‘Star Wars: Los últimos Jedi’: cuando la saga gira a los millennials

Hay mucha más creatividad y sello personal en Star Wars: El despertar de la fuerza, Star Wars: Los últimos Jedi, escrita y dirigida por...

Morrissey tiene la última palabra

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Portada del nuevo disco de Morrissey

Morrissey vuelve. Antes de que se acabe el mundo, antes de que el cambio climático nos achicharre. Antes de que Kim Jong Un y Donald Trump nos irradien con una guerra termonuclear. Antes de todo eso, el viejo Moz tiene que decir una palabra más.

Todo el día en la cama

Lo primero que hemos escuchado de lo último que ha hecho comienza de un modo algo confuso. Para alguien que se ha caracteriza por los analógico de su propuesta, los primero segundo de Spent the day in bed son desconcertantes. Un momento, ¿Morrissey se ha pasado a la electrónica?, ¿a estas alturas?, ¿y con ese tono tan noventero? Qué raro es todo.

Porque uno se imagina a la estrella de Manchester sin móvil, con una tele siempre apagada y sin saber muy bien que es eso de Uber. Siempre apegado a las camisas de paramecios y los ramos de flores. 58 años de firmeza y seguridad en uno mismo.

Alta escuela

Porque es la imagen que tenemos de él. Más en estos tiempos radicales. Cuando él fue el primero de todos. Y entonces, la imagen de portada encaja mejor. Ese chaval con cara de decidido frente a Buckingham Palace, dispuesto a acabar a hachazos con la monarquía. Fiel a su palabra: “no entiendo la obsesión británica con la familia real. Cianuro en el té y adiós a la cuestión”.

Low in high school es un disco esperado. Como siempre viniendo de el exlíder de los Smiths. Tres años han pasado desde su anterior entrega. Aquella que tanto decepcionó y de la que no quede ningún recuerdo. Quizá solo en España por su lacerante ataque a la fiesta de los toros.

Grabado en Francia y en Roma, dos escenarios perfectos para la personalidad. Producido por Joe Chiccarelli que ya había trabajado con Zappa, con White Stripes, Strokes o Beck. Qué vuelta de tuerca nos trae Moz es algo que veremos a partir del 17 de noviembre.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

España, récord mundial de premios literarios y bajas tasas de lectura

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Pixabay

La premios literarios no tienen buena fama. Por despecho de autores, de lectores, sospechas sobre su transparencia… Pero, más allá de consideraciones y desvíos en su función, estos galardones tienen al menos dos posibles razones de ser: quieren crear lectores o afianzar autores.

En España, el boom de los premios literarios se produjo en la posguerra. Fueron un factor básico para el desarrollo de la novela autóctona de los 40 y 50, y ya en los 60, de los escritores iberoamericanos. Miguel Delibes o Juan Marsé se dieron a conocer gracias a este tipo de galardones, y así, los lectores y hasta la prensa comenzaron a tomar los premios como faros guía para orientarse en las librerías.

El Planeta crea lectores, el Nadal descubre autores

Eso sí, estuvo siempre claro que no todos los premios perseguían la misma meta. El Planeta, aún hoy uno de los más populares de nuestro país y de los que mayor dotación económica y tirada de edición ofrece, nunca ha ocultado que su intención, desde que se creó en 1952, no ha sido apostar por valores literarios nuevos, sino conseguir nuevos lectores. Y así, su jurado ha apostado por obras conservadoras en forma y fondo, para todos los gustos, poco problemáticas y de nombres conocidos, incluso a veces procedentes de otros terrenos de la cultura o la actualidad más allá del literario. En su edición de 2015, por ejemplo, se optó por el conocido cineasta Sánchez Arévalo como finalista.

