Un meteorito causa pánico en Detroit

En ciertas ocasiones ocurren cosas muy cerca de nosotros que nos ponen en nuestro lugar. No hace falta salir al espacio, algo que muy...

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Los amigos de Mil Contratos han preparado una serie de modelos que permiten a cualquier empresa y trabajador organizar de forma legal la contratación. Estos modelos de contratación laboral en origen nos permiten poder contratar a personas en origen así como definir la relación entre la empresa y el empleado.

Lo más seguro es que el primer modelo que tengamos que emplear es el de la oferta de empleo genérica de carácter temporal. Esta oferta permite a la empresa presentar la oferta de empleo de forma legal ante profesionales que residan en el extranjero.

Una vez terminado el proceso de selección, se pasaría a una contratación, pero como este tema es algo complejo, lo mejor es contactar con los amigos de Mil Contratos y que te ayuden a cerrar tus contratos.

Trabajar en España es una buena oportunidad para mucha gente, pero hazlo de forma legal y sobre todo defendiendo tus derechos.

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

¿Cómo hacer que lea la Generación Z?

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Pixabay

Nunca ha sido tarea fácil. Padres que no colaboran, lecturas obligatorias muy discutidas en los colegios y, hoy, una Generación Z (nacidos en torno a 1996) que vive entre pantallas. Meterles en el cuerpo a niños y jóvenes el gusanillo de leer es una aventura sin garantías de final feliz. Adentrémonos en ella. Feliz Día del Libro.

Dicen las estadísticas que los niños y los jóvenes españoles leen más que sus padres. Por decirlo con números, casi un 70% de los jóvenes de entre 10 y 24 años leen al menos media hora de libros a la semana, y, de acuerdo con el informe Comercio Interior del Libro en España 2013, las colecciones infantiles y juveniles representaron casi el 24% del total del sector editorial. Pero no caigamos en la trampa. Esto es así porque a los chavales los obligan a leer en clase. Después, se acabó el cuento.

Y no es que esté mal que los niños deban leer por obligación. “La lectura debe tener un acceso lúdico, pero no exclusivamente. También hay que guiar, orientar, recomendar…”, advierte Reina Duarte, directora de publicaciones generales de la editorial Edebé, centrada en literatura infantil y juvenil. Ya se lo decía por carta Albert Camus a su profesor, cuando le concedieron el Nobel de Literatura: “Sin su enseñanza y su ejemplo, nada de todo esto habría sucedido”. Aunque sí se cuestiona que los maestros deban administrar, sin apenas anestesia, a chavales de diez, doce o catorce años ciertos clásicos de la literatura que, aunque valiosísimos, pueden resultarles de difícil digestión. Ejemplos reales: La gitanilla de Cervantes, El Conde Lucanor de Don Juan Manuel o Las coplas de Jorge Manrique. “Hay que estar muy preparado como lector para disfrutar de los clásicos y, desde luego, no son obras para iniciarse en el hábito de la lectura”, añade la mencionada editora.

Textos específicamente juveniles

Entonces, ¿cómo convencer a los chavales de los beneficios de andar por la vida siendo un lector constante, del principio activo de ampliar conocimiento y lenguaje a base de textos, y de viajar con ellos por este y otros mundos, ensanchando puntos de vista y añorando las historias cuando terminan? Para empezar, adaptando a las coordenadas infantiles esos clásicos de la literatura que puedan resultar más áridos. “No me parece ningún sacrilegio”, anima Blanca Lacasa, que entre otros títulos infantiles ha publicado Casi, Un musical (Narval) o La caja de Nicanor (Modernito Books). “Yo fui una ávida lectora de ese tipo de adaptaciones en sus ediciones de Bruguera, y me parecen una estupenda iniciación a los textos clásicos”.

En relación con su editorial, Reina Duarte asegura que “entre los niños y niñas de 8 años en adelante, han funcionado y funcionan de maravilla todas las adaptaciones de los Clásicos contados a los niños por Rosa Navarro, con ilustraciones de Francesc Rovira. Y estoy hablando de acercarles El Quijote, Platero y yo, El lazarillo de Tormes, La Odisea…”.  E incluso aunque muchos no la acepten como técnica válida, hay películas, series y hasta videojuegos que adaptan estos clásicos, y permiten familiarizarse con ellos de manera más relajada.

