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¿Desayunar en Tiffany´s? Es posible

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Pixabay

En 1961, Audrey Hepburn observaba el escaparate de Tiffany`s. en la película “Breakfast at Tiffany’s” (“Desayuno con Diamantes”) mientras desayunaba un croissant y café. Hoy, tal vez hubiera desayunado en la cuarta planta de la icónica joyería porque acaba de inaugurar su nuevo Blue Box Café.

Tiffany & Co ha sido la joyería de lujo por excelencia desde 1837. Ahora, cincuenta y seis años después, con la apertura del Blue Box Café en la tienda insignia de la compañía -la Quinta Avenida de Nueva York-, también es uno de los cafés más glamurosos de la ciudad.

 

 

Los menús de Tiffany´s

El espacio inaugurado en noviembre de 2017, es amplio y luminoso y está completamente decorado en su clásico color azul; desde las paredes hasta la vajilla. Sus menús de temporada irán evolucionando con cada estación del año y reflejarán una versión sofisticada de platos clásicos de Nueva York, reinventados para ser “únicamente Tiffany”.

Uno de sus platos estrella; el desayuno “Breakfast at Tiffany” (desde 29 dólares), se sirve con café o té, croissant, frutas de temporada y un plato principal: Pila de salmón y bagel ahumada, Huevos de trufa, Tostada de aguacate (vegano) o Waffle buttermilk.

También ofrece un almuerzo (39 dólares), que incluye un entrante y platos principales como la ensalada de la Quinta Avenida, con aderezo de langosta, pomelo y semilla de amapola de Maine, y salmón escalfado en aceite de oliva, con caviar y patatas rotas o “Charles Lewis Tiffany Club Sandwich” con pollo lechuga, tomate y pan de centeno.

El menú “Tiffany Tea” (49 dólares), incluye tés de Bellocq y una selección de bocadillos y productos de panadería. También se pueden degustar otros dulces y bebidas calientes, desde un expreso (5 dólares), hasta brownie de coco o una porción de tarta de queso, de limón, de manzana o de mousse de chocolate (12 dólares).

En cuanto a las bebidas, además de su enorme selección de tés y cafés, se pueden degustar zumos especiales de frutas y verduras (9 dólares).

Entre otras, sus especialidades: Ruby: remolacha, limón y jengibre. Esmeralda; gotas de miel, pepino, perejil y manzana granny smith. Red Opal Spritz; arándanos, lima y miel. O Citrine; pomelo, lavanda y agua de soda.

Puedes disfrutar de todo esto con unas vistas excelentes a Central Park y, además, abre todos los días de la semana. ¿Qué pensáis? ¿Crees que Holly Golightly, Audrey Hepburn en la película, habría subido?

John Loring, director de diseño de Tiffany & Co, cuenta que una vez alguien les preguntó: ¿Qué es Tiffany? Eleanor Lambert, su publicista maravillosa —tal y como él la califica—, respondió que soñar es divertido, soñar es romántico, de eso se trata. Eso es Tiffany.

 

Artículo remitido por: Marian Fernández Largo

Colaboradores

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Las peores contraseñas que hemos usado este año

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El nombre del novio, la novia, el perro, un insulto, una palabrota o lo que es peor: una obviedad. Un año más, SplashData, la empresa que cada año publica la lista de las contraseñas más utilizadas, y en gran medida por eso las más inseguras, vuelve a hacer lo propio con el top de nuestras peores claves.

¿Qué hacer si alguna de nuestras contraseñas se ecuentra en esta lista negra de la seguridad? Los expertos recomiendan cambiarla. El conjunto numérico “123456” encabeza la lista por quinto año consecutivo. Lo sigue “password”, en su caso por cuarto año consecutivo. Las siguientes en la lista son distintas versiones de “12345678”, “qwerty” y “12345”.

Contraseñas que usa el 10 por ciento de la población

“Usar una de las contraseñas en esta lista pondría a los usuarios en un grave riesgo de robo de identidad.”, ha explicado SplashData. La compañía dice que se estima que casi el 10% de la gente ha usado al menos una de estas 25 contraseñas y casi el 3% de la gente ha usado la peor contraseña de todas: “123456”, según The Independent.
Las contraseñas evaluadas en el informe las usan, mayoritariamente, habitantes de América del Norte y del Oeste de Europa. “Los dos últimos años han sido particularmente devastadores para la seguridad de datos, con varios hacks publicitados, ataques, rescates e incluso intentos de extorsión. Millones de archivos han sido robados.”, añaden.
Desde SplashData se recomienda que se usen contraseñas de, al menos, 12 caracteres, usando una composición de diferentes tipos de caracteres así como una mezcla de mayúsculas y minúsculas.
La compañía también recomienda usar una contraseña diferente para cada una de tus cuentas, aunque puede ser difícil memorizar varias contraseñas a la vez.
La lista de las 25 peores contraseñas del año elaborada por SplashData es esta:
1. “123456”
2. “password”
3. “12345678”
4. “qwerty”
5. “12345”
6. “123456789”
7. “letmein”
8. “1234567”
9. “football”
10. “iloveyou”
11. “admin”
12. “welcome”
13. “monkey”
14. “login”
15. “abc123”
16. “starwars”
17. “123123”
18. “dragon”
19. “passw0rd”
20. “master”
21. “hello”
22. “freedom”
23. “whatever”
24. “qazwsx”
25. “trustno1”

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

¿Qué celebramos en Navidad?

