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Trump quiere volver a la Luna para quedarse

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Llegada del hombre a la Luna
Foto: NASA

Quién sabe por qué lo hace. Quién sabe cuáles pueden ser las motivaciones de la mente inquieta de Donald Trump. Puede ser para tapar sus múltiples problemas. Puede ser una cortina de humo ante el inicio de las investigaciones de la trama rusa. O en realidad puede ser un nuevo paso en su camino para hacer América grande otra vez. El caso es que Trump ha ordenado a la NASA que se ponga rumbo a la Luna.

Una base camino de Marte

El presidente norteamericano parece presa de la mitología de su país. Y ningún hecho ha sido más relevante en el último siglo que el momento en el que Neil Armstrong plantó la bandera del país en el suelo selenita.

Los científicos de la NASA parecían tranquilos con sus observaciones, sus ilustraciones y sus asunciones sobre mundos lejanos. Ahora se van a tener que poner manos a la obra para volver de nuevo a nuestro satélite. Pero claro, no valdrá con volver a pisar el suelo lunar.

“Esta vez no dejaremos una bandera y la huella de nuestras botas. Esta vez estableceremos una base para un futura viaje a Marte y quizá, algún día, a mundo más lejanos”, ha declarado Trump. Y se ha quedado tan ancho.

O una base militar

Es presumible la cara de estupefacción que se les habrá quedado a los ingenieros de la NASA. Seguramente ninguno se atrevió a decirle que eso era una locura. Otra más, queremos decir.

Más probable es que en el delirio oculten una motivación más poderosa, conociendo la administración: el posible uso militar que podría tener una base lunar. Así lo admitió Mike Pence, el vicepresidente, al asegurar que “la presencia en la Luna servirá para garantizar nuestra seguridad nacional y la capacidad para proteger a nuestros ciudadanos”. Otro que no se queda corto en las frases grandilocuentes pero huecas.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

¿Por qué es importante el coleccionismo de Arte?

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No hace tanto que en España se recogieron en una exposición bastantes de las obras que había adquirido en vida Duncan Phillips, no solo para deleite propio, sino obrando también una función social, la del coleccionismo. Éste termina el ciclo de la creación artística y le da sentido. Por parte de las instituciones, para ejercer de tutela, árbitro y de modelo social. Pero es muy importante el hábito del coleccionismo privado pues hace responsable al ciudadano de la elección y construcción de su criterio, que no delega irresponsablemente en sus administradores culturales.

En España, el coleccionismo de arte escasea, y para colmo, solemos quedarnos con sus clichés: o bien simplificamos su actividad como aquella por la que se adquieren excentricidades a precios desorbitados -recordemos la que se montó cuando se pagaron 20.000 euros por una obra de Wilfredo Prieto consistente en medio vaso de agua-, o la percibimos solo como un refugio para la inversión y especulación de peces gordos del IBEX 35, a los que, a menudo, el arte se la trae al pairo. Eso, por no hablar de cuando generalizamos excepciones como el caso Malaya, el Bárcenas o la Operación Emperador, considerando el arte del coleccionismo una lavadora de dinero.

El caso Duncan

Pero lo cierto es que en la fauna del coleccionismo hay gran variedad de especies: inversionistas, galeristas, ansiosos por mostrar sus tesoros, celosos de ellos, carteras abultadas, carteras más modestas… Volvamos con Duncan Phillips. Comenzó a atesorar obras de arte siendo universitario, pero ya cumplía el abecé del auténtico coleccionista que dejó escrito el Conde Giuseppe Panza: tenía un gran conocimiento de la Historia del Arte -fue crítico desde muy joven-, criterio personal -adquiría con el foco puesto en la pintura moderna-, y recursos económicos -procedía de una familia de Pittsburgh de banqueros y empresarios del acero que, por cierto, ya solía llenar la casa de cuadros-.

Pero el resorte que lo llevó a decidirse a abrir un museo al público y apostar, a base de compras y una suerte de becas, por artistas iconoclastas como Pierre Bonnard, fue una deuda de sangre, un homenaje familiar que emprendió con su madre y continuó con Marjorie, su mujer y artista, hacia su padre y su hermano mayor, James, a quien siempre estuvo muy unido.

Ambos estudiaron juntos en Yale y, tras algunos años de trabajos en revistas y en la tesorería del Partido Republicano, la familia decidió ponerlos a sueldo para que dotaran a la estirpe de una buena colección de arte. Pero la labor se vio interrumpida primero por la Primera Guerra Mundial, en la que ninguno de los dos hermanos fue admitido para combatir -un duro golpe a su férreo patriotismo-, y, sobre todo, por la muerte del padre de ambos y la del propio James, recién casado y afectado de la llamada gripe española.