Cambio de paradigma

En segundo lugar, podemos recurrir a la nutrida nómina de autores que han consagrado su talento a la literatura infantil y juvenil. Y no solo nos referimos a los clásicos de Julio Verne o Robert Louis Stevenson, sino también a los autores españoles que, atención padres e hijos, han ofrecido y ofrecen literatura de muchos kilates para todos los públicos: Gloria Fuertes, Ana María Matute, Montserrat del Amo, Gustavo Martín Garzo, Jordi Sierra i Fabra, Eduardo Mendoza, Pilar Mateos, Elvira Lindo, Pérez Reverte, o, entre las nuevas generaciones, Care Santos o Maite Carranza.

¿Y qué se lleva en este territorio? Tomando como referencia la Panorámica de la Edición Española de Libros 2014, vemos que, si a comienzos de la década de 2010 la moda eran los magos y los vampiros, por culpa de Harry Potter y la saga de Crespúsculo, poco a poco la oferta se ha ido volviendo más heterogénea, con la fantasía de Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, historias dirigidas a niños y jóvenes que abordan temas complicados como la inmigración (por ejemplo, Aún te quedan ratones por cazar, con el que Blanca Álvarez ganó en 2012 el Premio Anaya) o la literatura ilustrada, que vive una era dorada con importantes cuotas de venta y la aparición de nuevos sellos como Lata de Sal.

Esta literatura infantil y juvenil ha cambiado mucho en los últimos tiempos. Si tradicionalmente los cuentos -esa palabra que ya por sí misma tiene resonancias mágicas-, las novelas y el teatro infantil se utilizaban como vehículo moralizador, hoy los autores se toman más libertades con un público que, aunque pueda resultar chocante, es especialmente exigente y hasta inmisericorde. “Los niños son los más sinceros, te dicen las cosas sin tapujos. Además, no tienen prejuicios y no tienen afinidad por ninguna editorial o género, son más libres a la hora de elegir”, comenta Lacasa.

¿Devaluar el lenguaje?

Son muchos los retos a los que se enfrentan los autores que se dirigen a este segmento lector. Lolo Rico, la creadora del programa La Bola de cristal, se quejaba del error de hablar a los niños como si fueran tontos. ¿Debe devaluar a la baja esta literatura infantil su vocabulario? “Yo no soy partidaria de eso”, asegura Lacasa. “En La caja de Nicanor usé palabras muy desconocidas para los niños, y eso les encantó. Hay muchos niveles de lectura, y creo que es bueno que los libros tengan un recorrido largo, que el niño pueda entender una parte con cuatro años, con seis entiendan más o diferentes cosas…”.

Otro reto: ¿deben fijarse temas tabú, como la muerte o las enfermedades, o abordarlos sin complejos, para que los niños se familiaricen con ellos y éstos no los pillen desprevenidos en el mundo real? “Yo me pongo a escribir de lo que me da la gana, sin miedos. Si algo bueno tiene la literatura infantil y juvenil es el mundo disparatado que permite crear. A mi personaje Casi se le caía un ojo delante del espejo. Me criticaron por ello. Pero creo que no hay que hay que ser más intuitivo, dejarse llevar. Aunque confieso que no escribo libros para que sirvan de algo”, cuenta Lacasa.

La importancia de leer en casa

De manera transversal a eso de forjar músculo lector con clásicos y contemporáneos, no olvidemos la archirrepetida misión de los padres. La lectura es, en gran medida, cuestión de contagio. Así, un día, el periodista deportivo Nico Abad trasladó al papel, con ilustraciones de Rebeca Khamlichi, el cuento La ballena azul (Legua editorial), de su invención y que cada noche les contaba a sus hijos. “Era su historia favorita. ¡Después de publicarlo… y antes! Los animo a leer siempre. Y cuando tengo suficiente energía intentamos leer juntos, en alto. Uno lee y los demás escuchamos”. A su juicio, “lo de leer es como lo de lavarse los dientes. Te lo tienen que meter en la cabeza en casa. Yo les digo que la herramienta que nos diferencia de los animales son las palabras y que no están en nuestra cabeza, sino en los libros. Hay que alimentarse ahí. No me hacen ni caso, claro, pero en lo de lavarse los dientes también intentan escaquearse… Y como padre me digo: si te obligo a irte a la cama con los dientes limpios… voy a conseguir que leas”.