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Calle iluminada en Navidad
Foto: Jordan Messenger

¡Feliz Navidad! Disfrutad de la época del amor, de los buenos sentimientos, los regalos y las comilonas. Esas fiestas en las que celebramos el nacimiento de Jesús hace 2017 años. Pero, ¿realmente celebramos eso?

“Io, saturnalia”

Aunque a veces se pase por alto, la religión cristina, como todas las que han existido, ha tomado tradiciones de otras creencias y culturas para ir configurando sus propias liturgias. Este sincretismo ha llegado hasta nuestros días, adaptándose a los tiempos.

En cuanto a la Navidad, la teoría más aceptada es que es la traslación de la fiesta romana de las saturnales. Esta era la celebración más importante de la Roma antigua. Cuando todo se igualaba y los ciudadanos se dedicaban a comer, beber y regalar. ¿Os suena?

Las saturnales tenían lugar en la tercera semana de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno.

El día más corto del año era el momento en el que todos se juntaban para gritar “Io, saturnalia”, una especie de ¡feliz Navidad! de la época contemporánea al nacimiento de Jesús.

Los reyes, los niños

Como en nuestros días, eran días en las que las escuelas y comercios cesaban su actividad y las casas y calles se decoraban con motivos especiales. Incluso los conflictos bélicos se detenían.

El tiempo libre se empleaba en reuniones familiares y de amigos en las que corría el vino y las viandas. En estos encuentros se intercambiaban regalos, normalmente de poco valor.

Uno de los aspectos más sorprendentes a nuestros ojos era la tradición de alterar lo roles. Los esclavos podían ordenar a los amos y los niños pasaban a ser los gobernantes. Bueno, bien pensado esto último no es tan distinto a hoy en día, cuando los más pequeños son el centro de atenciones, especialmente en Navidad.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

La OMS reconoce el trastorno por videojuegos como un problema de salud mental

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Es un patrón de comportamiento que se caracteriza por un patrón de comportamiento de juego “continuo y recurrente” en el que “el juego tiene prioridad sobre otros intereses de la vida”. Así define la Organización Mundial de la Salud (OMS) el trastorno por videojuegos, que acaba de reconocer como salud mental.

La organización sanitaria reconoce este trastorno cuando existen tres condiciones negativas provocadas por el mal uso de los videojuegos: la primera, cuando el individuo no controla la conducta en lo que se refiere al inicio, frecuencia, intensidad, duración, finalización y contexto en que se juega. Además, este trastorno se considerará grave cuando aumente la prioridad que se da a los juegos frente a otros intereses y actividades diarias y si las conductas se mantienen a pesar de la aparición de consecuencias negativas.

Decisión controvertida

Esta decisión de la OMS no está exenta de polémica. Se ha barajado desde hace tiempo, generando el rechazo de ciertos sectores. Con ella, cualquier trastorno asociado a los juegos formará parte de la Clasificación Internacional de Enfermedades, a partir de su próxima actualización, que se publicará a lo largo de 2018 (la anterior es de 1990). Y se tratará como una enfermedad mental, o, en palabras de este documento, el trastorno derivado del juego será tratado como una condición de salud seria “que deberá tratarse a través de un seguimiento”.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

El cambio climático es aburrido

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Erik Solheim, director ejecutivo UNEP
Foto: UN

No hay nada peor que una noticia importante que pase inadvertida. Y eso sucede cuando la noticia se repite hasta el hartazgo. Cambian algunas palabras y un poco la situación, pero el mensajes siempre el mismo. ¿puede estar ocurriendo eso con el cambio climático?

El interés continua

Los medios hemos de entonar el mea culpa. Informamos mucho sobre el cambio climático. Y casi siempre de forma similar. Cabe la posibilidad de que esa actitud esté convirtiendo el asunto en algo aburrido. Que cada vez que un lector ve “cambio climático” ya se componga en su cabeza de qué va el texto y decida directamente ignorarlo.

Erik Solheim, director del Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas (UNEP) advertía contra este fenómeno hace unos días. Para Solheim la gente sigue interesa en todo lo que tiene que ver con el clima y sobre todo en las implicaciones más directas. La prueba es que “huracán Irma” fue una de las búsquedas más frecuentes el año pasado.

Lenguaje técnico

Pero sí hay evidencias de que la gente se está cansado de la reiteración y del lenguaje técnico. “El lenguaje de los ambientalistas se está volviendo cada vez más aburrido y muy poco inspirador. Si seguimos hablando con términos técnicos, con abreviaturas y un lenguaje políticamente correcto, nadie nos escuchará”, advertía Solheim.

Parte del problema ha venido derivado de la necesidad de dar una pátina científica al fenómeno. Para evitar las críticas de los negacionistas se ha recurrido a una gran cantidad de datos y de descripciones de procesos físicos que quedan muy lejanos para le gran público. No se ha conseguido convencer a los que no quieren ser convencidos, pero sí se ha despegado el mensaje de la gente.

“No podemos pretender que la gente actúe si les aburrimos. Necesitamos excitar a los ciudadanos, inspirarles, motivarles para que actúen y cambien su manera de actuar”, concluyó Solheim.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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