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El suelo de Marte es apto para cultivar hortalizas

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Suelo de Marte
Foto: NASA

Es importante ser precavido. En todos los órdenes de la vida, pero sobre todo si tu empresa es conquistar un nuevo planeta. Así que aunque todavía no hayas dado ni un paso en el camino de Marte está bien saber si una vez allí seremos capaces de sobrevivir. Y no es algo exento de complicaciones.

Tres problemas

Básicamente hay tres problemas. Qué respiramos, qué bebemos y qué comemos. En los dos primeros están los científicos dale que te pego a encontrar la solución. En el tercero parece que ya la tenemos: huertos marcianos.

Puede sonar raro, pero resulta que es posible. O al menos así lo aseguran los científicos de la Universidad de Wageningen en Holanda. Según sus análisis del suelo del planeta rojo, este contienen muchos más nutrientes de los esperados. En concreto, es rico en fósforo, hiero y nitrógeno, sobre todo este último, nutrientes esenciales para el desarrollo de las plantas.

Huerto marciano simulado

Con los niveles de minerales del suelo marciano realizaron un huerto simulado. Para ello se eligieron 14 tipos distintos de plantas de presencia habitual en nuestras fruterías. Y resultó que es altamente adecuado para el cultivo de especies comestibles. Solo es necesario un poco de abono y alguna lombriz que airee el suelo. Bueno, y oxígeno y agua, claro. Pero recordemos que en el punto uno y en el dos ya están también encargados los científicos.

Así las cosas, cuando se solucione el pequeño detalle de la atmósfera en Marte, los seres humanos tardaremos solo diez años en obtener la primeras cosecha de verduras de otro planeta.

Conseguir que las plantas crezcan en Marte es sin duda un gran paso para el hombre en el camino de la conquista y terrificación del planeta. Sobre todo una vez que se haya llegado hasta allí. Parece que no está tan lejos el momento en el que, como Matt Damon en la película, nos podamos alimentar de patatas marcianas.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

‘Mindhunter’, la obra maestra sobre los detectives creadores del concepto ‘asesino en serie’

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Imagen: Netflix

Fueron los creadores de la expresión asesino en serie. Eran John E. Douglas y Mark Olshaker, dos agentes del FBI que dejaron huella en el cuerpo modernizándolo creando una rompedora unidad especial de investigación, en un momento, el año 1977, de fuerte evolución de la criminología, Su objetivo era diseñar patrones criminales a partir de largas entrevistas con asesinos, estaban convencidos de que acercándose a quienes habían perpetrado ciertos asesinatos, podrían entender las mentes homicidas y anticiparse a ellas, evitando sus crímenes.

Contra el propio criterio de la institución para la que trabajaban, los detectives humanizarn a los asesinos en serie, desentrañando sus conflictivas personalidades, planteando la posibilidad, poco barajada en aquella época, de que fueran producto de infancias traumáticas, abusos, pobreza e incluso del mismo sistema carcelario. Dejaron constancia de sus hallazgos en el libro Mindhunter: Inside the FBI’s Elite Serial Crime Uni, en el que ahora se ha basado la extraordinaria serie Mindhunter, disponible en Netflix. La producen David Fincher y Charlize Theron, y la coordina el inglés Joe Penhall, y no le faltan guiños a las extraordinarias policiacas de su país, Reino Unido.

Sello Zodiac

A la dirección de los capítulos, nada menos que David Fincher (1, 2, 9 y 10), Asif Kapadia (3 y 4), Lindholm (5 y 6) y Andrew Douglas (7 y 8). Entre todos, le conceden gran unidad formal a la creación, aunque la huella que imprime Fincher a los dos primeros episodios marca las pautas, que remiten al propio cine del director, en especial a Zodiac, por sus indagaciones sociológicas y, en el caso de Mindhunter, sobre todo psicológicas. También se evoca el estilo de Perdida en esos encuadres con cierto vacío y una cuidada dramaturgia, donde la ubicación de los personajes en los planos nunca es casual, siempre es simbólica.

También los cambios que vivía la sociedad estadounidense en aquel tiempo se entrelazan en la trama de Mindhunter, sobre todo a través de las conversaciones de uno de los dos detectives, aquí bautizado como Holden, con su novia, Debbie, de ideas mucho más modernas que las de él, más clásico y tradicional, como su compañero Bill. A Holden, extraordinariamente interpretado por Jonathan Groff, a quien el público conocía por el muy distinto registro que recabó en Glee, su tarea lo fascina pero también lo desborda. Una moneda de doble cara que le causa no pocos desencuentros con su compañero Bill, de quien también hace una interpretación memorable Holt McCallany, y en esta ficción, con más años de experiencia y desengaños en el FBI, y capaz, llegado a ese punto, de tomar cierta distancia con lo que presencia.

Renovando el género

Mindhunter es un thriller sutil, sin tiros ni apenas acción, aunque muy explícita al detallar la sordidez de los crímenes que evoca a partir de la narración y descripción de los asesinos que los cometieron, en un juego metaficcional que podría recordarnos a los cuentos de Poe o Lovecraft. Lo fundamental, aquí, son los diálogos, los silencios, las sugerencias. Se consigue así una renovación del género en su vertiente de las series, despegándose del estilo The Wire o True Detective. Un soplo de aire fresco en esta línea creativa que parece ir para largo.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Japón comienza a verter agua de Fukushima al mar

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Central nuclear de Fukushima
Foto: Tokyo Electric Power Co., TEPCO

Hace ya seis años del tsunami en Japón. Aquel terremoto marino que generó una enorme ola que asoló la costa nipona. Al desastre humano y material se unió el medioambiental, cuando la ola llegó a la central nuclear de Fukushima. La infraestructura no estaba preparada para semejante eventualidad. El volumen del escape radiactivo nunca se sabrá, como suele ocurrir en estos casos.

