El Orient Express sigue haciéndonos pensar en el bien y el mal

El tren de los reyes y el rey de los trenes, según se lo definió. Sus míticos vagones azules y dorados, su cálida decoración,...
Reportaje
El doblaje al español de 'El gran Lebwoski' se considera un éxito

¿Películas dobladas o con subtítulos?

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Para los españoles, durante muchos años Clint Eastwood tuvo la voz de Constantino Romero. Este actor y presentador español empezó muy pronto a doblar a la estrella de Hollywood, y sobre todo destacó en los años 70, cuando en nuestro país era todavía difícil acceder a las películas en versión original; luego las fomentaron los Renoir y los Verdi en Madrid y Barcelona, o los Golem de Madrid, Burgos y Bilbao.

¿Preferencia o indiferencia?

La TDT, que emite en dual, y plataformas como Filmin, Wuaki Tv, Movistar Series o Netflix, están inaugurando una nueva manera de ver películas y televisión, pero por ahora, ésta no trae asociada un cambio en el guion en cuanto a preferencia por el doblaje frente a la versión subtitulada, o al menos solo lo trae en un perfil de edad muy concreto. Y es que según el informe que en 2013 publicó la Comisión para el Fomento de la Versión Original en la exhibición de las obras audiovisuales, creada por los entonces Ministerios de Educación y Cultura, “España es, junto con Italia, el país de la Unión Europea donde el doblaje goza de una mayor implantación en la emisión de contenidos”. Aunque quizá no se trate tanto de preferencia por el doblaje como de indiferencia por una cosa u otra.

¿Preferimos el doblaje por nuestro escaso donde de lenguas?

Hay quien vincula este dato con el escaso don de lenguas que tenemos. Lo hizo, por ejemplo, Ángel Gabilondo siendo Ministro de Educación, y en 2014, la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados debatió la propuesta del Partido Popular de fomentar la recepción de las películas en su “forma e idioma original” para “la mejora de las capacidades lingüísticas de los jóvenes”. Y es que sólo el 51% de los españoles entre 25 y 64 años asegura conocer al menos un idioma foráneo, muy por debajo de la media europea del 66%, según un estudio comparativo que presentó en 2014 la oficina de estadísticas europea, Eurostat.

¿Cuestión de edad?

Pero no todo el mundo está de acuerdo con esa ecuación, hay quien conecta las preferencias por las voces de casa con la comodidad y, sobre todo, la costumbre, y en este sentido, la preferencia por el doblaje tendría un componente muy generacional. Y eso que el doblaje en España ha tenido una calidad irregular a lo largo de los años. A menudo ha sido técnicamente muy bueno, y ha permitido que muchos espectadores relacionen las películas con sus voces españolas. Sucede con clásicos de Hollywood como La fiera de mi niña, incluso aunque la traducción de sus diálogos al español no sea perfecta, pero cuyas voces de doblaje eran tan buenas y hemos escuchado durante tantos años que terminamos por identificar a sus actores con ellas. Con los hermanos Marx ocurre algo parecido.

Sin embargo, esa buena calidad de doblaje no se ha conservado en todas las épocas. Los mayores fiascos de nuestra historia del doblaje posiblemente deriven de la censura franquista, que mutiló muchas películas venidas de fuera: con la Ley de Defensa del Idioma de 1941, se castellanizaron en exceso los diálogos de aquellas cintas, y comparando versiones venidas de otros países, se detecta que tampoco se respetaba el sonido en su conjunto y hasta se alteraba la música. Llegada la democracia, se redoblaron secuencias cuyo contenido había sido modificado durante la censura, y el resultado es de hasta tres voces diferentes para un mismo personaje. Uno de los últimos ejemplos de este problema fue Todos los hombres del presidente.

Ventajas de la versión subtitulada

Al margen de cuestiones técnicas e históricas, sabido es que los más cinéfilos suelen ser partidarios de las versiones subtituladas, que nos permite, evidentemente, escuchar a los actores en su idioma, y escuchar su voz, que no hay que olvidar que, dentro de la interpretación, es un elemento primordial. Comparando, por ejemplo, la versión doblada y la subtitulada de El discurso del rey, comprobamos que, por bueno que fuera el doblaje (que lo era), perdía mucha fuerza respecto al original debido a que el actor, Colin Firth, no solo trabajaba la voz, sino que su interpretación estaba muy unida al idioma en el que hablaba, el inglés.

