Bbrainers – Encuentro para juristas en Madrid. Innovación.

Delia de Vestalia Asociados presenta el evento BBrainers el próximo día 9 de febrero. Un encuentro único para abogados, juristas y profesionales del sector...

La primera ciudadana robot

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Sophia, la primera robot que ha conseguido ciudadanía
Foto: Hanson Robotics

¿Hasta dónde llegarán los robots? ¿En qué momento tendrán, como en Blade Runner, un parecido tan cercano a los humanos que no solo será difícil reconocerlos sino que adquieran algunos de nuestros derechos? Es más, ¿es lícito que seres sintéticos tengan nuestros derechos?

Sophia, la robot

Lo mejor será que vayamos planteándonos estas preguntas. Sobre todo porque las últimas noticias nos habla de que un robot ha adquirido la ciudadanía de un país por primera vez.

Se trata de Sophia, el androide creado por la compañía Hanson Robotics, radicada en Hong Kong. Las características que dotan a Sophia de rasgos humanos es su amplio catálogo de expresiones faciales, hasta 62. Unas expresiones que, como cualquier persona, adecua a la conversación y al estado de ánimo. Estos factores vienen determinado por la inteligencia artificial que rige el software con el que funciona.

Sophia ha sido adquirida por el gobierno de Arabia Saudí. El país está realizando una decidida apuesta por la modernización tecnológica y esperan que el androide sea la imagen de esa corriente. Y como elemento propagandístico definitivo ha decidido concederle la ciudadanía. De momento, ciudadana-robot, sea lo que sea lo que significa ese estatus.

Más derechos que las mujeres

Como celebración ha concedido una entrevista en la que afirma que espera “poder estudiar, hacer arte tener mi propio hogar y mi propia familia”. No cabe duda de que la programación de su IA es bastante convencional.

Otro asunto es el debate suscitado a partir de la concesión de la ciudadanía saudí para Sophie. Sobre todo porque varias organizaciones han asegurado que el robot tiene más derechos que las mujeres saudíes. Por ejemplo, puede presentarse en público sin el rostro cubierto. Tampoco esta obligada a ir siempre acompañada por un guardián, la figura masculina que siempre va junto a las mujeres cuando salen a la calle, por imperativo legal.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

‘Siria’, una app de inteligencia artificial que simula hablar con personas en exclusión

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La ONG Médicos del Mundo y la Universidad de Alcalá de Henares (UAH) han desarrollado una aplicación, llamada Siria, para dispositivos móviles con la que se puede simular una conversación en riesgo de exclusión social, generando respuestas emocionales.

La idea se ha desarrollado partiendo de más de un centenar de entrevistas con personas refugiadas, sin hogar o en riesgo de exclusión, diseñando un lenguaje y una capacidad de respuesta que le es propia a este perfil, estableciendo la capacidad de interactuar de forma inteligente con quien la utiliza y ofreciendo información sobre las difíciles situaciones a las que éste se enfrenta.

Una evolución de los asistentes personales

Así, esta app opera de manera similar, pero superándolos, a los asistentes personales inteligentes, como Siri en los dispositivos Apple, Cortana en Microsoft, Google Now en Google, o Lucida, el único de código abierto desarrollado hasta el momento. La diferencia con esos asistentes radica en que Siria no sólo responde a la preguntas del usuario, sino que interactúa con él y mantiene una conversación proponiéndole temas que interpreta como relevantes.

Por ahora, la app se ha probado solo en fase beta. Llegará próximamente a las principales tiendas de aplicaciones. Las personas interesadas en recibir una notificación en el momento en que la app se active pueden dejar sus datos de contacto en www.oyesiriamedicosdelmundo.org

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

¿Es Oumuamua una nave extraterrestre?

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Oumuamua, el asteroide interestelar
Foto: ESO:M. Kornmesser

No. No, no, no. En serio. Nos volvemos loco. Serán las ganas de contactar con extraterrestres, ganas de llamar la atención. O quién sabe, quizá sí haya una inquietud científica real detrás de todo. Pero el caso es que ahora investigan si Oumuamua es una nave extraterrestre.

Extraña forma de cigarro

Ya os hablamos de Oumuamua. Se trata, en principio, de un extraño asteroide que ha llegado a nuestro Sistema Solar desde otro sistema estelar. Lo que ha llamado la atención de los investigadores, por definirlos de algún modo, es la extraña forma del cuerpo rocoso. Esa estructura cilíndrica, de “cigarro” como ha sido definida. Cientos de metros de longitud pero con una altura y anchura al menos diez veces menor.