Por cierto, que hace poco se desató la polémica a raíz de enterarnos de que los niños en Finlandia, un país que no tiene rival en los informes PISA, aprenden a leer con siete años, mientras que España, aunque el inicio es más temprano, nuestros chavales se encuentran por debajo de la media de la OCDE en comprensión lectora, ubicados en el puesto 33. “Existen muchos modelos educativos y todos son válidos. Y no está mal precisar que el acercamiento a los libros en el modelo educativo de Finlandia es desde el nacimiento del bebé hasta los seis años, pero en la guardería y el hogar, con la complicidad de los padres (que tienen una mejor compatibilidad laboral/familiar)”, explica Reina Duarte.

Lectura digital

Otra baza que ha irrumpido con fuerza en los últimos años para inocular a la Generación Z -la de los niños nacidos a partir de 1996, que ven el mundo a través de la pantalla- el virus de la lectura es la literatura transmedia, por más que algunos piensen que lo digital atenta contra las letras. El escritor Doménico Chiappe, una de las mayores autoridades en nuestro país en este terreno y que acaba de publicar el libro Largo viaje inmóvil (Círculo de tiza), expone que “el salto del libro ilustrado o con pop-up a la pantalla y viceversa es natural, debido a la vocación lúdica de ambos formatos”, aunque matiza que “otra cosa es que los niños crezcan consumiendo productos alejados de la lectura, ya sea por el uso de adminículos electrónicos o por los juegos de toda la vida”. Asegura que “la tecnología permite enormes posibilidades a la literatura. Imagina lo que podría hacerse con la realidad aumentada en un libro para niños, que sea transversal del papel a la pantalla. Pero hay que invertir en desarrollos que quizás no tengan retorno económica. Me gusta mucho The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore. Ahora, además, ha salido un concurso por parte de la plataforma académica Ciberia, para incentivar este tipo de creaciones. Las bases puende encontrarse en el siguiente enlace.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

¿Quieres hacer un corto? ¿Aprender a ser actor / actriz?

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MrWillBe ofrece talleres de 4 sábados donde las niñas y niños aprender a hacer cortos haciendo un corto. En 4 semanas pasarás por todas las etapas de un corto.

Lo primero es inventar la historia que quieren contar. Cómo se escribe un guiónRealizarán un story-board con los planos de su historia, y aprenderán las tareas de todos los profesionales que componen el equipo.

Fabricarán decorados e investigarán ideas de maquillaje y vestuario para los personajes. Ensayarán sus papeles.

Finalmente un profesional ayudará a los niños con la cámara, las luces y el sonido. El equipo se aplica en sus tareas y los actores se preparan. Los monitores supervisan que todo esté listo para empezar y…. ¡Acción!

Si te interesa este tipo de experiencias, visita la web de MrWillBe y diles que ha sido gracias a los amigos de Leequid.

  • MrWillBe está en C/ General Lacy 58 Madrid 28045

 

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

James Webb, el nuevo ojo humano en el espacio

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Telescopio espacial James Webb
Imagen: NASA

La obsesión humana por llegar siempre más lejos tiene una muestra perfecta en nuestra colonización del espacio. Bueno, quizá decir colonización es un poco pretencioso. Pero lo cierto es que vamos poblando las inmediaciones de la Tierra con objetos que nos permiten seguir dando pasos.

Supertelescopio

El último de ellos será el supertelescopio espacial James Webb. Lógicamente, esta carrera no es fácil. Ahora la NASA admite que tiene que posponer el lanzamiento de este artefacto más de medio años. Hasta 2019 no será lanzado, algo después de la primera fecha prevista, en octubre de 2018.

Lo que es seguro es que se lanzará y se ubicará en el espacio. En concreto a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, en algún punto entre nuestro planeta y el Sol. Y cuando esté allí se convertirá en una de las mejores herramientas para la exploración del Universo.

