Los animales nos salvarán de todo

He tenido un día tan nefasto que lo único que me alegra mínimamente es pasarme por Twitter a mirar vídeos absurdos de animales. Sí,...

Electricidad a pedales

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Una bicicleta para generar electricidad
Foto: Billions for Change

Durante milenios la única fuente de energía móvil del ser humano fue su propio cuerpo. Hasta la invención de la máquina de vapor, solo el viento y el sol podían proporcionar tracción y calor. Pero éramos incapaces de mover esa energía de un sitio a otro o utilizarla para un fin distinto.

Electricidad en bicicleta

Ahora que los tiempos demandan fuentes de energía alternativas, parece que vamos a volver a ese sistema. Al menos eso es lo que propone el millonario Manoj Bhargava. El creador de la bebida energética 5-hour Energy ha impulsado el desarrollo de la bicicleta Hands Free Electric.

En realidad no es una bicicleta como tal. No sirve para desplazarse. Su función es muy distinta pero igualmente importante. Hand Free Electric es una máquina que genera energía eléctrica a partir del impulso humano. La persona se sienta a los pedales y comienza a hacerlo girar.

Este impulso mueve una turbina que genera la electricidad que se almacena en una batería. Esta transformación de energía cinética en eléctrica crea potencia para alimentar una casa durante 24 horas con poco más de una de pedaleo.

Para 3.000 millones de personas

Aunque pueda parecer un sistema un pelín excéntrico, pero tiene un objetivo claro. Permitir que comunidades que no tienen acceso a esta fuente de energía puedan obtenerla de manera sencilla. Y barata. Bhargava espera que el desarrollo industrial de la bicicleta permite reducir su precio a alrededor de 100 dólares por unidad. De momento, solo el desarrollo de la idea ha supuesto el desembolso de cuatro mil millones de dólares del mecenas americano de origen indio.

De esta manera, algunas de los tres mil millones de personas que viven en el mundo sin suministro eléctrico podrán acceder a las ventajas y comodidades de esta fuente. Sin depender de combustibles fósiles ni de que sople el viento o luzca el Sol. Tal y como se hizo durante miles de años.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

El G20 ignora a Trump en su rechazo al Acuerdo de París

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Bundeskanzlerin Angela Merkel im Gespräch mit Emmanuel Macron, Präsident Frankreichs, nach Ende der letzten Arbeitssitzung im Rahmen des G20-Gipfels.

Uno de los puntos que tratará el comunicado final de la cumbre de líderes del G20 será el medio ambiente, según ha informado la Agencia EFE. En concreto, se referirá el Acuerdo de París, firmado en la capital francesa a finales de 2015, y que desde entonces viene desarrollando la comunidad internacional para lograr un acuerdo global en la lucha contra el cambio climático. Y en esta declaración Estados Unidos se quedará solo.

Y es que, en el documento, los firmantes del G20 pedirán la “rápida” aplicación del Acuerdo de París contra el cambio climático. Y quedará en evidencia el aislamiento internacional en este asunto del presidente de EEUU, Donald Trump, que no solo ha anunciado la retirada de su país, que éste suscribió durante la presidencia de Obama, sino que no ha logrado ni un solo apoyo, ningún otro Estado lo ha acompañado en su espantada, pese a que se había especulado que podrían acompañarlo países también firmantes como Arabia Saudí, Turquía o, incluso, Indonesia, todos miembros del G20.

Además, indica EFE, en el texto se advierte que el Acuerdo de París es innegociable“, cerrando así la puerta a cualquier cambio al texto, como propuso Trump al anunciar la salida de EEUU del acuerdo.

El presidente francés, Emmanuel Macron, le ha parado (una vez más) los pies a Trump al matizar una frase que éste quería introducir en la declaración. Así, si Trump quería incluir que EEUU ayudará a terceros países a “usar combustibles fósiles”, como el carbón y el petróleo,de forma más limpia y efectiva”, una mención polémica a las energías de origen fósil porque se pretende abolir su uso, Macron ha matizado la expresión indicando que promocionará “otras fuentes de energía renovables y limpias”.

