One Planet. Una nueva cumbre para salvar el planeta

Una nueva cumbre sobre el clima. Una nueva reunión de las personalidades y gobernantes más destacados del mundo. Una nueva serie de largos y...

Proteínas de soja 

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Hasta hace unos años las proteínas de soja, no eran consideras una fuente de alta calidad debido a su origen vegetal, y a que los concentrados elaborados desde esta fuente tenían un sabor muy desagradable, y eran mezclados con altas cantidades de hidratos de carbono y sodio para favorecer su consumo, reduciendo así la proporción de proteínas, hasta alrededor del 70%.

Actualmente la forma de extraer y producir los concentrados de proteínas de soja ha mejorado notablemente, con los métodos de intercambio iónico, que permiten producir preparados aislados con una proporción del 90% de proteínas puras de alta calidad y máximo valor biológico donde el sabor y solubilidad son iguales a los logrados en los preparados desde otras fuentes como las de suero lácteo o la caseína.

Asimilación y aprovechamiento real por el organismo de estas proteinas

Si bien siempre se ha hablado de que las proteínas de mayor calidad son las que tienen el valor biológico más alto, su asimilación y aprovechamiento real por el organismo humano se estima por  el análisis de  digestibilidad corregido por la cantidad de aminoácidos la cual se expresa en una escala de 0 a 1, donde el valor 1 se relaciona con un 100% de asimilación y utilización en el organismo. Las proteínas aisladas de soja, al igual que las de Whey, y las de huevo han mostrado un valor de 1, a diferencia de otras como las de la carne roja que han sido valoradas con 0,92.

Comer proteina de Soja pero desde los concentrados

Considerando el nivel de digestibilidad corregido, las proteínas aisladas de soja tienen el máximo valor porque aportan todos los aminoácidos esenciales y niveles de nitrógeno necesario para los adultos activos, lo que sucede es que si se las consume desde su fuente natural, se deberían ingerir grandes cantidades de soja que haría imposible su asimilación a través del intestino. Debido a esto en el caso de la soja, los concentrados de proteína aislada constituyen la única opción para un consumo adecuado.

Las proteínas aisladas de soja tienen un perfil idóneo de aminoácidos, con altos niveles de aminoácidos ramificados, 18,1%, un 10,5% de glutamina, y 7,6% de arginina, aunque las proporciones de metionina, aminoácido esencial dador de Azufre, necesario para iniciar reacciones de síntesis proteica en los procesos de recuperación, son algo escasas.

La proteina de soja es buena para casi todo 🙂

Las proteínas de soja favorecen la síntesis y secreción de Tirosina, que como hemos visto cumple importantes funciones en la síntesis de neurotransmisores y actúa en la regulación del metabolismo basal y aportan importantes concentraciones del isoflavonoide daidzeina, que es una sustancia que favorece la producción y regulación de hormonas sexuales, habiéndose comprobado sus efectos positivos sobre el perfil de lípidos sanguíneos (triglicéridos, colesterol), y los procesos circulatorios.

Los efectos positivos de las proteínas de soja sobre los niveles de colesterol están relacionados  con una disminución de la absorción de éste desde las fuentes dietéticas, como la yema de huevo, aunque ciertos componentes de las proteínas de soja como las saponinas, ácido fítico y el mismo perfil de los aminoácidos que las componen, puede también producir una reducción de los niveles de colesterol.

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

Cómo el crowdfunding ha hecho revivir el mecenazgo

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El crowdfunding ya mueve millones en España. Según la Asociación Española de Crowdfunding, en 2014 se aportaron en nuestro país 62 millones de euros a proyectos por esta vía, a través de plataformas como Verkami -una de las más dedicadas a proyectos culturales- o Libros.com, consagrada a la edición de libros. La cifra representa un 114 % más que en 2013, y ha impulsado obras de gran recorrido como B, la película, que optó a varios premios Goya.

Sin embargo, esto que muchos han bautizado como mecenazgo 2.0, y que parece demostrar cierto ánimo en los españoles en invertir en cultura, no ha ahogado la reivindicación, ya añeja, de sacar adelante en España una ley de mecenazgo. Y, a la espera de esta, en 2015 entró en vigor una reforma fiscal impulsada por el Gobierno que introducía ventajas para simplificar e incentivar las donaciones de particulares, y reforzar las tradicionales de las empresas, a determinadas entidades culturales.