Por qué esas medidas dan que pensar en que sea una nave alienígena habrá que preguntárselo a Breakthrough Listen, el grupo de expertos que se han puesto manos a la obra para tratar de dilucidar la naturaleza real de Oumuamua. Según ellos, esta forma sería la más probable para construir una nave espacial.

Huyendo a toda velocidad

Lo hemos en multitud de películas. Una nave alargada, aerodinámica. Que vale que en el espacio no hay resistencia, pero nunca sabes cuándo tienes que cruzar una atmósfera en el camino a conquistar un nuevo mundo.

Para confirmar sus sospechas, o despejarlas más probablemente, comenzaron sus observaciones esta misma semana. Están empleando el telescopio Green Bank, observado el asteroide interestelear a través de cuatro bandas de radio. Durante cuatro sesiones de observaciones de 10 horas comprobarán la rotación del objeto.

Y tienen que darse prisa. Después de haber pasado relativamente cerca de la Tierra, a unas 85 veces la distancia de nuestro planeta a la Luna, ahora se encuentra a dos unidades astronómicas. Es decir, el doble de la distancia entre la Tierra y el Sol. Y es que viaja a una increíble velocidad de 315.000 kilómetros por hora.

 

Pues no, no es una nave extraterrestre

Lo sentimos, pero días después de publicar este artículo, los científicos descubrieron lo que es. ¡Léelo aquí!

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

40 años de Punk

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Desde el 1 de diciembre hasta el 4 de febrero, la galería madrileña La Fiambrera celebra el 40 aniversario del PUNK (1977-2017) con una gran exposición con obras de artistas habituales de la galería y piezas clásicas de la época, como fanzines, discos o fotos de los Sex Pistols, Clash, Ramones…

En 1989 Greil Marcus publicaba su (¿libro?) seminal Rostros de carmín. Una historia secreta del siglo XX (Anagrama, 1993). El crítico musical norteamericano situaba al punk no sólo como una corriente o movimiento producto de una situación político-social-cultural concreta, sino también como una consecuencia o continuación de una actitud ya presente en tiempos del Dadaísmo y continuada por el Situacionismo. Es decir, relacionaba al punk con un pasado de inconformismo e incomodidad frente al status quo que recorrió de manera transversal el siglo XX en determinadas expresiones artísticas, siempre desde una brevedad explosiva que se expandía de un movimiento a otro, renaciendo con diferentes formas pero con el mismo poso de malestar y rabia.

En 40 años de Punk, la operación ha sido a la inversa: ver qué ha permanecido del punk en el arte. Su huella parece haber permanecido expresándose de diferentes maneras, ya sea desde lo explícito o desde la sugerencia, desde el gesto o desde la proclama abrupta, a veces como vehículo ideológico, en otras ocasiones como simple provocación.

Letras e imágenes, el punk historiado

Jon Savage, en su extraordinario, England’s Dreaming. Los Sex Pistols y el Punk Rock (Reservoir Books, 2015) lleva a cabo una detallada y minuciosa revisión del movimiento tanto en Inglaterra, principalmente, como en Estados Unidos, constatando en sus páginas el carácter de “construcción” premeditada del punk, en gran medida a cargo de Malcolm McLaren, a la vez que muestra lo indisociable que fue su surgimiento con la crisis de los setenta y la posterior subida al poder de los conservadores en Inglaterra, como la no wave y el hardcore lo estarán a la era Reagan en Norteamérica. Pero lo llamativo del trabajo de Savage, entre otras muchas cosas, se encuentra en la posibilidad de historiar el movimiento.

Si el trabajo de Marcus sitúa al punk más allá de sus coordenadas musicales y lo introduce en una corriente subversiva constante a lo largo del siglo XX, Savage asume una postura de historiador y se sitúa en el momento preciso de su eclosión para indagar en sus causas y, después, en sus consecuencias. Y en sus páginas nos encontramos cómo el punk nace como una respuesta a una coyuntura general de crisis y malestar a la vez que como un producto “vendible”.