Sin embargo, el Nadal o el Herralde siempre han pasado por impulsar a autores más desconocidos y textos más rompedores; por ejemplo, el Nadal fue el galardón que encumbró a Carmen Laforet con Nada, que abrió nuevos caminos en la literatura española. Estos objetivos dispares son una constante en los premios españoles: galardones institucionales como el Cervantes o el Princesa de Asturias, o privados como el Biblioteca Breve de Seix Barral, el Premo Jaén de Novela, o el Premio de Novela Café Gijón, se consideran de corte más literario. Otros, como el Premio Primavera o el Alfaguara, se tildan de más comerciales, menos arriesgados.

Premios hasta en los bancos

Además, con los años, cuando las editoriales descubrieron que los premios podían ser sinónimo de más ventas, comenzaron a abusar de su creación; así, se han ido creando galardones para todos los géneros (el Premio Minotauro en género fantástico, el Premio RBA de Novela Negra…). Y la propagación se extendió como un efecto contagio a áreas como bancos, cajas de ahorro o instancias locales o provinciales, con los ayuntamientos o las diputaciones convocando sus propios certámenes.

Y así hemos llegado al impresionante número de premios literarios que existe hoy, que colocan a España a la cabeza de todos los países del mundo en estas distinciones, incluso a pesar de que el 35% de la población, según el CIS, no lee “nunca o casi nunca”. Y eso que a raíz de la crisis se han eliminado muchos premios, por ejemplo los que concedían las extintas cajas de ahorros, y se ha rebajado, en general, las dotaciones económicas. De acuerdo con los datos de la Agenda de Concursos Literarios de Artgerust, en nuestro país se conceden más de 3.500 premios literarios anualmente, entre concursos y distinciones, y cada vez son más los escritores noveles que se postulan a ellos, aparentemente para darse a conocer, pues, de acuerdo con la Agenda, si de media en España las editoriales reciben más de 1.000 manuscritos o propuestas por año, sólo alrededor de unos veinte de ellos acaban siendo publicados.

Y en esta vorágine, a los premios se los ataca desde frentes diversos. Por ejemplo, los hinchas literarios quedan descontentos porque sus plumas favoritas no se ven recompensadas con un galardón, queja bastante habitual en el Premio Nacional de Narrativa, por ejemplo. En relación con los premios que conceden los ayuntamientos, se suele criticar su escasa aportación al mundo de la literatura. También se critica que los premios puedan llevar a confundir o mezclar demasiado los conceptos de cultura, educación y mercado.

Visibilizan la litratura

Aunque, por supuesto, la crítica que se lleva la palma en esto de los premios es la de falta de transparencia. Se habla de premios pactados, premios que sólo son limpios cuando no encuentran un ganador previo y premios que son siempre limpios porque no tienen demasiado prestigio o dotación económica. Y en una sociedad donde tanto se publica (de acuerdo con los datos del Observatorio de la Lectura y el libro, el año pasado se publicaron en España 18.310 títulos, y por cada 100 ejemplares vendidos, se han producido 160), se plantea si los premios tienen la capacidad real de aumentar sustancialmente la venta de un texto o mejorar la vida del autor.

Aunque los premios también tiene defensores, por ejemplo por constituir una manera de visibilizar la literatura, de modo que resulta coherente que en un país como el nuestro donde se lee mucho menos que en otros, los premios se utilicen  como una estrategia, por un lado, de promoción de la lectura y, por otro de mercado.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Fotogalería

Las mejores (e increíbles) fotos de naturaleza del año [Galería]

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Un año más, y ya van 53, el concurso internacional Wildlife Photographer of the Year, que organiza el Museo de Historia Natural de Londres, una de las instituciones más reconocidas del mundo en el estudio de la Naturaleza, ha seleccionado lo mejor de la fotografía de naturaleza del año.

El certamen premia arte, técnica y sensibilidad medioambiental, y elige su selección entre 50 mil imágenes de fotógrafos de 92 países. El próximo 17 de octubre se anunciarán los ganadores de esta selección en sus distintas categorías, y las fotos se expondrán en el museo desde el 20 de ese mes, como inicio de una gira expositiva internacional. El jurado internacional lo componen seis profesionales de la conservación y la fotografía de naturaleza.