Desde entonces, los ciudadanos que inviertan en ellas, pueden desgravarse un 75% en los primeros 150 euros, y a partir de ese importe, las donaciones serán deducibles al 30 %, frente al 25 % anterior, o al 35 % si se trata de donaciones periódicas realizadas durante al menos tres años a la misma entidad.

Para las sociedades, la deducción previa del 35%, se ha incrementado al 40% en las donaciones realizadas a una misma entidad por el mismo o superior importe durante al menos tres años.

A estas desgravaciones cabría añadirles, como un atractivo más para apuntarse al mecenazgo, los ya existentes beneficios fiscales derivados de apoyar los considerados como acontecimientos de excepcional interés público, una categoría que dispuso la ley de 2002 de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo. Son bonificaciones con las que se puede llegar a recuperar el 90% de lo invertido, pero ha surgido más de una controversia, como ocurrió con la Copa América 2007 o algunos eventos religiosos, a la hora de determinar qué se considera y qué no se considera un acontecimiento de excepcional interés público. Es el Gobierno quien tiene la última palabra en cada caso.

Parches fiscales

Con el mencionado venido de medidas fiscales, y otras de menor calado, vinculadas por ejemplo al cine, el PP dio por aplazada aquella promesa electoral de 2011 de dotarnos de una ley de mecenazgo con entidad legal propia, y no absorbida y limitada en una reforma fiscal. No le salió gratis: causó estupor y decepción a una parte del mundo de la cultura, en especial al coleccionismo de arte, que esperaba esta ley como agua de mayo convencida como estaba (y está) del acierto de fomentar un modelo mixto de apoyo público e inversión privada para mantener la cultura a flote, tomando modelos como el francés, donde las desgravaciones oscilan entre el 66% para personas físicas y 60% para las jurídicas (aunque pueden llegar hasta el 90%), o Estados Unidos, donde el mecenazgo goza de gran arraigo desde la época de Roosevelt -que propició tantos rodajes de cine-, donde se desgrava un 100%.

Eso sí, aunque muchos gestores culturales coinciden en que las desgravaciones en las inversiones específicas de mecenazgo cultural deberían asemejarse a la de esos países, algunos reclaman que no se aplique, o se haga solo de manera residual, el mecenazgo a entidades públicas, como el Centro Dramático Nacional, el Museo del Prado o los teatros cuya gestión está en manos de Comunidades Autónomas, que, para algunos gestores, llevan años partiendo con ventaja sobre las empresas culturales privadas.

En todo caso, fomentar el mecenazgo podría aliviar en algo el repliegue de dinero público que en los últimos años ha sufrido un sector, el de la Cultura, que representa en torno al 3% del PIB, aunque tras cuatro ejercicios siendo una de las partidas más recortadas, en los Presupuestos Generales del Estado de 2015 y 2016 ha recibido una alegría en forma de modestas subidas -en comparación con las bajadas- del 4,3% y el 7,2% respectivamente, en relación con sus años precedentes, donde la cultura se fue despidiendo de las subvenciones y las inversión pública.

El mecenazgo también podría dar un respiro en las negativas consecuencias de la contracción de la obra social de las cajas de ahorro.

De acuerdo con los datos de la Fundación Arte y  Mecenazgo, el porcentaje total de dotación de las cajas para Obra Social mostró en 2011 un descenso del 21% con respecto al año anterior, y del 55% con respecto a 2005, y la cultura, en concreto, pasó de una dotación del 42% al 30%.

Diferencias entre mecenazgo y patrocinio

El mecenazgo, a diferencia de otras actividades análogas como el patrocinio o el sponsoring, no ha de esperar ningún beneficio a cambio. No es que el mecenas solo realice una aportación económica sin recibir nada a cambio, puede implicarse en las actividades que sufraga y sin duda servirá para mejorar su imagen pública, algo que se cuida mucho más en los años recientes, desde que prestamos mayor atención a la Responsabilidad Social Corporativa de las empresas. Pero el mecenas no ha de buscar un retorno de inversión. Sí se hace en las actividades de patrocinio y sponsoring, muy frecuentes en el mundo del deporte y que no escasean en territorio cultural -sobre todo las llevan a cabo productos como alcoholes de alta graduación, que tienen limitaciones legislativas para hacer publicidad-, que, con ellas, no solo pretenden una mejora en su imagen sino abrir una vía de comunicación con su público o target.