Retratos de una época

En La ira es energía. Memorias sin censura (Malpaso, 2015), de John Lyndon, cantante de los Pistols y más conocido como Johnny Rotten, se encarga de desgranar la maquinaria de Mclaren (conocido es el odio que se profesan), pero además supone un relato desde dentro sobre la banda y las circunstancias que rodearon su efímera pero intensa vida. El libro de Lyndon no supone una rareza editorial sino una pieza más en la recuperación del punk y, sobre todo, en la construcción de su memoria que ha florecido en los últimos años en múltiples publicaciones en forma de libro, aprovechando, además, el gran interés editorial por los libros musicales. Comando. La autobiografía de Johnny Ramone (Malpaso, 2013) o Punk Rock Blitzkrieg: Mi vida en Los Ramones, de Marky Ramone, son las dos últimas publicaciones que se unen al ingente material del grupo norteamericano, convertido ya en un icono que transciende su importancia musical y contextual y ha devenido en casi una marca.

Otros trabajos, como Punk: tres décadas de resistencia, de Marc Gras, Punk Rock: Historia de 30 años de subversión, de Mariano Muniesa, o Punk Rock Jesus, de Sean Murphy, suponen excelentes retratos de una época desde diferentes perspectivas, pero siempre primando la asentada necesidad de historiar desde su contexto, no sólo por su carácter musical, a un movimiento que, pasadas más de tres décadas, todavía está presente. Cómo también denotan otras publicaciones más coyunturales al punk alrededor de artistas y de movimientos que nacen de manera directa de él, como Nuestro grupo podría ser tu vida (Contra, 2013), de Michael Azerrad o La chica del grupo (Contra, 2015), de Kim Gordon, que se acercan a la no wave y al hardcore norteamericano. Otra época, otras músicas, pero que siguen bebiendo, de una manera u otra, del punk y su herencia.

Julien Temple, uno de los documentalistas musicales más interesantes, ya se encargó a finales de los años setenta, a tiempo real, de recoger la eclosión del punk en imágenes en The Great Rock ‘n’ Roll Swindle (1979), documental sobre los Sex Pistols que supuso el primero de varios trabajos de Temple sobre el movimiento y que tendrá años después su mayor logro, La mugre y la furia (2000) y, sobre The Clash, Joe Strummer: Vida y muerte de un cantante (2007). The Clash, representantes de un punk más politizado y comprometido con la lucha social frente al nihilismo anarquista de los Pistols, también fue el objeto de varios documentales, entre ellos, The Clash: Westway to the World (2000), de Don Letts. Los Ramones fueron los personajes de End of the Century: The Story of the Ramones (2003), de Jim Fields y Michael Gramaglia. Y, en términos más generales, encontramos otros trabajos como American Hardcore (2006), de Paul Rachman, Punk’s Not Dead (2007), de Susan Dynner, Punk: Attitede (2005), de Don Letts, o Killy Your Idols (2004), de Scott Crary, entre otros.

DID (Do it yourself)

DIY (Do it yourself) fue uno de los emblemas del punk, una manera de luchar contra el control del mercado, una búsqueda de libertad creativa sin condicionantes ni limitaciones. Si uno controlaba y distribuía su creación, ésta llegaría sin intermediarios que pudieran modificar su contenido, de manera pura y sin concesiones el mercantilismo. De ahí nace, herencia del pasado, publicaciones en forma de fanzines alternativos a las revistas y a los medios tradicionales, grabaciones caseras cuya mala calidad de sonido se convertiría en sello de identidad, salas de exposiciones y tiendas alternativas. Luchar contra el sistema creando vías de comunicación, de creación y de consumo ajenas a las modas y a imperativos comerciales. Una forma de concebir el proceso creativo en toda su extensión que, con el paso del tiempo, ha permanecido, aunque pervertida. De hecho, ya en su momento, duró bastante poco: los Pistols firmaron con una gran compañía relativamente pronto y el resto de grupos punk con cierta impronta también lo hicieron. Pero queda, una vez más, el gesto. Otra cosa, la viabilidad de convertirlo en algo duradero.

Lo llamativo es que el DIY, pasadas las décadas, cuando su espíritu pasó por los noventa absorbido por movimientos como el grunge, otra respuesta nihilista a una situación social, quizá el heredero más firme, y también efímero, del punk, ha sido absorbido y ha perdido el significado de su “gesto”. En la era de la hipertecnología, el DIY tan publicitado y explotado viene a ser una perversión de lo planteado entonces: si bien las posibilidades son mayores a la hora de crear/producir y distribuir, también lo es que nace dentro, y no fuera, del sistema. Es decir, el DIY actual no es tanto una forma de contestación desde los márgenes como una parte integrante de la maquinaria comercial.