Si el Hubble ya nos ha dado impactantes imágenes y nos ha permitido realizar descubrimientos primordiales, los ingenieros y astrofísicos esperan que James Webb nos ayude todavía más a desentrañar los misterios del cosmos.

La luz de las primeras estrellas

Con un espejo de 6,5 metros de diámetro, el mayo situado en el espacio, su misión principal será la de buscar y captar la luz emitida por las primeras estrellas y galaxias. Y a partir de ahí, completar los datos sobre su formación, evolución y la creación se sistemas planetarios. Un avance más en nuestra comprensión de cómo hemos llegado hasta aquí.

Pero antes de eso quedan muchos retos que superar. Desde el propio lanzamiento a su posterior puesta en marcha. Cientos de elementos móviles que deberán desplegarse perfectamente. Sistemas que tendrán que soportar un brutal cambio de temperatura desde 84 grados a 230 bajo cero, en función de su exposición al Sol. Por no hablar de las oleadas de rayos infrarrojos y radiaciones que azotarán a James Webb provenientes de la estrella.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

¿Por qué ya no hay programas musicales en la televisión española?

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La imagen se viralizó en redes sociales hace un par de semanas, a raíz de la muerte del artista de voz y letras hondas. Beatriz Pécker entrevistó a Leonard Cohen en 1988 en TVE, en el programa Música Golfa. ¿Cuadraría en nuestra parrilla televisiva actual un programa como aquel?

“Quizá a un gran nombre de la música como ese le darían un par de minutos en algún telediario, pero en la televisión de ahora hay mucho espacio para determinados formatos, copiados unos de otros e importados de fuera, y apenas nada para importantes personajes de la cultura. Supongo que por eso van todos a El Hormiguero”, reflexiona Pécker. Música Golfa era un espacio que se emitía en la madrugada del domingo y combinaba extensas conversaciones con artistas y actuaciones en directo. “En este programa y en Rockopop, que presenté posteriormente, entrevistamos a figuras internacionales de la música como Eric Clapton, Nirvana,  U2, Paul McCartney o Chrissie Hynde”.

En esa factoría de formatos clónicos que hoy coloniza la pequeña pantalla sí se estilan -y a granel- los talent show para vocalistas: La Voz, Tu cara me suena o el pionero, Operación Triunfo, que recientemente se dio un baño de masas con más de cuatro millones de espectadores en su concierto de antiguos participantes. “Son programas, creo, que poco tienen que ver con la música, su éxito se explica por motivos ajenos a ella. Se alejan del concepto de, por ejemplo, los concursos de bandas que hacíamos antaño en la radio, como en el programa Don Domingo, donde se presentaron Duncan Dhu o Presuntos Implicados”.

Sobrevive la radio musical

La radio española actual sí le concede aún algo de cancha al pentagrama, incluso con emisoras casi monográficas, como Cadena 100, Radio Olé, Kiss FM, los 40 Principales y, por supuesto, Radio Clásica y Radio 3, que hasta nos la sirven en directo. Han perdido, eso sí, fuelle en los tiempos recientes. Los 40 Principales, tradicionalmente reyes de esta selva, perdieron tres millones de oyentes en pocos años, y si experimentaron un repunte en la entrega de 2015 del EGM, fue por el éxito del magazine de Dani Mateo, yu, No te pierdas nada.

Con todo, los canales de televisión, frente a las radios, que a veces incluso han probado suerte exportando su marca a la pequeña pantalla (como los 40 Principales TV, que ya prácticamente solo programa videoclips en bucle), llevan años “ignorando una escena musical que, por ejemplo, llena los festivales que se celebran en nuestro país, y que en Radio 3 hemos apoyado desde el principio de los tiempos”, señala Virginia Díaz, directora del programa 180 grados de Radio 3 y presentadora de Cachitos de Hierro y Cromo, uno de los pocos ejemplares de la especie televisiva musical en extinción, y que ha llegado a sobrepasar los 900.000 espectadores, teniendo como fuerte, según su director, Jero Rodríguez, el “poder evocador de la música. Esta debe de ser uno de los activadores más potentes de la memoria y todos nos sentimos identificados con aquellas canciones que nos hablaban, y nos hablan, de tú a tú. También, nos suelen decir, hay un elemento importante de nostalgia”.