¿Y puede causarle eso, al público, alguna reticencia respecto a la libertad de los artistas implicados en la actividad patrocinada? Tal vez sí, pero cada vez estamos más acostumbrados.

El patrocinio puede ser una medida más que ayude a cambiar todo esto. Puede influir en la percepción que se tiene de la creación artística. Eso sería lo más interesante, porque muchas veces unimos la idea de dar dinero a algo con la sensación de que eso es importante y necesario. Ese aspecto es tan decisivo como las aportaciones económicas en sí.

Con todo, para el altruismo cultural no hay excusas, siempre que lo permita el bolsillo

Así, tal vez el mecenazgo no deba contemplarse exclusivamente desde la óptica de Hacienda, de beneficiar a los mecenas con este pellizco económico de las arcas estatales con tal de que se reactive el mercado de arte y el mercado editorial. El mecenazgo tiene que venir con una ‘cultura de mecenazgo’ que quizá solo tengan, por ahora, en el mundo anglosajón, aunque el crowdfunding lo esté revitalizando en otros países. Y esa cultura del mecenazgo es consecuencia de un orgullo, un apoyo y un respeto profundo por el arte, que aquí no tenemos. Como tantas veces, todo empieza en la educación.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Elon Musk tiene un camión

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Semi de Tesla
Imagen: Tesla

Amigos, bienvenidos a un nuevo capítulo de nuestra serie “Las cosas de Elon Musk”. Hoy no esperéis viajes espaciales, cohetes turísticos o vagones bala dentro de tubos de vacío. Lo de hoy es más prosaíco. Y por lo tanto más real. Hoy “El camión eléctrico de Elon Musk”.

Semi Tesla

Presentado la semana pasada, el camión bautizado como Semi Tesla promete, claro, revolucionar el mundo del transporte de mercancías. Hoy por hoy, y tiene pinta de que durante mucho tiempo, las mercancías siguen llegando a nosotros gracias al transporte por carretera. Da igual que el comercio online esté desbancando al tradicional. Al final, los bienes tienen que viajar.

Y ese viaje supone que cada año se emiten a la atmósfera millones de toneladas de CO2 y otros gases responsables del cambio climático. La aplicación de movilidad eléctrica a este sector es clave. Y Musk viene al rescate.

800 kilómetros de autonomía

El Semi Tesla se ha presentado con la habitual panoplia entre tecnológica y publicitaria. Lo principal es su autonomía. El Semi es capaz de recorrer 800 kilómetros con una carga y puede transportar hasta 36 toneladas. Acelera con más velocidad que un vehículo diésel, diferencia que ser acentúa con si se tiene en cuenta que ambos camiones fueran cargados. Y en ruta es capaz de mantener una velocidad de más de 100 kilómetros hora.

Pero lo más impactante del Semi es su aspecto. Con un frontal de vehículo entre futurista e infantil. Es producto del trabajado diseño aerodinámica que se ha aplicado al Semi para reducir la resistencia al aire y, por tanto, el consumo. Según Musk, su aerodinámica es superior a la de un coche deportivo.

Propulsado por cuatro motores, el Semi tiene un cuadro de mandos que más parecería el de un avión. Y por supuesto, puede conducirse de forma automática si va en convoy con otros camiones del mismo tipo.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Preferimos donar a las ONG que dar limosna

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Decía el escritor uruguayo Eduardo Galeano que “la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba”, mientras que “la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”.

Al margen de las controversias morales que han originado desde siempre la mendicidad y la limosna, una práctica cuyo origen se contempla en los libros canónicos de varias religiones y está integrada en nuestros hábitos sociales, hoy el transeúnte suele pensárselo dos veces antes de dar unas monedas no solo por su poder adquisitivo, sino también por desconfianza. Noticias mediáticas vinculadas a la trata de personas hacen que dudemos de que sean ciertas esas situaciones de necesidad que se nos plantean.