Otro caso similar fue Malditos bastardos, donde Tarantino, en un trabajo muy realista, llegó a jugar con hasta cuatro idiomas –inglés, alemán, francés e italiano-, y esto, en su doblaje, se intentaba solventar poniendo acento a los actores, sin conseguir transmitir las mismas ideas y sensaciones que la versión original. Además, los subtítulos han permitido que algunas películas con escasa proyección hayan llegado al público de manera masiva. Al no gozar de una gran distribución, solo ha quedado que filmotecas o festivales, en proyecciones especiales o retrospectivas, las hayan subtitulado.

Ventajas del doblaje

Pero, ¿qué ventajas tienen, frente a ellas, las versiones dobladas? Se evitan los subtítulos, que obviamente alteran la composición de los planos originales de la película, y si no se ha adquirido la costumbre de leerlos, puede que no dé tiempo a hacerse con ellos, sobre todo en películas muy corales, como muchas de Woody Allen, donde el ritmo es rápido y hablan varios personajes al mismo tiempo. Por otro lado, desde el punto de vista de la promoción de la película, hay determinadas producciones que recaudarán más en taquilla si se doblan que si se subtitulan. Por ejemplo, una producción china, ya que pocos espectadores en España pueden enfrentarse a este idioma tan distinto al nuestro también en su entonación. Así, Tigre y dragón fue un éxito en España, y a ello ayudó mucho que estuviera doblada. A veces, el doblaje incluso ha podido imprimirle un sello especial a la película, como ocurrió con el doblaje español de El Gran Lebowski, que hizo que la cinta tuviera un especial éxito entre nosotros.

Una labor compleja e infravalorada

En todo caso, doblar una película o una serie no es cuestión baladí. Normalmente tiene un coste superior a lo que supone subtitularla, y lleva tiempo. Un capítulo de una serie como Los Simpson, por ejemplo, puede tardar unas dos semanas en doblarse, porque están implicadas las labores de traducción, el reparto idóneo de los actores y actrices de doblaje que van a intervenir, la grabación, la postproducción y el control de calidad.

En España, además, hace pocos meses los actores de doblaje libraron y ganaron una huelga que hizo incluso que Netflix o HBO tuvieran que retrasar el estreno de varias series, como la comedia de Fox `The Mick´, cuyo estreno estaba previsto para el 19 de abril, y se retrasó al 3 de mayo. Los actores y directores de doblaje agrupados en el sindicato ADOMA, con actividad en la Comunidad de Madrid (donde se ubican la mayoría de los estudios que se encargan de las versiones en castellano de las series y películas que emiten HBO, Disney, Fox, Amazon o Netflix), estuvieron de brazos (y voces) caídos varias semanas, con el objetivo (que consiguieron) de negociar el articulado de un convenio que se planteó a los estudios ya en 2014 para dar estabilidad a la profesión.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Google usa la inteligencia artificial contra los crímenes de odio en Estados Unidos

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Pixabay

Tras la expresión de odio racial de Charlottesville, en Estados Unidos, y la tibieza con la que la ha afrontado el presidente del país, Donald Trump, se han puesto en marcha no pocas iniciativas, que vienen a sumarse a los intentos por registrar los crímenes de odio en suelo americano, un reto que el país afronta desde hace años.

Google New Lab, el brazo de Google creado para colaborar con el periodismo de datos, ha anunciado, por su parte y en colaboración con la agencia de periodismo de investigación ProPublica, la creación de una base de datos fundamentada en inteligencia artificial para documentar estos delitos, creando una app que facilie la búsqueda de noticias sobre crímenes de odio e incidentes de sesgo similar, así como para encontrar y rastrear a sujetos específicos, según ha explicado ProPublica en un comunicado.

Nace, así, el índice Documenting Hate News, recogiendo los resultados de Google News sobre los delitos de odio, y filtrándolos a través del análisis del lenguaje natural de Google (Cloud Natural Language API), que permitirá también extraer información geográfica y contexto, por lo que se podrán crear todo tipo de infografías sobre la materia.

Complementar la escasa información del FBI

Sus creadores justifican la necesidad de este interfaz indicando que, aunque el FBI está legalmente obligado a documentar los crímenes de odio en el ámbito federal, las autoridades estatales y locales a menudo no reportan sus incidentes de esta naturaleza, por lo que los registros son irregulares o incompletos.

