Algunas novedades musicales con las que ir terminando la semana

Albert Hammond Jr – Far Away Truths Otra píldora del cuarto disco en solitario del guitarrista de The Strokes, el americano Albert Hammond Jr,...

España concentra el 95% de los cultivos transgénicos de Europa

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Pixabay

Probablemente el planteamiento de si es o no oportuno integrar los alimentos transgénicos en nuestra agricultura y dieta sea uno de los temas más polémicos de los próximos años.

Entre tanto, España se ha posicionado como el único país del continente europeo en el que los cultivos transgénicos han alcanzado una superficie agrícola realmente significativa: fueron 129.081 hectáreas las que se cultivaron con variedades vegetales transgénicas en 2016. De ellas, 46.546 corresponden a Aragón, 41.567 son de campos de cultivo de Catalunya y 15.039 hectáreas de Extremadura; seguidos de Andalucia, Navarra y Castilla-La Mancha.Y en concreto, se cultivó el maíz transgénico MON-810 creado por la multinacional Monsanto.

La cifra supone un aumento del 19,8% respecto a la extensión cultivada con maíz transgénico en España en 2015, según el balance anual mundial elaborado por el Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones de Agrobiotecnología (ISAAA, por sus siglas en inglés), organización sin ánimo de lucro que apoya el uso de cultivos biotecnológicos.

Tras España, Portugal

Tras España, los únicos países europeos con transgénicos son Portugal (7.069 hectáreas en 2016), Eslovaquia (138 hectáreas) y la República Checa (75). Rumanía, Polonia y Alemania, que en años anteriores tenían pequeños cultivos transgénicos, no cosecharon ninguna extensión con esta variedad en 2016.

El informe del IASSS recuerda que en Europa, en la práctica, la normativa actual solo hace posible el cultivo de una variedad vegetal transgénica, el maíz MON-810 creado por la multinacional Mosanto para combatir las plagas del insecto conocido como taladro del maíz. Según esta entidad, si se autorizara la utilización de otras variedades transgénicas los agricultores europeos incrementarían el uso de este tipo de vegetales.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Inventas los spinners, lo petas y no ves un duro por las patentes

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Catherine Hettinger

La inventora detrás de la manía de los “spinners” comenta que ella no está haciendo un duro porque no podría permitirse los $ 400 para renovar la patente.

Catherine Hettinger diseñó el dispositivo hace 20 años para entretener a su hija. Ver la página original del invento en Kick Starterts.

Ella se vio obligada a renunciar a su patente en 2005 después de que el interés en su juguete declinó.

Catherine Hettinger surgió originalmente con el concepto hace 20 años como una forma de ocupar a su hija y ayudar a los pacientes con TDAH, pero sólo recientemente se ha convertido en una locura y decenas de millones de unidades se han vendido.

La mujer de 62 años tenía una patente desde 1997 hasta 2005, pero no fue capaz de pagar la tarifa para renovarla que eran $ 400.

Esto significa que la Sra. Hettinger, de Florida, tiene que sentarse y ver a las compañías desarrollando la versión moderna de su invención, sin conseguir dinero.

El interés de las compañías de juguetes se hundió, obligando a Hettinger a renunciar a la patente. Ahora, dos décadas más tarde, su popularidad entre los niños está en auge.

Cuando empezó a venderlos, tuvo un éxito razonable, vendiendo suficientes unidades para compensar, pero el interés de las principales compañías de juguetes se sumergió y se vio obligada a renunciar a la patente.

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

El peligro de haber llenado el espacio de basura

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La basura espacial se acumula alrededor del planeta
Imagen: ESA

Qué especie. Hay muchas cosas que nos caracterizan como humanos, pero quizá una de las que más nos distingue es nuestra prodigiosa capacidad para generar basura. Parece que es una cosa que une a todas las culturas, edades y géneros. Tras de nosotros vamos dejando un rastro maloliente de basura.

750.000 objetos, pura basura

Cómo será la cosa que nuestra manía por dejar los desperdicios tirados en cualquier lugar. Hasta en el espacio. Resulta que hay un serio problema con la basura espacial. Con los miles de toneladas de ingenios espaciales que se han ido quedando allí colgados desde que en los sesenta nos lanzamos a la conquista espacial.

La Agencia Espacial Europea (ESA) ha alertado de la situación en las inmediaciones del planeta. Nada menos que 750.000 pequeños objetos andan perdidos dando vueltas a la Tierra. Y ya sabemos lo que eso significa. Basta haber visto la primera secuencia de Gravity para darnos cuenta de que la basura espacial bien podría denominarse metralla espacial.