Un millón de toneladas

Y como suele suceder en estas ocasiones, las repercusiones se mantienen mucho tiempo después. En la central aún queda un millón de toneladas de agua contaminada con elementos radiactivos. El líquido que se utilizó para refrigerar la central.

Ahora, el gobierno japonés ha comenzado a verter esta agua en el océano. En principio aseguran que ha sido limpiada de los elementos más peligrosos, pero los vecinos de las zonas costeras cercanas y, sobre todo, los pescadores no las tienen todas consigo. Estiman que, más allá de la contaminación de las aguas aledañas, el impacto sobre la imagen de sus productos será tan negativa que les llevará a la ruina.

Peligro de vertido incontrolado

Según los responsables, este vertido era imprescindible. Una posible rotura de los depósitos planteaba la amenaza de que la salida del agua al mar se hiciera de forma incontrolada. Y con todos los compuestos radiactivos en suspensión.

Además, los depósitos estaban a punto de llenarse. Cada día se almacenan en ellos 150 toneladas de agua más que provienen de las labores de refrigerado que seis años después siguen siendo necesarias.

Ahora, cada día se estar vertiendo cerca de 400 toneladas de agua al océano. Sin embargo, es un proceso que teniendo en cuenta la cantidad almacenada y la que se produce cada día, puede llevar décadas en completarse. Es sin duda una medida temporal antes de que se encuentre la solución definitiva. Si es que existe esa resolución.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Consumimos un 60% más de ropa que hace 15 años. Greenpeace reacciona

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Llegan las Navidades, y con ellas uno de los picos de consumo del año, quizá el más alto y concentrado en el tiempo.

Para que la cosa no se nos vaya de las manos, la ONG Greenpeace ha iniciado en los cinco continentes, entre el 2 y el 10 de diciembre de forma simultánea en 75 ciudades (como Sevilla, Tokio, Berlín, Moscú, Madrid o Nairobi), la campaña HAZ, palabra que quiere contraponer a COMPRA, cuyo objetivo es impulsar un modelo de consumo sostenible que no deprede el planeta ni favorezca el cambio climático, cosas que ocurren, indica la organización ecologista, como también que el modelo de consumo actual afecta a nuestra salud, en tanto que el sistema productivo de los alimentos hace que contengan restos de plaguicidas y productos químicos.

Un 60% más de prendas que hace 15 años

Como parte de la campaña, de esta coordinada reacción en busca de vías de consumo alternativo que incluye talleres, charlas, espacios de trueque, menús navideños ecológicos o reciclaje de juguetes y adornos, Greenpeace invita a reflexionar sobre algunos de nuestros hábitos, como ir de compras “como hobby“, que produce un impacto brutal en el medio ambiente, sobre todo si se trata de compras de ropa: cada año, cifra la ONG, se producen 100.000 millones de prendas, un 60% más que hace 15 años y conservándola la mitad de tiempo, lo que se traduce en “enormes” emisiones de CO2, además de los vertidos tóxicos o la deforestación que conlleva la propia producción.

Otros datos que aporta la asociación como parte de esta iniciativa es que actualmente se extraen y emplean un 50% más de recursos naturales que hace 30 años, y que la producción de plásticos sigue en aumento y la movilidad urbana y metropolitana provoca en países como España más de treinta mil muertes prematuras al año.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

La Voyager 1 activa sus propulsores después de 40 años apagados

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Sonda Voyager 1
Foto: NASA:JPL-Caltech

Muchas veces pensamos que la tecnología avanza. Que siempre nos ofrece mejores productos y mejores posibilidades. Pero, ¿realmente es así? Realmente, como dice Umberto Eco en “A paso de cangrejo” no estaremos en la actualidad yendo hacia atrás. Escuchando música de peor calidad en mp3 y viendo películas en pantallas cada vez más pequeñas con nuestro móviles.

A 20.000 millones de kilómetros

Uno de los ejemplos paradigmáticos son las naves Voyager. En concreto la Voyager 1. Esta sonda espacial se construyó para estudiar los gigantes de nuestro Sistema Solar y se lanzó en 5 de septiembre de 1977. Desde entonces no ha dejado de funcionar ni un solo día. Y no es que esté precisamente aquí al lado. En la actualidad se encuentra sondeando los límites del sistema. En concreto está a más de 20.000 millones de kilómetros de la Tierra.

Pero todavía muchos de sus sensores y antenas funcionan como el primer día. Aunque ya han pasado 40 años alejándose por el frío y peligroso espacio. Y sin embargo, eso no es lo más sorprendente.

Todo funcionó

La pasada semana los ingenieros de la NASA activaron dos pequeños propulsores que sirven para reorientar la nave. Dos propulsores que llevaban sin activarse casi cuatro décadas. En concreto, la última vez que fueron necesarios se remonta al 8 de noviembre de 1980, cuando reubicaron bien la sonda a su paso por Saturno. Y cuando los ingenieros pulsaron los botones de activación desde su lejano puesto de mando en California, los dos pequeños cohetes funcionaron con total normalidad.

Como los community managers de la NASA se ufanaban en describir, si tú tratas de arrancar el motor de un coche después de un par de años sin encender es muy probable que te quedes con las ganas de oír el motor. Pero los sistemas de la Voyager parecen no ser de este mundo.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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