Los animales nos salvarán de todo

He tenido un día tan nefasto que lo único que me alegra mínimamente es pasarme por Twitter a mirar vídeos absurdos de animales. Sí,...

Ecoembres, la basura y sus accionistas

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Ecoembes, mantener el problema en los consumidores

En twitter la gente de ecoembes comentaba esta noticia la cual es muy positiva. Si reciclas más, pagas menos tasa de basura. Eso sería genial para todos. Si yo a la semana reciclo 10 kilos, pago menos euros al mes de tasas de basura.

SDDR

El problema es que otras fuerzas políticas piden que los que paguen sean los fabricantes originales de estas basuras. Es decir, porque trasladar el problema al consumidor, si sería el fabricante el que tiene que encargarse de recoger sus basuras. La solución propuesta generalmente para estos partidarios de que la solución sea gestionada por las empresas es volver al concepto de envases retornables y de pago. Es decir, si devuelvo una lata, cobro esos 5 céntimos.

La solución para todos

Lo que está claro es que la solución debe ser para todos. Para fabricantes, para consumidores, pero especialmente para el medio ambiente. Lo que los datos dicen es que los países con mejores resultados emplean técnicas de SDDR donde los envases retornables son parte de la cadena de reciclado.

El papel de Ecoembes

Ecoembes es una empresa que se dedica al reciclaje, pero a la vez es una empresa participada por los principales fabricantes de productos envasados. Digamos que sería como si las empresas de chocolate se unen y hacen una empresa para que te pongas a dieta o si como todas las empresas de petróleo hacen una empresa donde te dicen como tu podrías ocuparte de recoger las emisiones que tu coche emite y te dicen donde dejarlas luego.

Es una situación algo delicada y compleja tener a esas empresas dentro de un consejo de administración cuando la misión es en teoría reducir la basura.

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

Cuando ni el Alzheimer puede borrar un crimen

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Hasta que cumplimos dos años, todavía no sabemos conservar recuerdos, algo que puede volver a ocurrirnos más adelante si contraemos la enfermedad de Alzheimer, cuando la mente, al verse privada de la facultad de conservar recuerdos, echa mano de los que ya tiene, lo que explicaría que las víctimas de esta dolencia se comporten como niños o recurran a imágenes de su infancia que, incluso, podrían creerse ya olvidadas en el magma de lo ocurrido en toda una vida.

No es la única vez que Martin Suter, un escritor (y guionista) suizo de gran predicamento internacional, exhibe una sólida base científica una de sus novelas, combinándola con su narrativa elegante y sobria. En Qué pequeño es el mundo, el segundo libro que la editorial Libros del Asteroide ha pubicado en castellano del autor (además de Montecristo), pero el primero que escribió el autor (allá por los años 90), usa el avance de la enfermedad de Alzheimer como motor para que incrementar la tensión de la historia. En ella, la matriarca de una familia acaudalada y poderosa, gracias a negocios industriales, teme por su posición a raíz de la enfermedad de un empleado de la familia, que además fue compañero de juegos de su hijastro durante la infancia y juventud de éste, y fue testigo de un acontecimiento que se persigue ocultar.

Las novelas de Martin Suter suelen combinar la crítica social con el suspense. Así lo hace en este título, criticando a la alta sociedad suiza. Un melodrama que se lee de una sentada, para muchos la mejor obra del autor, y en el que, pese a estar ubicado en algún lugar indefinido de Suiza, cabe todo el mundo, pues se refleja el dominio del fuerte sobre el débil, de las clases adineradas sobre las menos pudientes, de cómo se amasa una fortuna haciendo harina a los demás y se obvian los sentimientos de quienes no interesa considerar.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

La primera obra de arte en el espacio

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Orbital Reflector, una obra de arte en el espacio
Foto: Orbital Reflector

Hay muchos factores que nos distinguen como seres humanos, como seres inteligentes. Pero normalmente suele obviarse uno muy importante. Nuestra sensibilidad. Nuestra capacidad para realizar obras que, en principio, no tienen una función práctica más allá de la estética. Pero sí la tienen. Es lo que llamamos arte.

Una obra de 30 metros

Desde muy pronto en el proceso evolutivo, las manifestaciones artísticas nos definieron tal y como somos. La cosa ha cambiado mucho desde las manos impresas en las paredes de las cuevas hasta hoy. Hoy cuando nos planteamos lanzar la primera obra de arte al espacio.

Se trata de Orbital Reflector. Lo que, de momento es un proyecto, pero sigue avanzando a través de una plataforma de crowdfounding. Orbital Reflector será una escultura monumental que nos mirará desde más allá de la atmósfera.

Lógicamente, su montaje requerirá una importante misión espacial. La estructura viajará en una nave y una vez alcanzada la órbita correcta se inflará para desplegar todo su tamaño. Una especie de rombo tridimensional de 30 metros de largo. En sus caras contará con materiales reflectantes que reflejarán la luz del Sol. Y ahí, suspendida en la nada, lejana e inaccesible, la obra girará acompasada con el planeta durante dos meses.