La era del coleccionismo estadounidense

En honor a ambos, Duncan abrió la Galería Memorial Phillips, desde la que vio crecer no solo su propio patrimonio pictórico sino también una gran era para coleccionismo del arte contemporáneo en Estados Unidos. Este recibió un primer espaldarazo en 1913, con la exposición Armony Show de Nueva York, para alcanzar un momento álgido tras la Gran Depresión, con la inauguración del MOMA y la llegada al país, por motivos políticos, de múltiples artistas europeos que contactaban con expertos como Duncan o Peggy Guggenheim, sobre cuya vida acaba de publicar una biografía la editorial Turner, y sobre todo en los años sesenta, momento en el que el país destronó a París como la capital del arte en el mundo, gracias a la aparición del Pop Art y la labor de compra de arte de los magnates de la industria americana. En Europa, entretanto, Ludwig, Thyssen o el Conde Panza ponían en el mapa las primeras colecciones del viejo continente. Pero España era una excepción. final del siglo XX”.

España, a la cola

Y eso que en la década de los 40 abrieron algunas galerías en Madrid, Barcelona y Bilbao. Pero, desde el ámbito público, la dictadura de Franco no le prestaba atención a la cultura, y hubo que esperar a los años ochenta para encontrar interés en determinados sectores sociales de rodearse de arte, sobre todo contemporáneo. Hemos recorrido este camino de forma rápida en los últimos 30 años, pero nos queda mucho por avanzar. Para colmo, la crisis económica desatada en 2008 desplomó de nuevo su actividad. La Fundación Arte y Mecenazgo ha aportado, como datos sobre las colecciones de nuestro país, que el número de las que sobrepasan o igualan la cifra de 1.000 obras es escaso, 18 sobre los 200 casos que componen la muestra elaborada por el centro, y el número de colecciones cuyas piezas se cifran entre 500 y 1.000 es 9 de 200. Todas las demás, suman menos de 500 piezas.

En los últimos años sobresale también una creciente tendencia al coleccionismo más económico, construido a partir de obras de menor tamaño, litografías, lienzos y hasta ilustraciones, adquiridos en espacios híbridos como Swinton&Grant o Atelier des Jeunes. Entre los coleccionistas más importantes de nuestro país, la revista Art News ha destacado a Juan Abelló, Plácido Arango y Alicia Koplowitz, así como la Fundación Juan March, la Coca Cola o el Museo Unión Fenosa.

Necesaria Ley de Mecenazgo

“La riqueza en España ha estado muy centrada en otros sectores, como el minorista, la industria y el sector inmobiliario”, ha indicado en sus publicaciones la Fundación Arte y Mecenazgo, así como que “en un contexto con factores como el IVA”, que en 2014 el gobierno redujo del 21% al 10% para la compra y venta de arte, “y unos ingresos discrecionales en disminución, sin la existencia de programas activos destinados a fomentar la propiedad de obras de arte”, entre los que se suele echar de menos una Ley de Mecenazgo, “el mercado del arte podría estar en peligro de permanecer estancado”.

Nunca sabremos qué hubiera ocurrido si Duncan Phillips no hubiera tenido esa pulsión que lo llevó a apoyar y financiar el trabajo de tantos grandes de la Pintura Moderna. Nunca sabremos lo que perderemos si los artistas españoles de hoy no reciben el apoyo que merecen.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Robar a los ricos para dárselo a los científicos

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Alexandra Elbakyan
Foto: Krassotkin

Son cosas de estos tiempos. La nueva, o ya no tan nueva, polémica entre los derechos de los autores, editores y distribuidores y los del público. El acceso a la información que ahora puede ser inmediato y libre y la remuneración más o menos justa de quién la crear, la empaqueta y la pone a disposición. Para en el cine, en la música y también en la ciencia.

Una pirata de 28 años

Este último aspecto tiene su importancia. El acceso a la información científica implica que muchos investigadores pueden continuar con sus estudios. Que cambien líneas de investigación o inicien unas nuevas. Que los estudiantes puedan recibir datos actualizados y no aprender cosas obsoletas.

Y ahí es donde surgen figuras como la de Alexandra Elbakyan. Esta informática de 28 años ha sido bautizada, con poca imaginación pero descriptivamente, como la “Robin Hood de los científicos”. Su objetivo es robar artículos científicos de las webs de las principales editoras del mundo para ponerlos a disposición de toda la comunidad científica.

Una persona influyente

Unos lo consideran piratería pura y dura. Otros una respuesta justa al férreo control que cinco editoriales en todo el mundo ejercen sobre estas publicaciones. Textos que, en muchas ocasiones, son claves para la evolución de miles de investigaciones y a las que estudiantes y expertos sin recursos tienen acceso limitado, pues las suscripciones suelen ser costosas.

Quién defiende cada postura es complicado de determinar. Por ejemplo, la revista Nature, pese a ser una de las víctimas de Elbakyan, la considera una de las personas más influyentes del entorno científico en la actualidad. Y eso que su actividad se realiza entre teclados y pantallas de ordenador.