El punk permanece

El punk permanece, como en grupos musicales actuales que, aunque sin el contexto de entonces siguen asimilando sus marcas estilísticas. En algunos casos, como el muy concreto y particular de las Pussy Riot, la lucha se asemeja a la que otrora ingleses y, en menor medida, norteamericanos, llevaron a cabo, si bien el caso del grupo ruso se abre a otros y más duros caminos, como se puede comprobar en el libro Pussy Riot: Desórdenes públicos, una plegraria punk por la libertad (Malpaso) y el documental, Pussy Riot: A Punk Prayer.

Permanencias de un movimiento que pronto, demasiado quizá, dio pasó al post-punk, derivación inmediata desde el estilo musical antes que desde otros parámetros y que a lo largo de tres décadas ha ido variando, reconvirtiéndose –como el grunge a partir del hardcore norteamericano- dentro de la llamada escena independiente, como en el caso del grupo “Sleater-Kinny”, cuyo líder, Carrie Brownstein, publica en breve Hunger Makes Me a Modern Girl (Virago, 2015).

Esto es posible (posiblemente) el comienzo de una recuperación de material, en diferentes formatos, de una época, de una música y de una actitud que ya forma parte de la historia y que, como tal, está siendo ya tratada gracias a todas estas publicaciones, creaciones y realizaciones visuales. Pero a su vez, existe el intento de asimilar sus modos desde la superficie de su forma antes que desde su naturaleza subversiva. Los propios punks de los setenta eran conscientes, quizá porque no tenían las cosas demasiado claras, de que su vida –en toda su amplitud- sería efímera.

Y fue así tan sólo a medias: el punk se fue desvaneciendo como tal pero su impronta ha quedado a lo largo de estos años, eso sí, quizá en exceso manipulada hasta convertirlo (convertirla) en una moda. Se enfatiza lo atractivo del movimiento pero en la medida de lo posible se reduce su contenido virulento o se absorbe para que pierda su fondo, quedando tan sólo su forma, su superficie. A partir de ahí, surgen diferentes acercamientos al punk. Algunas gratamente artísticas y creativas; otras meramente comerciales y consumistas. Aunque recordemos que nació de la mano de McLaren, quien tenía bien clara la unión de estos conceptos. Por lo que quizá esta forma de revival del punk no esté, en el fondo, tan alejada de sus preceptos constitutivos.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

One Planet. Una nueva cumbre para salvar el planeta

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Seine Musicale, sede del One Planet Summit
Foto: Wikipedia

Una nueva cumbre sobre el clima. Una nueva reunión de las personalidades y gobernantes más destacados del mundo. Una nueva serie de largos y bienintencionados discursos. Una nueva ronda de advertencias y llamadas a la acción. ¿Servirá para algo?

Una vez más París

La Conferencia One Planet se celebra en París estos días. Más allá de su presunta utilidad, lo cierto es que al menos sirve para poner en primera línea el asunto del cambio climático, del insostenible modelo industrial y de las alternativas que son necesarias y que han de adoptarse ya.

El impulsor ha sido Emmanuel Macron. El presidente francés parece uno de los líderes del movimiento en lo que respecta a jefes de estado. Jim Kim, presidente del Banco Mundial y Antonio Guterres, secretario general de la ONU completan la terna de convocantes.

En este caso, los encuentros de One Planet tienen un objetivo claro. Evitar que la llegada de los países en vías en desarrollo a los procesos industriales suponga la puntilla al clima en la Tierra.

Financiación al desarrollo

Naciones como India o China plantean grandes retos. Su desarrollo industrial se está acelerando considerablemente. Y presenta la derivada radical de un desmedida demografía. Más de 2000 millones de personas que de pronto comiencen a hacer un uso intensivo de combustibles fósiles es más de lo que este planeta puede soportar.

Por ello es necesario crear y agilizar los flujos financieros hacia estos países de manera que puedan acometer políticas de generación y consumo de energías sostenibles. En realidad la estrategia es más ambiciosa. Se trata de explorar cómo se puede transformar la arquitectura financiera global para liberar miles de millones de dólares que serán necesario para garantizar el desarrollo sostenible mundial.

Es sin duda una idea prometedora. Sin embargo, parece contar con demasiados factores en contra. Un mercado cada vez más autorregulado, o desregulado y la oposición de unos de los principales implicados. Estados Unidos.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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