentro de unos días, volverá a mirar a ese Sol que se alza en el mar. Y seguirá siendo el espacio de convivencia y modernidad que siempre ha sido. Sin dar un paso atrás. Sin ceder ni un centímetro. Como cada día.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

ADN contra el racismo

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Supremacista haciendo el saludo nazi
Foto: Evan Nesterak

Si es que son, entre otras cosas, idiotas. Los últimos acontecimientos han vuelto a poner el foco sobre los nazis, supremacistas blancos, racistas o segregacionistas, como quieras llamarlos, aunque Donald Trump no encuentre las palabras. Individuos que ponen el foco en la ciencia para diferenciar razas y la suya, claro, siempre estará por encima.

La ciencia ha hablado

Partir de la ciencia para establecer diferencias entre humanos ya es controvertido. Establecer superioridades o inferioridades a partir de esos resultados, más absurdo aún. Pero sobre todo, lo que es falso.

Más que nada porque a estas alturas de la globalización, después de más de 500 años de viajes de inmigrantes de aquí para allá, pretender que alguien es étnicamente puro es una entelequia.

Y si no que se lo pregunten a Craig Cobb, uno de los más famosos supremacistas blancos de Estados Unidos. Después de una vida dedicada a propagar el odio a otras razas, eminentemente contra la raza negra, resulta que él mismo tiene ancestros de esa etnia. Como quedó en entre dicho hace unos años en un programa de televisión. Se prestó a realizarse un análisis de ADN. Este análisis determinó que Cobb tenía nada menos que un 14% de ADN correspondiente a individuos del África sub-sahariana.

La conspiración de siempre

A partir de este hecho, muchos otros racistas blancos se realizaron análisis de ADN. Y sus resultados fueron muy similares. Más de dos tercios de los racistas que se hicieron los análisis obtuvieron como resultado ancestros africanos, asiáticos o judíos. Pero como cabe esperar de mentes cerradas, no aceptan lo que la ciencia dice, cuando la ciencia no coincide con sus delirios.

En el foro de Internet Stormfront, en el que se discuten esos resultados las reacciones son variadas. Están los que directamente niegan su validez. Los que aseguran que ellos conocen perfectamente sus ancestros y que la ciencia no va a saber más que ellos, claro. Y luego están los que no pueden faltar. Los que ven en estos análisis una conspiración mundial orquestada por los judíos para desestabilizar todo el movimientos. Como si hiciera falta una conspiración a escala planetaria para dejar sus argumentos en ridículo.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Cinco ejemplos de que nos hemos vuelto locos con el turismo

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Turismofobia
(DP) Pixabay

El turismo es un gran invento. Viajar es la mejor forma de conocer otras culturas, convivir con gente diferente y hasta entender las lecciones de ciencias naturales que aprendimos en el colegio. Se puede viajar por trabajo y enriquecernos profesionalmente o se puede tener la suerte de viajar por vacaciones y vivir experiencias que otros sólo conocerán por televisión o internet. ¿Qué podía salir mal?

Antes de hablar de turismofobia mira a tu alrededor

Turista somos todos y cada uno de nosotros cuando visitamos otra ciudad o paisaje buscando lo que otros nos han contado de una u otra forma que es digno de ver allí. Esa postal o el lugar que salía en una película. Eso siempre ha pasado y los lugares más famosos siempre tuvieron más gente al llegar que en la foto de la guía de viajes y había que esperar colas para subor a la Torre Eiffel o entrar en los Museos Vaticanos y ver la Capilla Sixtina. Pero ahora se ha desmandado. Literalmente nos hemos vuelto locos.

Internet tiene la culpa, pero internet somos todos

O si prefieres, llámalo razón. Aunque los cinco ejemplos que te vamos a contar poco tienen de razonable. Cuando hablamos de internet como causa de la locura turística nos referimos a dos fenómenos.

Por un lado la economía colaborativa que ha abaratado aún más las posibilidades de viajar. AirBnB o BlaBlaCar, por ejemplo, han multiplicado por miles las plazas hoteleras y el transporte por carretera poniendo a disposición de cualquiera lo que antes sólo los más atrevidos “mochileros” eran capaces de hacer: dormir en casas particulares o hacer autostop. Ambas cosas, que son positivas en su origen, han desbordado las posibilidades de absorción de las ciudades turísticas que no cuentan con infraestructuras y servicios para tanta gente en aluvión.

Por otro lado, esas redes sociales de las que tanto hablamos por aquí y que crean el fenómeno de querer ir donde han estado nuestros amigos, y salir en la foto. Esos selfies que tan a menudo se nos van de las manos.¿Y antes qué hacíamos? Pues hubo un tiempo que los más jóvenes no recordarán en el que las cámaras tenían carretes analógicos que costaban dinero por cada foto (carrete y revelado posterior) por lo que hacíamos menos. Tampoco todo el mundo tenía una cámara en su bolsillo, en el móvil, como ahora. Y lo más curioso, si querías una foto delante de un monumento le pedías a otro turista que te la hiciera. Hasta éramos más sociales. Ahora con un palo selfie, lo apañamos sin hablar con el de al lado.