Se pretende ayudar, así, a los periodistas a encontrar localidades, nombres y datos útiles de más de 3.000 informes de noticias; eso sí, noticias de Google News. La actualización de la base de datos será diaria, y partirá de febrero de 2017. La iniciativa es, además, pionera en utilizar la inteligencia artificial, uno de los campos de investigación más prometedores actualmente, para generar contenido usando la API de Google Natural Language, que analiza texto y extrae información sobre personas, lugares, acontecimientos y noticias. Los usuarios también podrán realizar una búsqueda por palabra clave o explorar sugerencias algorítmicas.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Una isla artificial abastecerá de energía limpia a 80 millones de personas

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Isla artificial para abastecer de energía limpia a 80 millones de personas
Foto: TenneT

A grandes males, grandes remedios, reza el refrán castellano. Y no cabe duda de que el cambio climático, el modelo energético y la demanda de energía en el mundo supone el mayor reto al que se ha enfrentado la Humanidad desde hace más de medios siglo. Así que lo de construir una isla para remediar un poco la situación no parece una locura.

North Sea Wind Power Hub

Alemania, Dinamarca y Noruega se han unido en este ambicioso proyecto. Se trata de crear una isla artificial en el mar del Norte. North Sea Wind Power Hub se llamará la infraestructura a falta de que alguien más romántico y con mayor creatividad le ponga un nombre lírico.

La idea es crear un centro desde el que se procese, almacene y distribuya la energía generada por cientos de enormes molinos eólicos ubicados en las inmediaciones de la isla. También contará con plantas fotovoltaicas en la superficie del complejo, para maximizar la producción de energía. Una energía que será capaz de abastecer a más de 80 millones de personas cuando todo esté finalizado. Al menos eso aseguran sus responsables. Por supuesto, también contará con un puerto y un helipuerto que garantice un fácil acceso para los operarios que serán necesarios para su mantenimiento.

Energía para 6 países

El proyecto, que cuenta con el apoyo de la Unión Europea, busca generar energía limpia para habitantes de Gran Bretaña, Noruega, Holanda, Alemania, Bélgica y Dinamarca. Para eso, la isla estará conectada con estas naciones a través de cables subacuáticos. Se trata de un paso muy importante para decantar la balanza del consumo energético en estos países hacia las fuentes renovables y limpias.

Sin duda se trata de una obra enorme. El tipo de proyecto que parece inverosímil pero que da una idea del desarrollo de la ingeniería en la línea de reducir el impacto de las emisiones de combustibles fósiles en la atmósfera.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Barcelona, te quiero

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Llevo horas pensando en qué escribir, en si debería escribir si quiera. En cómo dejar claro mi dolor aunque ni siquiera soy capaz de comprenderlo. En cómo denunciar todo lo que está ocurriendo, ¿pero a quién? Ya no nos sirve gritar al cielo que la vida es injusta y que las otras personas son malas porque no son como nosotros. Tenemos las herramientas para comprender e informamos y aún así nos revolcamos en la ignorancia alimentada en retweets desinformados y caemos bajo, respondiendo a la violencia ciega con más violencia ciega.

17 de agosto de 2017

Esa tarde estaba revisando Twitter, donde sigo al diario La Vanguardia, cuando leí prácticamente al segundo de que lo hubieran publicado que una furgoneta había empezado a arrollar gente en Las Ramblas de Barcelona. ¿Un atentado? No se sabía. Hoy los atentados, para una sociedad que vivió el 11-M, se han vuelto acciones violentas heterogéneas que ya no se pueden clasificar a simple ojo. Simplemente se reconocía el mismo terror. Estaba ocurriendo en esas Ramblas tan mías y de mis seres queridos. Allí donde me había parado a robarle un beso una vez a un chico, por donde había pateado durante semanas después de salir a bailar o para ir a la Filmoteca de Catalunya, cerca, en el Raval. Las Ramblas, donde me paraba a mirar flores, buscando siempre gerberas y a descubrir qué reductos no turísticos quedaban.

Esas Ramblas. Las Ramblas de Barcelona. Mis Ramblas.

Por un momento, se me cortó la respiración pensando que podría haber sido yo, pues no sería nada extraño que estuviera paseándome por ellas una tarde a las cinco. Y así como podría haber sido yo, podría haber sido cualquiera de las personas a las que quería. Un frenesí de nombres saltó en mi cabeza (Carlota, Judit, Saúl, Susana, Ferran…) y el miedo a que la vida fuera así de caprichosa, tan plagada de casualidades y tan repleta de tragedias.