Sin espacio para experimentar

Actuaciones en directo y presentadores envueltos en humo en los programas de televisión de los ochenta, cuando llegaron a simultanearse 18 espacios musicales en TVE, entre ellos Aplauso, La Edad de Oro o Jazz entre amigos. Algunos persistieron hasta los noventa y se han emulado en formatos posteriores como Séptimo de Caballería, con Miguel Bosé a la batuta, o el más reciente Un lugar llamado mundo, iniciativa de Toni Garrido. Pero en los noventa, en general, los videoclips sustituyeron aquellas dinámicas, y hoy, la tele se ha ido con la música a otra parte. “En los setenta y ochenta había mucho más espacio para el caos y lo inesperado, porque las leyes del mercado aquí no estaban trazadas”, valora Kiko Amat, periodista y DJ, y autor de obras como Mil violines (y otras crónicas sobre pop y humanos). “Cosas completamente marcianas, o nihilistas, o directamente peligrosas, podían colarse en programas mayoritarios de una forma imposible de imaginar hoy. Decibelios o Eskorbuto aparecieron en TVE cantando mensajes de destrucción y anarquía. Es como si el PP hubiese cortésmente cedido espacio electoral a HB, una cosa de locos. Supongo que los productores de la época estaban tan en la inopia que pensaban que eso era lo que enrollaba a la juventud. Al igual que sucede con el capitalismo, la televisión ha ido refinando su perfidia. Estos maravillosos errores de juicio no volverán a suceder”.

La música se aferra hoy a espacios como los que va a estrenando Buenafuente o a algunos matinales, aunque en forma de actuaciones esporádicas y orquesta ambiental. O, como mucho, a los canales públicos, que ofrecen emisiones musicales en directo como Los conciertos de Radio 3, el festival Heineken Jazzaldia, Eurovisión o el Concierto de Año Nuevo. “En TVE, y más en otras cadenas generalistas, a excepción de CR3, se suele concebir la música como un aderezo, como un complemento dentro de una trama más general donde lo importante es otra cosa: un concurso, un talent-show, un fondo musical… Se debería recuperar la importancia televisiva de la música como un valor cultural per se”, reclama Jero Rodríguez.

Hay quien ensalza el talento divulgativo de Ramón Gener como clave para que su programa This is Opera, hoy fuera de antena, se convirtiera en un hit, acumulando nominaciones en los Rocky Awards en el Festival BANFF o el Festival IDFA, y como en su día lo fue El Conciertazo, también dedicado a la música culta y dirigido por Fernando Argenta, que ya había hecho historia con Clásicos Populares. “No me gusta mucho esa palabra, divulgación”, lamenta Gener, que acaba de publicar El amor te hará inmortal. “Este fue un proyecto muy grande, hecho por tres empresas grandes, y todo costó mucho. No hay recetas mágicas, pero supongo que el interés se debió al entusiasmo al compartir una pasión”.

El `streaming´, responsable del destierro

Un valor añadido, ese entusiasmo y esa dotación de contexto al sonido puro y duro, que podrían ser la tabla de salvación para una televisión realmente sonora, que halla en el streaming su rival fundamental.

Según el Informe Nielsen de 2015, un 75% de los consumidores acceden a la música en plataformas como Youtube, Spotify o Apple Music, que tienen 30 millones de tracks en sus discotecas. Estas “han ocupado el vacío de la televisión musical guay”, mantiene Amat. “En los ochenta, los programas musicales cumplían la misión de descubrir a músicos. Incluso periodistas especializados de Radio 3 conocieron con ellos a artistas como Cindy Lauper. Viajábamos a Estados Unidos y nos traíamos información y videoclips. Y en gran medida, la Movida le debe su repercusión a la importancia y la promoción que le concedieron los medios, y periodistas como Paloma Chamorro o Jesús Ordovás”. ¿No podemos, esta vez, echarle la culpa al dinero? Tarifas SGAE aparte, la producción de un programa musical puede costar varias decenas de miles de euros. Jero Rodríguez confirma que “es caro” hacerlos, “pero no más que otros programas culturales o de ámbito social cuya emisión no se cuestiona porque son espacios de servicio público.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

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