‘Star Wars: Los últimos Jedi’: cuando la saga gira a los millennials

Hay mucha más creatividad y sello personal en Star Wars: El despertar de la fuerza, Star Wars: Los últimos Jedi, escrita y dirigida por...

Un búnker para preservar la cultura

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Norueba alamacena libros en un búnker para preservar la cultura
Foto: Raysonho @ Open Grid Scheduler / Grid Engine

Lo hemos visto en películas y hasta en la Biblia. Incluso en la realidad. Ante la posibilidad de un cataclismo global que acaba con parte de la raza humana sobre la Tierra y con los animales, es necesario salvaguardar su legado. Su ADN. Y así, Noé construyó un arca y los humanos actuales búnkeres. Incluso hay espacio para guardar semillas en el caso de que algún día sean necesarias.

Cultura para repoblar mentes

¿Pero qué sucede con los libros? ¿Qué pasa con eso que realmente nos diferencia y nos hace humanos? ¿Qué pasa con los libros? ¿De qué servirá sobrevivir a una catástrofe global si cuando emerjamos de las ruinas se ha perdido todo el conocimiento humano?

Eso es lo que piensan en Noruega. En el país escandinavo ya crearon en 2008 lo que denominaron la bóveda del fin del mundo. Un reservorio de semillas con las que repoblar la tierra en caso de que suceda algo que la arrase. Y ahora se han propuesto hacer lo mismo con la cultura. Crear un búnker en el que acumular libros con los que repoblar las mentes en el caso de que algo realmente grave pasase.

Archivo Mundial Ártico

Se trata del Archivo Mundial Ártico. En este lugar se plantea alojar los libros más importantes del mundo. Obras literarias de todos los estilos y monografías científicas. El lugar elegido no ha sido al azar. Se ha buscado un enclave lejos de la civilización. En concreto en el archipiélago escandinavo de Svalbard.
Se trata de una zona que, en principio cuanta con una mejora sustentación geológica. Esto hace que sea más resistente a terremotos, grandes detonaciones y diferentes cataclismos naturales.

Pero quizá lo más curioso de todo el proyecto sea su parte tecnológica. Las autoridades encargadas del proyecto están trabajando con la empresa Piql. Se trata de una compañía especializada en convertir datos digitales en analógicos. Es decir, después de treinta años de desarrollo digital al final, resulta que es más eficaz guardar la cultura en un formato analógico. Vamos, en volúmenes de hojas de papel encuadernadas. Lo que comúnmente llamamos libros.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

La magnífica historia del post que casi no fue escrito

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Estoy tumbada en el suelo del salón de casa. Mi gata acaba de pasar por encima de mi barriga sin considerar que me está aplastando órganos vitales. Suena el teléfono fijo, pero me quedo mirando la pantalla en blanco del procesador de texto. Me corre más prisa escribir el post que no contestar al telefóno. Y, por cierto, ¿quién sigue llamando al fijo en 2017?

Una mañana sin inspiración

En lo que llevo de mañana juraría haber empezado 15 artículos: Cinco pasos para sentirte mejor a pesar de la depresión, los corazones rotos no están tan mal, cómo superar que llamaste borracha a tu ex y… Vaya, que llevo una mañana pensando en todas las cosas maravillosas que he hecho últimamente. Pero ningún artículo consigue superar los dos párrafos.

Porque superar los dos párrafos es importante. Es donde se sabe que un artículo va a algún lado. Y ahora que yo he superado los dos párrafos, prosigo con mi historia.

Como decía, ningún artículo se desarrolla y yo me estoy impacientando por momentos. Tengo la presión de hacerlo bien. No por nadie, sino por mí misma, pues últimamente las letras y yo hemos estado de capa caída y necesito un empujoncito. Algo que me anime a escribir con tanta facilidad como sé que puedo. Así que, antes de pegarle un puñetazo a la pantalla del portátil, lo aparto, me calzo las chanclas y voy en busca de mi libreta.

Un agradable paseíto todo lo cura

Cualquier repipi moderno sabelotodo sabe que en papel las cosas siempre salen mejor. Así que rescato mi libreta del montón de trastos que me atrevo a llamar “mis cosas” y pienso en que me hace falta aire. Escribir en la calle es siempre maravilloso. Mi hermosa torpeza existencial me lleva a olvidar muy convenientemente que es la 13.00h de julio en el hemisferio norte. Resumen, que estar en la calle es equivalente a estar en el peor círculo del infierno.

Pero no creáis que me rindo. Años viviendo en la misma ciudad han hecho que sea capaz de crear una ruta fresca y llena de sombra. Aunque, spoiler alert, sigue siendo la 13.00h de julio y el calor se va a sufrir igual.