Mientras manda mensajes uno a uno, seguía leyendo qué publicaba La Vanguardia y los Mossos. Nombres de calles y locales que reconocía al instante. Si cerraba los ojos, hacerse un mapa mental era sencillo. Tenía el terror en casa. Llegaba heridos y muertos a los medios de comunicación en forma de números impersonales y testimonios en las redes sociales sobre pánico y morbo, tratados pésimamente. Cerraba los ojos y me resultaba muy sencillo imaginarme qué había quedado de esa angustia: Las Ramblas desérticas y en caos. El miedo había llegado a la ciudad que en su día me acogió para que, precisamente, dejara de tener miedo. Y ahí se me rompió el corazón.

Los atentados de los dos últimos años, desde Charlie Hebdo, se habían ido desarrollando en dimensiones que no conocía. Empatizaba y era plenamente consciente de su gravedad pero, no obstante, era problemas intangibles que no podía llegar a comprender en materia de dolor. Siempre me decía que Barcelona debía ser la siguiente, como una corazonada perversa que dices en voz alta para que no se repita. Y ayer lo fue, ayer nos dieron bien en el centro. Una ciudad abierta y acogedora, ahora cosiéndose las heridas de un ataque injustificable.

Después de lo ocurrido, debemos seguir amando a la Ciudad Condal. Desde el respeto por la víctimas, seguir adelante. Caminar otra vez por Las Ramblas, volver a robar un beso, mirar flores mientras se espera a la hora de la película en la Filmoteca. No echar la vista atrás salvo para aprender.

Y no olvidar que Barcelona es multiculturidad. En Barcelona convivimos toda clase de mileches que por un motivo u otro hemos ido a parar ahí. Al lado de la Rambla, os recuerdo, se encuentra el Raval, el punto urbano con más culturas y nacionalidades distintas de Barcelona. Y ninguna de esas culturas que tanto enriquecen la ciudad, que le dan vida al Raval, que nos reciben y nos explican cómo son cuando queremos escuchar, ninguna de esas culturas es culpable de lo ocurrido ayer en Barcelona. Barcelona abraza y Barcelona enseña que, sin importar de dónde seamos, tenemos un sitio en esa ciudad. Que no paguen justos por pecadores.

 

Imagen de Kirk Fisher en CC de Pixabay

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

¿Cómo es Barcelona?

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Barcelona
Foto: Nikitina Ludmila

Barcelona es una ciudad grande. Una ciudad que ha nacido para ser algo más que una ciudad. Un lugar que lleva cientos de años inspirando a pintores, a arquitectos a escultores, a músicos. A cada ciudadano. Y cada persona que la visita.

Barcelona y sus rincones

Barcelona es una ciudad en el que la gente siempre tiene algo que hacer. Una ciudad en el que todo el mundo se mueve de un lado para otro. Pero lo hace en coche, en bici, en patinete. De cualquier manera, siempre en movimiento.

Barcelona es una ciudad en la que nadie es extranjero. Una ciudad que, aunque a alguien le pese, acoge a millones de personas. Un lugar que ha cedido algunos espacios a los turistas. Porque aún conserva rincones a los que solo los conocedores saben llegar.

Barcelona es una ciudad que se redescubrió a sí misma gracias a unos Juegos Olímpicos. Que de pronto se dio cuenta de que daba al mar. Y se volcó. En los Juegos y en el mar.

Barcelona es una ciudad de gente seria y formal que sabe cuando ser divertida y alocada. En Barcelona vas a encontrar lo último en moda, en música, en arte, en cualquier tendencia que puedas imaginar. Para Barcelona mañana es hoy. Porque mira al futuro a través de sus gafas de pasta.

Barcelona no cederá

Barcelona es una ciudad que no se va a doblegar. Que no va dejar de sonreír a los visitantes. Que no va a renegar de sus barrios multiétnicos. Que no va a ceder a ningún chantaje porque ya los ha vivido.

Barcelona es una ciudad que vivirá su duelo. Que lamentará sus muertos y su mala suerte. Y dentro de unos días, volverá a mirar a ese Sol que se alza en el mar. Y seguirá siendo el espacio de convivencia y modernidad que siempre ha sido. Sin dar un paso atrás. Sin ceder ni un centímetro. Como cada día.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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