La mendicidad y los ‘sin hogar

Un fenómeno al que se suele asociar la mendicidad es al sinhogarsimo. Pero, ojo, aunque ambos conceptos puedan ser dos caras de la misma moneda, no son sinónimos. La mendicidad es una cosa, y el problema de las personas sin hogar, es otra. La mendicidad supera al fenómeno del sinhogarismo porque es una actividad que supone, para muchas personas, un forma de economía sumergida, y está relacionada con la precariedad y no solo con la carencia de una vivienda.

Lo que es común a las personas sin hogar y a las personas que practican la mendicidad es lo difícil que resulta cuantificar a unas y otras.

Y hasta homogeneizar ambos grupos, porque sus realidades sociales son complejas y variadas, es muy difícil hablar de un único perfil en cada caso.

Con todo, en España, una metodología habitual para calcular a las personas que viven en la calle son los recuentos en albergues, realizados por ONG, ayuntamientos o el INE (Instituto Nacional de Estadística), que, periódicamente, publica una encuesta sobre centros y servicios de atención a personas sin hogar. En su edición de 2012, la más reciente en la que ofrecía tal dato, la encuesta cifraba en 22.938 las personas sin hogar, si bien Fundación RAIS estima que el número ronda las 40.000 personas, porque una parte duerme al raso, no acude a los albergues.

Por otro lado, la encuesta sobre centros y servicios de atención a personas sin hogar que realizó en 2014 el INE, el número medio diario de personas alojadas en centros de atención a personas sin hogar fue de 13.645 en 2014. El 89% de las personas sin hogar pernocta todas las noches en el mismo lugar. El 43,9% ha dormido en alojamientos colectivos (el 43,2% en un albergue o residencia, el 0,5% en centros de acogida a mujeres maltratadas y el 0,2% en centros de ayuda  al  refugiado).  Otro 20,8% ha pernoctado en pisos o pensiones facilitados por una ONG u organismo y el 35,3% restante se ha alojado al margen de la red asistencial existente, bien en espacios públicos (14,9%), alojamientos de fortuna (12,8%) o en pisos ocupados (7,6%).

Mendicidad de personas con hogar

Pero, como decíamos, no todas las personas que ejercen la mendicidad carecen de hogar. “Yo antes dormía en una casa okupa, como varios de los compañeros que piden aquí conmigo.

Desde hace unos meses, vivo en casa de un amigo. Me salen pequeños trabajos de vez en cuando, como pintar casas o repartir folletos de publicidad, pero no es suficiente para pagar un alquiler.

Así que, aquí me tienes, pidiendo. Con lo que saco, como, y le doy algo al colega que me acoge, al que tampoco le va muy bien, pero tiene la suerte de haber heredado la casa de sus padres”. Habla Daniel, una cara habitual, desde hace ocho años, en el grupo que pide dinero en la calle del Postigo de San Martín de Madrid. Daniel se puede englobar en la categoría de parados de larga duración, que, según el criterio de Eurostat (la agencia estadística europea), incluye a aquellas personas que llevan más de doce meses buscando un empleo sin encontrarlo, y cuya tasa, de acuerdo con el INE, se ha elevado en nuestro país, en relación con la población activa total, en 5,2 puntos entre los hombres, y 6,1 puntos en las mujeres.

“Dejé los estudios al cumplir los dieciocho, al terminar un ciclo de formación profesional”, explica Daniel. “Después, pasé dos o tres años tomando malas decisiones, metiéndome en drogas y gastándome los ahorros, sin tomarme en serio ningún trabajo. Mis padres me echaron de casa, y mi familia no quiere saber nada de mí. He perdido prácticamente a todos mis amigos, por lo que no puedo pedir ayuda a nadie. Por lo que yo veo en mi caso y entre la gente con la que me encuentro, sueles echarte a la calle a pedir cuando ya no tienes nadie a quien pedirle ayuda o trabajo”. Dice “no tener ni idea” de si le corresponde alguna ayuda administrativa por la situación en la que está. “Nadie viene a informarme, y yo no sé dónde ir”. ¿Y cuánto suele conseguir, pidiendo, a lo largo de un día? “Es fundamental estar siempre por la misma zona, para despertar confianza, que te conozcan los habituales que pasa por aquí. Mi zona es buena. Pasa mucha gente, así que, en un buen día, puedo recaudar unos diez euros. Te da una persona de cada quince, más o menos. Se nota cuando llega fin de mes. Y nunca falta el que te pega una voz o un tortazo”, denuncia.