Apoyo de las ONG

Varias ONG han aplaudido la decisión del G20 de no ceder frente a Trump y reafirmar el compromiso internacional sobre el Acuerdo de París. La organización Avaaz ha asegurado en un comunicado que el presidente de EEUU vino, vio y fracasó” con sugolpe de estado climático”. Por su parte,  Greenpeace desplegó en un puente de Hamburgo un cartel en el que se exigía el “fin del carbón” a los líderes del G20.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Un búnker para preservar la cultura

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Norueba alamacena libros en un búnker para preservar la cultura
Foto: Raysonho @ Open Grid Scheduler / Grid Engine

Lo hemos visto en películas y hasta en la Biblia. Incluso en la realidad. Ante la posibilidad de un cataclismo global que acaba con parte de la raza humana sobre la Tierra y con los animales, es necesario salvaguardar su legado. Su ADN. Y así, Noé construyó un arca y los humanos actuales búnkeres. Incluso hay espacio para guardar semillas en el caso de que algún día sean necesarias.

Cultura para repoblar mentes

¿Pero qué sucede con los libros? ¿Qué pasa con eso que realmente nos diferencia y nos hace humanos? ¿Qué pasa con los libros? ¿De qué servirá sobrevivir a una catástrofe global si cuando emerjamos de las ruinas se ha perdido todo el conocimiento humano?

Eso es lo que piensan en Noruega. En el país escandinavo ya crearon en 2008 lo que denominaron la bóveda del fin del mundo. Un reservorio de semillas con las que repoblar la tierra en caso de que suceda algo que la arrase. Y ahora se han propuesto hacer lo mismo con la cultura. Crear un búnker en el que acumular libros con los que repoblar las mentes en el caso de que algo realmente grave pasase.

Archivo Mundial Ártico

Se trata del Archivo Mundial Ártico. En este lugar se plantea alojar los libros más importantes del mundo. Obras literarias de todos los estilos y monografías científicas. El lugar elegido no ha sido al azar. Se ha buscado un enclave lejos de la civilización. En concreto en el archipiélago escandinavo de Svalbard.
Se trata de una zona que, en principio cuanta con una mejora sustentación geológica. Esto hace que sea más resistente a terremotos, grandes detonaciones y diferentes cataclismos naturales.

Pero quizá lo más curioso de todo el proyecto sea su parte tecnológica. Las autoridades encargadas del proyecto están trabajando con la empresa Piql. Se trata de una compañía especializada en convertir datos digitales en analógicos. Es decir, después de treinta años de desarrollo digital al final, resulta que es más eficaz guardar la cultura en un formato analógico. Vamos, en volúmenes de hojas de papel encuadernadas. Lo que comúnmente llamamos libros.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

La magnífica historia del post que casi no fue escrito

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Estoy tumbada en el suelo del salón de casa. Mi gata acaba de pasar por encima de mi barriga sin considerar que me está aplastando órganos vitales. Suena el teléfono fijo, pero me quedo mirando la pantalla en blanco del procesador de texto. Me corre más prisa escribir el post que no contestar al telefóno. Y, por cierto, ¿quién sigue llamando al fijo en 2017?

Una mañana sin inspiración

En lo que llevo de mañana juraría haber empezado 15 artículos: Cinco pasos para sentirte mejor a pesar de la depresión, los corazones rotos no están tan mal, cómo superar que llamaste borracha a tu ex y… Vaya, que llevo una mañana pensando en todas las cosas maravillosas que he hecho últimamente. Pero ningún artículo consigue superar los dos párrafos.

Porque superar los dos párrafos es importante. Es donde se sabe que un artículo va a algún lado. Y ahora que yo he superado los dos párrafos, prosigo con mi historia.

Como decía, ningún artículo se desarrolla y yo me estoy impacientando por momentos. Tengo la presión de hacerlo bien. No por nadie, sino por mí misma, pues últimamente las letras y yo hemos estado de capa caída y necesito un empujoncito. Algo que me anime a escribir con tanta facilidad como sé que puedo. Así que, antes de pegarle un puñetazo a la pantalla del portátil, lo aparto, me calzo las chanclas y voy en busca de mi libreta.

Un agradable paseíto todo lo cura

Cualquier repipi moderno sabelotodo sabe que en papel las cosas siempre salen mejor. Así que rescato mi libreta del montón de trastos que me atrevo a llamar “mis cosas” y pienso en que me hace falta aire. Escribir en la calle es siempre maravilloso. Mi hermosa torpeza existencial me lleva a olvidar muy convenientemente que es la 13.00h de julio en el hemisferio norte. Resumen, que estar en la calle es equivalente a estar en el peor círculo del infierno.

Pero no creáis que me rindo. Años viviendo en la misma ciudad han hecho que sea capaz de crear una ruta fresca y llena de sombra. Aunque, spoiler alert, sigue siendo la 13.00h de julio y el calor se va a sufrir igual.