En cualquier caso, Elbakyan tiene que afrentarse en los próximos meses a un buen número de demandas de editores. Algo que no parece preocuparle dado que, como buena hacker, ha creado una intrincada red de servidores y espejos en distintos países donde las legislaciones no están tan claras.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Ana, Bruno, Carmen… Las borrascas tendrán a partir de ahora nombre de persona

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Es una decisión tripartita, de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) española, MétéoFrance (Francia) y el IMPA (Portugal). Ha entrado en vigor el 1 de diciembre y afecta a las borrascas, a aquellas, las más profundas, que puedan afectar a los tres países involucrados en el proyecto, que, a partir de ahora y merced a esta iniciativa, tendrán nombre propio.

De ahí que la ciclogénesis explosiva que acaba de atravesar la Península Ibérica (un fenómeno que consiste en una caída igual o superior a 18-20 hectopascales en 24 horas), se haya bautizado como Ana. Y recibirán los nombres de Bruno, Carmen, David, Emma, Félix, Gisele, Hugo, Irene, José, Katia, Leo, Marina, Nuno, Olivia, Pierre, Rosa, Samuel, Telmva, Vasco o Wiam las borrascas que sigan a Ana. Eso sí, solo cuando se esperen asociadas a ellas condiciones que ocasionen avisos de viento naranja (riesgo importante) o rojo (riesgo extremo). Y serán las procedentes del Atlántico, de momento no se nombrarán las borrascas mediterráneas, aunque no se descarta hacerlo en el futuro.

Una clase de ciclón

La borrasca o depresión profunda es un tipo de ciclón (que incluye huracanes, tifones bajas polares, medicanes, etcétera) que transcurre por latitudes medias, entre 30 y 60º de latitud. Se trata de sistemas de bajas presiones donde el viento gira en sentido contrario a las agujas del reloj en el hemisferio norte. La AEMET explica que asociados a estas borrascas profundas se producen vientos fuertes o muy fuertes y que serán más intensos cuanto menor sea el mínimo de presión en el centro de la baja.

La iniciativa de bautizar con nombres propios a estos fenómenos surge tras una experiencia similar desarrollada desde 2015 en Reino Unido e Irlanda. Y se sigue su estela porque se considera que ha demostrado que la población permanece más atenta a las recomendaciones de seguridad cuando la amenaza de viento fuerte está identificada y asociada al nombre de la borrasca. Es una manera, en definitiva, de favorecer la comunicación científica y meteorológica, y poniéndola en marcha entre instituciones de varios países, se fomenta la cooperación entre los servicios meteorológicos nacionales de Europa.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Consejos para no respirar (tanta) contaminación en las ciudades

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Contaminación en Ciudad de México
Foto: Usfirstgov

El problema de la polución en las ciudades es alarmante. Esa nube negra que sufren las ciudades y que se agrava ante la falta de lluvia, el aumento del tráfico y la combustión de calefacciones en el invierno. Es imposible huir de ella. Y cada año genera millones de enfermedades y miles de muertes. ¿Cómo tratar de evitarlo?

Sencillas recomendaciones

Ahora Greenpeace ha lanzado una serie de recomendaciones. Unas pautas sencillas para seguir en nuestro día a día en la gran ciudad. Puede parecer que algunas son un tanto absurdas, pero nunca está de más hacer algo para evitar tragar humo. Por poco que sea.

Muchos de estos consejos van dirigidos a proteger a los niños de la contaminación. Ellos son los más perjudicados por las emisiones de micropartículas que, respiradas, se instalan en órganos como el cerebro.

El primero de los consejos es un tanto obvio. Utilizar las aceras. No solo para evitar el peligro de ser atropellado. En una acera hay la mitad de partículas contaminantes que sobre la calzada.

De la misma manera, cuando más nos alejamos de la carretera dentro de la acera, menos partículas entrarán en nuestro torrente sanguíneo. Así que lo mejor es acercarse lo más posible a la fachada.

Cruces, puntos calientes

Por eso, cuando esperamos a cruzar una calle, es buena idea alejarse un poco del borde de la acera. No vamos a perder la oportunidad de cruzar y sí nos ahorraremos respirar el aire contaminado de los tubos de escape. Los cruces son puntos de concentración de contaminantes, dado que los coches se detienen en los semáforos con los motores en marcha.

Otro consejo es utilizar los parques. Estos espacios son el reducto del aire puro en la ciudades. Frecuentarlos es darles una tregua a los pulmones y recargarlos para unas horas.

Hacer ejercicio siempre ha sido considerado como algo saludable. Pero hacerlo bajo la contaminación puede ser contraproducente. Por eso lo ideal es evitar las horas punta, aquellas en las que más tráfico se mueve. Normalmente, la primera hora de la mañana y la de la tarde son las menos adecuadas para hacer ejercicio en la calle.

Por último, el consejo definitivo. Luchar por un aire más limpio en nuestras ciudades. Concienciar a nuestros hijos y exigir actuaciones decididas a las administraciones públicas y empresas privadas. Pedir una apuesta por el transporte limpio que nos permita vivir normalmente en las ciudades.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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