Según datos del Observatorio Hatento, una de cada tres personas sin hogar ha sido insultada o ha recibido un trato vejatorio, y una de cada cinco ha sido agredida físicamente. “Según mi experiencia, también a los que mendigamos nos retratan esos datos”, afirma Daniel cuando le mencionamos la estadística.

La trata de personas

Una mediática y preocupante cuestión que desvirtúa el fenómeno de la mendicidad es el de la trata de personas. En los últimos años, se han establecido en Europa redes urbanas que atrapan a las personas, incluso a menores, para que mendiguen no en su propio beneficio, sino en el de otros. En el informe publicado en 2012 por la oficina de la Defensora del Pueblo con el título La trata de seres humanos en España: víctimas invisibles, se lamenta “la facilidad con la que las personas que buscan un trabajo mejor acaban encontrándose en una situación de vulnerabilidad y de trata de seres humanos”.

Confirma que “al menos desde la experiencia judicial nacional, la trata de seres humanos en España tiene que ver esencialmente con esa servidumbre por deudas. No son pocos los casos enjuiciados por nuestros tribunales en que unos inmigrantes (cualquiera que fuera su procedencia) han sido desplazados de su residencia habitual mediante falsas promesas de un buen puesto de trabajo en España, se les ha facilitado toda la cobertura económica necesaria para el transporte y han sido recibidos y alojados en pisos o lugares previamente dispuestos. Es entonces cuando se les comunica que han contraído una descomunal deuda que solo pueden solventar realizando trabajos en condiciones extraordinariamente abusivas e indignas”. El documento también alerta de que “el trabajo forzoso constituye un tema delicado, y los gobiernos se muestran a veces reacios a investigar y reconocer la existencia de este fenómeno dentro de sus fronteras”.

Cómo afrontar la mendicidad

No han sido pocos los ayuntamientos españoles –y europeos y americanos– que han abordado la  mendicidad, al menos en parte, desde el punto de vista de la seguridad ciudadana, aprobando ordenanzas previendo sanciones contra quienes ejercían la mendicidad. Si bien suelen ser medidas antipopulares e incluso contestados por los Tribunales de Justicia, y muchos de ellos han terminado derogándolas, como ha sucedido recientemente en Alicante o Valladolid.

Sin embargo, orgnizaciones como Fundación RAIS ha señalado que favorecer el sinhogarismo, o no solucionar sus problemas, beneficia a quienes utilizan la mendicidad como una estrategia económica basándose en la piedad de la gente, a quienes llegan incluso a dañar físicamente a algunas personas para que den más lástima, para recaudar más dinero. Y se suele lamentar que la respuesta tradicional que se ha ofrecido al sinhogarismo en muchos ayuntamientos, incluidos los españoles, haya sido hasta ahora, en general, medieval, similar a la que se daba en el siglo XVI. Obsoleta.

Además, los albergues no suelen ofrecer soluciones específicas a personas, por ejemplo, enfermas o discapacitadas, que requieren necesidades específicas. Tampoco una dirección física en la que poder recibir documentos administrativos, por ejemplo, y eso no facilita que acudan a administraciones donde les podrían informar sobre prestaciones a las que pueden tener derecho. Además, en general, se trata de centros que solo ofrecen prestación durante el día, lo que obliga a sus usuarios a vagar todo el día por las calles. No es que sean vagabundos voluntariamente, es que no tienen dónde ir y en el albergue no pueden quedarse.

El Modelo Housing First

Fundación RAIS explica en su web que la respuesta que propone sigue un modelo ‘en escalera’, en el que la persona sin hogar tiene que ir superando determinadas etapas teniendo como horizonte el acceso a una vivienda permanente. De la calle al albergue, del albergue al centro de noche, del centro a una pensión…, se trata de un proceso largo y difícil para la persona, que en cualquier momento puede volver a calle y tener que empezar otra vez el camino”.