Caminando, voy pensando en qué podria hablar. De qué ha hablado el mundo esta semana, de Frida Kahlo: semi diosa a la que yo no podría hacer honor ni aunque escribiera cien años; debates políticos para arrancarse el pelo de la desesperación, de que hace calor… pero, efectivamente, hace un calor terrible pero no creo que la gente quiera leer un artículo más sobre el calor que hace. Aunque, ¿os he dicho ya que es la 13.00h de julio y, por tanto, hace un calor de muerte?

Rincones bucólicos

Con mi muy (des)agradable pleícula fina de sudor por todo el cuerpo llego a una zona de las murallas de mi ciudad que tienen un pequeño jardín. Me siento, abro la libreta y todo empieza a resultar muy bucólico mientras pienso en grandes temas sobre los que escribir; como, por ejemplo, Frida Kahlo, de nuevo, “reconocer que uno lo está haciendo mal con todo” y “el turismo de masas nos va a destruir”. Grandes temas optimistas.

Cerca, hay dos niños de unos 7 años jugando. No soy fan de los niños, que es una manera elegante de pedir por favor que se alejen y MUCHO de mí. Pero uno de esos niños se me acerca sonriendo. Me enternece y le sonrío de vuelta. Incluso le saludo y es en ese preciso instante que el maldito crío me arrebata la libreta de las manos y la tira por tierra, huyendo a continuación.

Todos los papeles importantes que me obstino a guardar ahí dentro salen volando por todo el jardín y, muy de cerca, le sigue mi dignidad, que acaba entre las raíces de algún árbol. Miro al niño y me recuerdo en voz alta que pegarle a esa criatura podría causarme problemas con la polícia. Así que no lo hago, pero no porque no quiera. Recojo la libreta.

Y de repente, lo pienso. Caigo en lo difícil que puede llegar a ser escribir un post. En la cantidad de vivencia que hay que tragarse para conseguir un mínimo de inspiración y en lo mal que se pasa cuando se tiene un bloqueo de insparación.

Me levanto de ahí y me voy, no sin mirar profundamente mal a los niños que me están haciendo burla. Madre mía, cómo odio a los niños. Pero qué bien tener algo sobre lo que escribir.

 

Imagen en CC de Pixabay

 

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

‘Años salvajes’, del surf al Premio Pulitzer

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Pixabay

William Finnegan es periodista en The New Yorker, escritor y ha sido corresponsal de guerra en algunos de los conflictos más sonados de los últimos años. En 2016 ganó el prestigioso Premio Pulitzer, y fue por su aclamada biografía Años salvajes, centrada en gran medida en otra de sus habilidades, que ha atravesado su vida como una obsesión: el surf. Esta es una historia de amistad, familia y soledad. Una historia de aventura y evasión del mundo real. Es una historia compuesta de historias de muchas zonas del mundo, de una generación y sus anhelos, la libertaria generación estadounidense que fue joven en los 60. Y por encima de todo, es la historia de un objetivo vital, la búsqueda de la ola perfecta.

Todo comenzó en Hawai

Nacido en 1952, Finnegan comenzó a surfear siendo un niño, cuando se trasladó con su familia a California, y poco después a Hawai. Por aquel entonces no mucha gente se dedicaba a ello. Fue practicando, mejorando, acompañó a este deporte en su propia evolución, y su pasión por él lo llevó, siendo veinteañero, a decidirse a recorrer todos los continentes, junto con su colega Bryan Di Salvatore, en busca del mejor mar surfeable.

También corresponsal de guerra

Ni si quiera su prestigioso trabajo en The New Yorker, en cuya plantilla se integró en 1983, le hizo plantar al surf. Comenzó a ejercer de corresponsal de guerra, y allí donde se trasladaba se llevaba la tabla. Si de niño el surf le servía para desconectar del colegio y sus dilemas, ahora eran las grandes catástrofes bélicas con las que se encontraba de las que se evadía cabalgando el agua con la tabla bajo los pies.

Hoy, Finnegan, ya jubilado, sigue lanzándose a las olas, y lo cuenta en esta especie de On the road trasladado al mar, espléndidamente escrito y revelador, que nos enfrenta a lo que somos y a lo que querríamos ser, a otros horizontes, otras maneras y motivos de vivir y de motivos.

Años salvajes. Editorial Libros del Asteroide.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Descubren cómo revertir el alzhéimer y el párkinson

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Pixabay

Paralizar una enzima. Esa podría ser la clave para detener el avance tanto del párkinson como del alzhéimer, según un equipo de científicos de la Universidad Emory en Atlanta, Estados Unidos, que acaba de publicar, en la revista Nature Structural and Molecular Biology, el hallazgo que ambas enfermedades tienen una enzima común en su origen.