Caminando, voy pensando en qué podria hablar. De qué ha hablado el mundo esta semana, de Frida Kahlo: semi diosa a la que yo no podría hacer honor ni aunque escribiera cien años; debates políticos para arrancarse el pelo de la desesperación, de que hace calor… pero, efectivamente, hace un calor terrible pero no creo que la gente quiera leer un artículo más sobre el calor que hace. Aunque, ¿os he dicho ya que es la 13.00h de julio y, por tanto, hace un calor de muerte?

Rincones bucólicos

Con mi muy (des)agradable pleícula fina de sudor por todo el cuerpo llego a una zona de las murallas de mi ciudad que tienen un pequeño jardín. Me siento, abro la libreta y todo empieza a resultar muy bucólico mientras pienso en grandes temas sobre los que escribir; como, por ejemplo, Frida Kahlo, de nuevo, “reconocer que uno lo está haciendo mal con todo” y “el turismo de masas nos va a destruir”. Grandes temas optimistas.

Cerca, hay dos niños de unos 7 años jugando. No soy fan de los niños, que es una manera elegante de pedir por favor que se alejen y MUCHO de mí. Pero uno de esos niños se me acerca sonriendo. Me enternece y le sonrío de vuelta. Incluso le saludo y es en ese preciso instante que el maldito crío me arrebata la libreta de las manos y la tira por tierra, huyendo a continuación.

Todos los papeles importantes que me obstino a guardar ahí dentro salen volando por todo el jardín y, muy de cerca, le sigue mi dignidad, que acaba entre las raíces de algún árbol. Miro al niño y me recuerdo en voz alta que pegarle a esa criatura podría causarme problemas con la polícia. Así que no lo hago, pero no porque no quiera. Recojo la libreta.

Y de repente, lo pienso. Caigo en lo difícil que puede llegar a ser escribir un post. En la cantidad de vivencia que hay que tragarse para conseguir un mínimo de inspiración y en lo mal que se pasa cuando se tiene un bloqueo de insparación.

Me levanto de ahí y me voy, no sin mirar profundamente mal a los niños que me están haciendo burla. Madre mía, cómo odio a los niños. Pero qué bien tener algo sobre lo que escribir.

 

Imagen en CC de Pixabay

 

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

‘Años salvajes’, del surf al Premio Pulitzer

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Pixabay

William Finnegan es periodista en The New Yorker, escritor y ha sido corresponsal de guerra en algunos de los conflictos más sonados de los últimos años. En 2016 ganó el prestigioso Premio Pulitzer, y fue por su aclamada biografía Años salvajes, centrada en gran medida en otra de sus habilidades, que ha atravesado su vida como una obsesión: el surf. Esta es una historia de amistad, familia y soledad. Una historia de aventura y evasión del mundo real. Es una historia compuesta de historias de muchas zonas del mundo, de una generación y sus anhelos, la libertaria generación estadounidense que fue joven en los 60. Y por encima de todo, es la historia de un objetivo vital, la búsqueda de la ola perfecta.

Todo comenzó en Hawai

Nacido en 1952, Finnegan comenzó a surfear siendo un niño, cuando se trasladó con su familia a California, y poco después a Hawai. Por aquel entonces no mucha gente se dedicaba a ello. Fue practicando, mejorando, acompañó a este deporte en su propia evolución, y su pasión por él lo llevó, siendo veinteañero, a decidirse a recorrer todos los continentes, junto con su colega Bryan Di Salvatore, en busca del mejor mar surfeable.

También corresponsal de guerra

Ni si quiera su prestigioso trabajo en The New Yorker, en cuya plantilla se integró en 1983, le hizo plantar al surf. Comenzó a ejercer de corresponsal de guerra, y allí donde se trasladaba se llevaba la tabla. Si de niño el surf le servía para desconectar del colegio y sus dilemas, ahora eran las grandes catástrofes bélicas con las que se encontraba de las que se evadía cabalgando el agua con la tabla bajo los pies.

Hoy, Finnegan, ya jubilado, sigue lanzándose a las olas, y lo cuenta en esta especie de On the road trasladado al mar, espléndidamente escrito y revelador, que nos enfrenta a lo que somos y a lo que querríamos ser, a otros horizontes, otras maneras y motivos de vivir y de motivos.

Años salvajes. Editorial Libros del Asteroide.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

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