En la Estrategia Española Integral para Personas Sin Hogar 2015-2020  aprobada recientemente por el Gobierno de España se anuncia que va a proponerse el modelo Housing First como inspiración para las políticas contra el sinhogarismo. Un modelo desarrollado en la década de los noventa  por el psicólogo Sam Tsemberis, de la ONG neoyorkina Pathways to Housing, que parte del Derecho a la Vivienda como principio palanca de todas las políticas públicas para las personas sin hogar.

Así, el Housing First propone ofrecerles a estas un apartamento unipersonal en el que se puedan establecer controles y visitas, y a cuyo mantenimiento el usuario pueda contribuir con parte de sus ingresos.

La seguridad y confianza que supone tener una vivienda generaría mejoras en los hábitos y la vida de las personas antes sin hogar.

La Fundación RAIS lleva ya tiempo basándose en este modelo para su programa HÁBITAT. Es más, RAIS ha evaluado los efectos del modelo, junto con el Centro de Estudios Económicos de la Fundación Tomillo, e indica que, en seis meses, ya se obtienen resultados como recuperar la relación con la familia, sufrir menos discriminación o mejorar las relaciones con las Administraciones Públicas. Además, la fundación indica que el sistema es más barato que un albergue: mientras que una plaza de albergue cuesta de media en España 39,34 euros al día, una vivienda unipersonal de Hábitat –con todo su equipamiento incluido– cuesta 34,01 euros por día.

¿Dar o no a quien nos pide?

Volviendo a la cuestión inicial, ¿debemos o no dar dinero a quien nos lo pide? Sin lugar a dudas, el ejercicio de la limosna, por parte de cualquier ciudadano, constituye un comportamiento solidario individual. Pero resulta que los españoles dan bastante dinero a las ONG: de acuerdo con la Asociación Española de Fundraising, las aportaciones periódicas de los individuos llevan creciendo desde 2011, a pesar de coincidir con una grave situación de crisis económica. Este tipo de colaboración económica supone ya el 36% de los ingresos de las trece entidades que han participado en el Estudio de la Realidad del Socio elaborado por esta asociación. Un dato que contrasta con la continuada caída de la financiación pública, que entre 2014 y 2015 ha resultado ser el 47% de los ingresos de las ONG. Así, los socios se han convertido en uno de los apoyos principales de las ONG, y además es duradero: según este estudio desarrollado por la AEFr, la vida media de colaboración de un socio con su ONG es de 9 años, incluso un 34% supera esa fidelidad a más de 10.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Una bola de fuego recorre Europa

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Estrella fugaz sobre los Dolomitas
Foto: Ollie taylor

Quizá ocurra muchas más veces, pero no lo veamos. Un espectáculo de la naturaleza sin comparación. Pero vivimos en la sociedad de la imagen y aquello que no queda registrado, simplemente no existe. Lo bueno es que está vez sí que hay imágenes.

El pasado día 14 una bola de fuego cruzó el cielo de Europa. Un meteorito de buen tamaño pudo ser visto en los cielos de Alemania, Suiza, Francia, Austria y Luxemburgo. El artefacto debía de tener el tamaño de una pelota de baloncesto, pero el destello creado en su entrada en la atmósfera a una velocidad de 70.000 kilómetros por hora iluminó el cielo durante unos segundos.

La Agencia Espacial Europea emitió un comunicado en el que describía el suceso. El texto iba acompañado por una espectacular imagen. Fue la fotografía que de forma casual captó el fotógrafo británico Ollie Taylor.

Taylor pretendía tomar una imagen de las montañas Dolomitas con la Osa Mayor de fondo. Después de varios intentos llegó a la conclusión de que lo mejor sería alargar la exposición para captar más luz en el atardecer de la zona de Alta Badia. Y de pronto, el meteoro compuso una imagen por la que Taylor puede pasar a la historia. Lo más curioso es que Taylor prácticamente no se dio cuenta del fenómeno, pues estaba buscando otra cámara justo en ese momento. Afortunadamente dejó la primera cámara activa.

Este pequeño asteroide es solo uno más de los casi 2000 que cada día entran en la atmósfera terrestre. La posibilidad de verlos depende lógicamente de su tamaño. Pero también de su composición, de si las moléculas que lo integran reaccionan más o menos con el aire en la fricción que se produce cuando entran en nuestro entorno.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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