Se trata de la enzima asparagina endopeptidasa o AEP, e impulsa la neurotoxicidad en las enfermedades neurodegenerativas de alzhéimer y de párkinson. Si se frena esa toxicidad, se podría revertir el avance de ambas dolencias. Así, el fármaco para hacerlo en ambos casos podría ser esencialmente el mismo.

Dos proteínas, un mismo origen

Esto significaría que, si bien se trata de enfermedades muy diferentes, aunque sean neurodegenerativas las dos (afectan a regiones distintas del cerebro), la asparagina endopeptidasa (AEP) es capaz de recortar y hacer más viscosas y tóxicas las proteínas que hacen que avance el párkinson y el alzhéimer. En el caso del párkinson, la proteína que lo hace avanzar es la alfa-sinucleína, y en el caso del alzhéimer, se llama tau. En ambos casos, son proteínas capaces de matar células cerebrales.

El párkinson, por su parte y según lo define Fedesparkinson, afecta “al sistema nervioso en el área encargada de coordinar la actividad, el tono muscular y los movimientos”. Sus síntomas se manifiestan cuando se produce una importante pérdida de las neuronas encargadas de controlar y coordinar los movimientos y el tono muscular, neuronas localizadas en la zona de unión entre el cerebro y la médula espinal, el tronco del encéfalo. A medida que desaparecen esas neuronas, se deja de producir una sustancia llamada dopamina, un aminoácido que, en el cerebro, actúa como neurotrasmisor, es decir, que es capaz de transportar información desde un grupo de neuronas a otro a través de mecanismos químicos y eléctricos. Y por esa pérdida de transmisión, se sufren los síntomas de la dolencia.

El alzhéimer, por su parte y según explica la web de la Fundación Pasqual Maragall, es una demencia que suele seguir un curso progresivo, y afecta a distintas funciones cognitivas y de conducta. Su síntoma cardinal e inicial son los fallos de memoria, causa de la afectación precoz del hipocampo que se produce en las primeras fases de esta enfermedad, pero posteriormente se produce la afectación de otras áreas cognitivas y conductuales que acrecentarán la demencia. La enfermedad afecta a un 5-15% de la población mayor de los 65 años, aunque también puede afectar a pacientes más jóvenes. Representa más del 50% de las demencias.

Prueba en animales

Inhibiendo la mencionada enzima con un fármaco, se puede parar y revertir el desarrollo de ambas enfermedades neurodegenerativas. Así lo han demostrado, por ahora, los ensayos clínicos con animales, que han mostrado que un fármaco que inhibe la asparagina endopeptidasa (AEP) evita la toxificación de las proteínas.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Repoblación de elefantes en África

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Elefantes en el Parque Liwonde de Malawi
Foto: Brian Dell

El ser humano. Ese animal que hace mucho tiempo se adueño de este planeta. Esa especie inteligente que, por ello, es capaz de lo mejor y de lo peor de acabar con los elefantes en una zona de África y ayudar a su expansión en otra. Y así todo.

Elefantes de un parque a otro

Y claro, cuando se acaba con los elefantes en una zona y en otra empiezan a ser demasiados, solo hay una solución llevarles de un lugar a otro. Eso es lo que está haciendo ahora la ONG conservacionista African Parks en Malawi. La organización se está encargando de llevar nada menos que 500 elefantes desde los parques nacionales de Liwonde y Majete a la Reserva Nkhotakota, en el norte del país.

Pero llevar elefantes de un lugar a otro no es precisamente como pastorear ovejas. Los enormes mastodontes de varias toneladas no obedecen precisamente las indicaciones. Así que el proceso está siendo más radical. Familia a familia, los activistas están durmiendo a cada ejemplar. Y después se transportan a su nuevo hogar.

Un peligro para el entorno

No es la primera vez que la organización acomete un proceso de este tipo. En 2003 comenzaron a trabajar en el parque de Liwonde. Entonces la población de paquidermos habían descendido por debajo de los 400 ejemplares. Hoy, hay más de 800 elefantes en la zona. De ahí que algunas de las familias se “exporten” a otras zonas.

Sobre todo porque la superpoblación estaba empezando a amenazar los alrededores de la reserva. Los animales salían de los límites y estaban comenzado a dañar cosechas, destrozar viviendas e incluso matar a alguno de los habitantes de los pueblos cercanos.

Ahora la solución es ir uno por uno, dispararles dardos tranquilizadores y cargarlos varios cientos de kilómetros. Las familias se transportan y liberan juntas. Y cabe pensar que después de unos minutos de aturdimiento por las drogas y la nueva ubicación, andarán felices en su nuevo y amplio hogar.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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