¿Esto es lo que tú llamarías descansar en vacaciones?

Pero aunque haya gustos para todos los colores, el tema de la turismofobia y la gentrificación que acarrea es algo que todos deberíamos hacernos mirar. El origen de las vacaciones de turism era buscar lugares en los que relajarse en cuerpo y mente. Un relax que podía ser activo, sin necesidad de tumbarse en una hamaca, pero donde el reloj no hiciera falta y a ser posible, alimentáramos nuestra mente con ideas, sabores, olores o sonidos diferentes. ¿Qué ha quedado de eso?

Aunque las posibilidades de ir a cualquier lugar, por apartado y desconocido que sea, son las mismas, millones de turistas preferimos ir al mismo sitio, a la vez, a empujarnos, hacer colas ridículas, comer lo mismo que en nuestra ciudad en una franquicia y con frecuencia estresarnos más.

Es decir, que nos hemos vuelto locos, y como dijimos al principio aquí tienes cinco lamentables ejemplos.

1. Quitarle el sitio a las tortugas en Costa Rica

Costa Rica es un país conocido por su ecoturismo. Un inmenso parque natural como principal y único recurso turístico que atrae a personas de todo el mundo buscando la naturaleza salvaje. Aunque al final los salvajes seamos nosotros. Una vez al año, las tortugas marinas acuden a sus playas a desovar para perpetuar la especie. En 2015, la avalancha de turistas fue tal que éstas tuvieron que darse la vuelta sin poder cumplir con su ciclo vital. Ya no es solo que si te gusta de verdad la naturaleza esto tiene que dolerte, es que como turista no creemos que se pueda disfrutar de semejante espectáculo. Y las fotos, nada que ver con lo que recuerdas del National Geographic ¿verdad?

Foto: Facebook SITRAMINAE

2. Hacerse una foto con un bebé delfín hasta matarlo

Estás en una playa normal del Mediterráneo y aparece una cría de delfín varada en la arena ¿Qué haces? Podrías ayudarla a volver al mar. Avisar a los socorristas o policía para que avisen a quien corresponda y la salve, o por qué no aprovechar para hacerte una foto con él y subirla a Facebook e Instagram. Lo malo es cuando eso lo quieren hacer los miles de turistas que hay en ese momento. Que pasa lo que pasa, y al final la cría muere. ¿Bonito recuerdo, no?

Foto: Facebook EQUINAC

 

3. Corre, corre, que te quedas sin sitio

Esta vez las imágenes de safari las captó otra turista desde la ventana de su hotel. Ese lugar al que la gente va a descansar unos días en verano. Aunque si por descansar entendemos estar como en una granja de gallinas amontonados en una piscina y encima tener que correr cuando la abren para poder conseguir sitio, significa que nos hemos vuelto locos de remate. Posiblemente muchos de esos veraneantes hayan sido engañados por deslumbrantes fotos en un catálogo de agencia de viajes y no imaginaban esa masificación, que a muchos parece atraer. Pero, seamos sinceros, con todas las playas, montañas y lugares bonitos que hay por visitar… ¿qué esperas si vas a algunos sitios?

 

 

4. Esperar horas para hacerse una foto nada original

Bueno, pues ya has llegado a ese sitio que tantas veces has visto en Instagram y tú también quieres tu foto. Y la quieres perfecta, sin gente al rededor como con las tortugas. No hay problema, como todos quieren lo mismo, se hace cola y a esperar. Pero… vas a perder horas de tus vacaciones por hacerte una foto, ¿que además es un fake? Estos cientos de personas, lo han hecho, y no han sido los únicos.

 

Y todavía los hay peores, los que se matan de verdad por hacerse un selfie. La BBC te cuenta los casos más locos.

5. Pelearse por subir a un autobús.

Decíamos que irse de vacaciones era para buscar el descanso y el relax. Pero a algunos no les funciona muy bien eso, o la cabeza, y ni siquiera en un supuesto paraíso como Ibiza son capaces de vivir y dejar vivir. Desconocemos la razón —no hay razón para una pelea callejera—de esta trifulca, quién empezó y por qué. Sólo sabemos que esto no es lo que nos gusta hacer en nuestras vacaciones, ni en el día a día.

 

Turismofobia ¿eres tú?

Este año el tema de moda, la serpiente del verano, es la turismofobia. Nosotros creemos que el turismo es un gran invento, que es un derecho de las personas que se gana con su trabajo durante el año. Que es una fuente de riqueza y una industria para muchos lugares, algunos de los cuales no tienen otras opciones. Pero también creemos que la responsabilidad no es exclusiva de las autoridades. Tú cuando viajas puedes ser una bendición para el lugar de destino o su perdición. Pero sobre todo, para ti mismo.

Es hora de pensar en un turismo sostenible que sirva para el intercambio cultural, la distribución de la riqueza y respete el medio ambiente.

Mientras las autoridades no lo hagan, hazlo tú cuando elijas tu próximo destino.

José Carlos León

Contando historias desde que recuerdo. Creo en la comunicación como agente de cambio y en que hablando se entiende la gente.

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