Cómo afectó Irma a la naturaleza

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Foto: Earth Observatory NASA

Cada paso de un huracán se repiten las mismas imágenes en los informativos. Casas destrozadas, tejados desarmados, coches flotantes. Una insistencia en lo que son entornos humanos que tiene su lógica. Así las noticias son más impactantes, porque nos permiten relacionar la catástrofe con nuestra propia vida.

Pero hay otro entorno gravemente afectado por estos desastres: la naturaleza. Cada huracán de grado 4 o 5 supone un fuerte impacto en el medio natural. Igual que los techos de las viviendas salen volando, árboles y plantas sufren la furia del viento.

Ahora el Observatorio de la Tierra de la NASA ha puesto imágenes a este fenómeno. La agencia espacial norteamericana ha publicado una serie de imágenes tomadas por satélite que muestran el antes y el después del paso del huracán Irma por varias islas del Caribe.

Lo más evidente de la serie de imágenes es el cambio de color. Cómo antes del paso del tifón, el verde predominaba en las islas. Y después, es el color marrón el que parece ocupar toda la superficie.

El motivo de este fenómeno es doble. El primero es que la fuerza del viento arranca la vegetación baja característica de estas islas y deja al descubierto más tierra vacía. La segunda es que el viento deja a los árboles desprovistos de follaje y a través de las ramas desnudas se ve el suelo.

En algunas de las imágenes de las Islas Vírgenes, por dónde Irma pasó el 6 de septiembre, se percibe que la vegetación no se ha visto tan afectada. Son las zonas protegidas por pequeñas cadenas montañosas más a resguardo del viento. Por el contrario, otras islas, como Barbuda, muestras una afectación mayor, dado que el huracán pasó por su superficie plana en el momento en el que mayor fuerza tenía.

Fotos: NASA

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

¿Están relacionados los dos recientes terremotos de México?

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Pixabay

En México, la tierra ha temblado por segunda vez en un mes, echando abajo edificios, rompiendo carreteras y acabando con la vida de cientos de personas. La fecha coincide con el aniversario de otro catastrófico movimiento de tierra que en 1985 mató en el país a casi 10.000 personas, aunque los científicos no analizan la coincidencia de fechas más que como eso, una coincidencia.

Distancia entre ambos, similitudes entre ambos

El mortífero temblor que precedió, el 7 de septiembre, a este segundo que ha ocurrido el 19 de septiembre, fue de 8.1 grados en la Escala Richter, y este siguiente ha sido de 7.1 grados. El primero se sufrió en el Golfo de Tehuantepec, y el segundo se produjo por debajo de los estados de Puebla y Morelos. Hay cientos de kilómetros entre ambos puntos, pero los expertos ven similitudes entre ambos movimientos de tierra.

Para empezar, los dos parecen ser resultado de la ruptura de fallas en el llamado Anillo de Fuego del Pacífico, un área de de 40.000 kilómetros en forma de herradura de zapato que se extiende desde el límite de la placa del Pacífico y las placas más pequeñas, como la placa del Mar de Filipinas a las placas de Cocos y Nazca que línea el borde del Océano Pacífico. Se trata de una de las zonas más sísmicas del planeta. Las placas, que son divisores de la corteza terrestre cuya interacción, cuando se desplazan sobre un manto semilíquido, es una de las principales causas de terremoto, chocan en el centro y sur de México.

Un terremoto no es una réplica del anterior

Por otro lado, están las réplicas, que pueden ocurrir minutos, días o meses después del terremoto principal, aunque, en este caso, un terremoto no parece haber sido réplica del anterior. Sí se han producido pequeñas réplicas después de cada uno de ellos, porque cuando ocurre un sismo de magnitud considerable, como estos, las rocas cercanas a la zona de ruptura sufren un reacomodo, que implican temblores.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

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