Una granada de un centímetro

Una pieza insignificante, de menos de un centímetro, que golpee a un satélite o a un transbordador tendrá el efecto de la detonación de una granada. Es el resultado del efecto de la velocidad a la que estos cuerpos orbitan. Y cada nuevo impacto genera más residuos, más metralla.

Hay zonas del espacio inmediato a la Tierra tan llenas de basura que entre un satélite y otro hay menos de 200 kilómetros de distancia. A este ritmo, muy pronto habrá que evitar que los viajes espaciales crucen por ciertas áreas.

Claro que la solución tampoco es sencilla. Desde la propia ESA han propuesto varias soluciones que van desde las más tecnológicas hasta las más imaginativas. Por ejemplo, el empleo de robots que capturen los residuos y los lleven a la estación espacial o a una nave que los devuelva a la Tierra. También plantean capturar desechos con redes o elementos magnéticos.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Las madres son tan poderosas que ni la muerte las para

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Mi madre era un girasol, siempre buscando la luz, siempre fuerte y llena de color. Pero tuvo que irse pronto, aunque no por ello su impacto fue menor. Es más, probablemente precisamente fue su marcha la que me enseñó tanto sobre el amor maternal.

Una fecha señalada

El primer domingo de mayo es el día de la madre en España y todos nos volcamos hacia nuestras figuras maternas. Todos queremos un poco más a una persona que ha dado tanto por nosotros como lo es nuestra madre. Nos paramos a apreciarla, pero algunos desde el recuerdo, desde la lejanía que impone la muerte.

La fuerza de una madre

Las madres son sabias aunque ni ellas mismas sepan apreciarlo. Aunque ni nosotros seamos lo suficientemente humildes para reconocerlo. Ellas nos construyen con herramientas hermosas como lo son la protección, el amor, los mimos. La mayor fortuna es tener el abrazo sincero de una madre.

Son tan poderosas que incluso enseñan cuando no están. De su ausencia bebemos y crecemos gracias a ella. La muerte siempre es triste pero no tiene por qué ser vacía. Poder contemplar a mi madre desde una barrera infranqueable me ha hecho afortunada incluso en la desgracia, porque me ha enseñado que tuve la suerte de tener a alguien que me hizo enfadar tanto como sonreír, pues siempre conseguía que de mis enfados, me riera.

Una muerte compleja

Cuando murió me sentí desorientada. Mi luto fue complejo. Es un sentimiento extraño levantarse un día y, de repente, no tener madre. Es sentir un mimebro fantasma justo en el centro del pecho, peligrosamente cerca del corazón. Nunca entendí durante lo que duró su vida sinceramente qué significaba realmente ella para mí, pero esa primera mañana fue como lavarse la cara con agua fría. Mi madre era mi madre. Algo tan poderoso como inexplicable, completo en toda su definición.

Mi madre no me dió la vida, la hizo. No me moldeó, me ayudó a crearme. Era cómplice de algo tan complejo como lo es una vida entera. Por ello, cuando ya no la tuve a mi lado fue difícil aceptar que, desde aquel momento y habiéndola perdido jóven, era yo contra el mundo.

Del dolor, el aprender

A raíz de la muerte de mi madre aprendí muchísimas cosas. Primero, que nunca tuvimos una pelea de verdad. Ninguna de ellas realmente importó ni importará. Fueron riñas habituales entre madre e hija, pero nada más; que con la gente a la que quieres tanto es imposible pelearse, pero siempre aprendéis a perdonaros. Aprendí que la capacidad de amar tanto como una madre era la mejor cosa que podía pasarte, pues te convertía en alguien capaz de entender la compasión, el cariño, el amor, la responsabilidad y la necesidad desde una perspectiva casi divina. Es más, ya quisiera Dios haber sido madre, en lugar de solo Dios.

Aprendí que el amor no se pierde nunca. Lo acumulamos en reservas infinitas. Lo mejor es que se retroalimenta: del amor solo puede salir más amor. Las madres están ahí para cedernos su amor, para crearnos esas reservas. La primera caricia la aprendemos de ella y a partir de ahí es un suma y sigue. A partir de entonces, lo que tenemos para dar a los otros son reminiscencias de un amor tan puro como lo fue el de mi made hacía mí y a la inversa.

Aprendí que hay vínculos que superan las expectativas humanas. Humanos complejos a la par que estúpidos, incapaces de comprender algo tan básico como el amor de una madre. Mientras la tenemos en nuestra vida la cuantificamos, la explotamos en productos derivados como los tuppers de comida, la ropa cosida y el cuidado de nosotros o nuestros propios hijos. Pero pocas veces nos sentamos a apreciar la verdadera función de una mandre: ninguna. Nos quieren gratuitamente y nosotros lo tomamos como un derecho, en lugar de un privilegio. Y este probablemente sea el vínculo más profundo que exista, incomprensible en su faceta ilógica, prácticamente loca.