Nuestro lugar en el Cosmos

Trevor Paglen es el autor de esta obra. Su idea es utilizar la ingeniería aeroespacial para remarcar nuestro lugar en el Cosmos. Nuestra relación con las estrellas, cuya luz devolverá al espacio.

Paglen está trabajando con el experto en tecnología aeroespacial Zia Oboodiyant para el desarrollo del artefacto. Y para su ubicación en órbita cuenta con el apoyo de SpaceX Factor 9, la división empresarial de Elon Musk que busca crear los primeros viajes turísticos al espacio.

¿Cuál puede ser la función de colocar una obra artística en el espacio, donde nadie podrá admirarla? Pues una vez más, remarcar nuestro lugar en los arrabales de la Vía Láctea. Definir nuestra especie como esos seres inteligentes y sensibles capaces de realizar grandes proyectos que no tienen una finalidad clara. Más allá de poner una piedra más en nuestro camino de conquistar las estrellas.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

12.000 toneladas de cáscara de naranja salvan un bosque

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Costa Rica, 1997. Mil camiones hasta arriba de cáscaras y pulpa de naranja aparcan en el área estéril de un parque natural, y desparraman su carga. En 2017, la zona es verde y en su seno nacen viñedos, gracias a un aumento del 176 por ciento en su biomasa, y ha mejorado notablemente la madera de sus árboles. El milagro es obra de dos investigadores de la Universidad Princeton (Estados Unidos), Daniel Janzen y Winnie Hallwachs, en alianza con Del Oro, un fabricante de zumo de naranja. Acaban de publicar los resultados de su trabajo en la revista Restoration Ecology.

Interrumpido por un juicio

Ya seis meses después de que se echaran las cáscaras de naranja, el suelo comenzó a regenerarse. El proceso se vio interrumpido porque la empresa TicoFruit, competencia de Del Oro, denunció a esta segunda por el vertido, y el conflicto se libró en el Tribunal Supremo de Costa Rica, que falló a favor de la Tico Fruit. Así, el proyecto se redujo considerablemente en número de cáscaras de naranja. Con todo, cuando se hizo un seguimiento tras dieciséis años, el paisaje del bosque ya había cambiado radicalmente. El suelo, creyeron los impulsores del proyecto, que inicialmente estaba muy degradado, estaba entonces rejuvenecido. Es más, tuvieron que viajar dos veces para analizarlo porque no lo reconocían.

Ahora, los científicos han medido y etiquetado los árboles del bosque a menos de 3 metros para detectar cuánto de su crecimiento se debe a las cáscaras de naranja, y ha resultado que el área donde se echaron las cáscaras de naranja es más rica en biomasa, y hay más diversidad de especies arbóreas.

Se pretende ahora extrapolar el experimento a otros escenarios similares, para entender que las naranjas, que suelen desecharse en vertederos, pueden utilizarse por esta vía regeneradora.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

El profesor que cambió la historia de la música

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The Beatles
Foto: VARA

Un humilde profesor español cambió la historia de la música. O la menos, acercó la música del grupo más grande de la historia todavía más a sus millones de fans. Un maestro que en el lejano 1966 ya utilizaba métodos modernos para enseñar inglés a sus alumnos en un colegio de Cartagena. Juan Carrión Gañán, que falleció la semana pasada protagonizó una bella y sorprendente historia.

Inglés con canciones

Carrión ponía las canciones de la banda de Liverpool a sus alumnos. Y así les enseñaba léxico, gramática y fonética inglesa. Pero alguna palabra se le escapaba al profesor. De repente, el acento de McCartney o Lennon le impedía desentrañar la estrofa completa.

En 1966, Lennon hizo un aparte en su labor como parte creativa de los Beatles y se fue al desierto de la provincia española de Almería para formar parte de la película How I Won The War. El film era dirigido por Richard Lester, que ya había colaborado con la banda en los dos primeros filmes de los Beatles. Y Lennon encontró una buena excusa para airearse del opresivo ambiente que siempre les rodeaba.

Carrión se enteró de que Lennon andaba cerca y no corto ni perezoso se puso en marcha. El objetivo era plantarse delante de Lennon y preguntarle por esas palabras que se le habían escurrido. Contra todo pronóstico, logró su objetivo. En un receso del rodaje, Carrión consiguió deslizarse entre la seguridad y el equipo de rodaje y llegar hasta su ídolo.

Letras en discos

Lennon, muy atento, dedicó unos minutos al profesor. Le aclaró sus dudas sobre algunas canciones y le hizo una promesa. Hasta es posible que le tocara algunos acordes de la canción que componía por aquellas fechas: Strawberry Fields Forever. Pero es un toque romántico de la historia.

Lo que sí es cierto es que gracias a Carrión los Beatles comenzaron a incluir los textos de sus canciones en la publicación de sus discos. Y el primero fue el considera mejor disco jamás grabado. Si ves una copia de Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band, dale la vuelta. Ahí verás los textos de cada una de las composiciones. Entonces, cuando estés cantando cada canción, no olvides agradecérselo al un sencillo profesor español.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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