Todo sigue, pero nada es igual

Es duro seguir día a día sin mi madre. Una madre a la que no voy a romantizar pues era una sinvergüenza que me hacía rabiar, que se burlaba de mis estupideces adolescentes y que siempre sabía preguntarme lo que más vergüenza me daba. Pero también una madre que consideró que lo más bonito que podía tener en su vida era el abrazo de sus hijos. Hoy, tarde, pero muy consciente, yo también creo que lo más bonito que puedo tener es el abrazo de mi madre.

Así que abrazad a vuestras madres y miradlas por primera vez como lo que son: seres humanos magníficos, llenas de amor incalculable, cómplices de nuestra existencia que se completa gracias a ellas y compañeras de vida, pues la marca que te dejan forma parte de ti hasta la última célula.

 

(Dedicado a mi mamuchi)

 

 

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

Una novela que habla a la vez de especulación en el arte e industria farmacéutica

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El autor colombianoJuan Cárdenas  publica su tercera novela, Ornamento, y comisaría una exposición de artistas emergentes de su país en Tabacalera Madrid.

Si en su segunda novela, Los Estratos, Juan Cárdenas (Colombia, 1978) coqueteaba con el género detectivesco, en la tercera, Ornamento, que acaba de lanzar en España la editorial Periférica, este autor, que nada tiene que envidiar a literatos de referencia, paisanos suyos, como Juan Gabriel Vásquez, Laura Restrepo o Santiago Gamboa, se aproxima al género fantástico, para invitarnos a tomar conciencia de la sociedad especulativa en la que vivimos, así como de la influencia de la educación y el estatus en la sociedad colombiana.

Esta absorbente y magnífica novela breve, con mucha influencia del clásico Las Hortensias, del escritor uruguayo Felisberto Hernández, parte de un experimento científico. Un médico prueba, en varias mujeres-cobaya, una droga que únicamente tiene efecto en el género femenino. El placer sexual que provoca (acaso en un intento por abundar en la célebre frase de Erich Fromm “en una cultura no orgiástica, el alcohol y las drogas son los medios a su disposición”), su escaso coste de producción y el perfil de clase alta en el que se pretende inocular la necesidad y dependencia de esta sustancia, hace que en la multinacional que la produce se froten las manos ante las expectativas de ingresos millonarios. En paralelo a su investigación profesional, el doctor protagonista capea los vaivenes del carácter cambiante y cocainómano de su mujer, una artista contemporánea de éxito, cuyos discursos teóricos también nos conducen a devanarnos los sesos en torno al efecto de la especulación económica en otro sector, el del arte. Dos vertientes, la de la industria farmacéutica y la del arte, de una misma sociedad, la de mercado, sometidas a idénticas dinámicas. Ningún precio resulta desorbitado mientras haya alguien dispuesto a pagarlo.

De nuevo, Cárdenas ha echado el resto en su construcción literaria. En un interesante callejeo estético, en la primera mitad de la obra saltea el discurso del narrador con mini monólogos que se marcan las mujeres-cobaya cuando están dormidas bajo el efecto del estupefaciente en estudio; eso sí, se trata de soliloquios ordenados ortográficamente, que nadie espere la experimentación con larguísimas frases de Molly Bloom en Ulises. Y, ya avanzado el relato, en un estupendo y sólido volantazo de la trama, lo que parecía un interesante diario médico se reconvierte en una historia más intimista, a raíz de que el investigador se complique la vida con una de las mujeres-cobaya, de cuyos soliloquios obtiene interesantes revelaciones en relación con la educación de la familia colombiana burguesa, en particular en lo referido a las mujeres, a lo que esa subsociedad elitista espera de ellas, y en relación con sus frustraciones personales.

Nos saludan, desde las páginas de este libro, de forma cruda y sin anestesia, las obsesiones de Juan Cárdenas: la sociedad iberoamericana actual y su impregnación de pasado; el arte contemporáneo (será debido a los años que el autor trabajó en una galería); la forma como nuestra mente regurgita los recuerdos y estos nos marcan el presente; la creación y destrucción de los matrimonios burgueses y modernos, en climas casi tan inquietantes como los de Haneke; los juegos de varias voces en un mismo personaje.

Se trata de una excelente obra con la que este autor da un paso más en su consagración, también apreciable en su evolución editorial: comenzó publicando en la modesta 451 Editores, y ahora ya pertenece a la casa Periférica, una de los mejores sellos del panorama español.

 

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

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