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Kirk Douglas, eslabón del cine clásico al moderno, cumple 101 años

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No Merchandising. Editorial Use Only. No Book Cover Usage. Mandatory Credit: Photo by Bryna/Universal/REX/Shutterstock (5886162bs) Kirk Douglas Spartacus - 1960 Director: Stanley Kubrick Bryna/Universal USA Film Portrait

Llegó un momento en Hollywood en que las grandes productoras –Paramount, Fox, Warner Bros, RKO– perdieron el poder de explotar a sus actores con contratos excesivos. Fue con el baby boom, la llegada de la televisión y, sobre todo, las leyes anti trust que impidieron que estas empresas se garantizaran taquilla encargándose tanto de la producción como de la distribución de los filmes.

Era el ocaso del cine clásico, y los actores enarbolaban su independencia colaborando con directores de lenguaje narrativo más vanguardista. Kirk Douglas, superviviente de aquella generación, cumplió 101 años el pasado 9 de diciembre. Él mismo encarnó a un magnate cinematográfico venido a menos en Cautivos del mal, una oscarizada película que reflejó este momento bisagra entre el cine clásico y la modernidad. Para cada generación, la industria hollywoodiense crea su star system, supeditado a los gustos y hábitos del público. Con el cine mudo y en los años 20 y 30, las productoras tejieron alrededor de los actores un halo especialmente glamuroso, mitificador. En los 40, los estadounidenses y su New Deal estuvieron exultantes, con el Estado animado a invertir –también en cultura- y el público en modo consumista, plantándose cada semana ante la gran pantalla fuera lo que fuera lo que había en cartelera: una de cine negro, un western, el Gordo y el Flaco, un musical…

Exceso de confianza

Pero quizá ese fue el problema: el exceso de confianza. William Wyler había intuido algo en Los mejores años de nuestra vida. En los 50, el melodrama o el género épico dejan de interesar a los espectadores más jóvenes, y las familias, con los soldados ya en casa criando montones de hijos y la tele como nueva compañía, salen menos. Además, comienza a hacerse un cine en el extranjero – el neorrealista en Italia, el documental en Reino Unido, la Nouvele Vague en Francia o el japonés de Ozu, Mizoguchi o Kurosawa- que desinfla las exportaciones cinematográficas y fomentan las importaciones.

Los estudios, que creían que la garra de sus títulos en blanco y negro sería eterna, empiezan a tener problemas con sus estrellas, ya no pueden firmar con ellas esos inquebrantables contratos de siete años que les arrebatan el poder de decidir en qué película participar. Conscientes de su fuerza, éstas suben ahora sus cachés, comienzan a trabajar por su cuenta e incluso crean sus propias productoras –llegó a haber quince productoras de actores-, dando cobijo a directores de nuevos lenguaje y géneros. Dos pioneros en este sentido fueron Olivia de Havilland –que también sigue viva y es centenaria-, que ganó un juicio a la Warner cuando ésta quiso castigarla por negarse a hacer papeles secundarios, y John Wayne, el primero en recibir un (sustancioso) porcentaje de taquilla en lugar de un salario.

Un actor dueño de su destino

Douglas apenas había hecho alguna pequeña incursión cinematográfica en los 40. Fue a finales de los 50 cuando se consolidó como actor. Nacido como Issur Danielovitch Demsky en Ámsterdam, Nueva York, el 9 de diciembre de 1916, e hijo de inmigrantes rusos judíos, siempre quiso ser dueño de su destino y ser actor. Su padre, que lo abandonó cuando tenía cinco años, era trapero, y de ahí le vino al actor un apodo, “hijo del trapero”, que acentuó su carácter enérgico, temperamental, inquieto, contradictorio y contestatario. Afín, en suma, a la mayoría de los personajes que interpretó. Tuvo la osadía decir no, en varias ocasiones, a grandes productoras, y por sus ideas de izquierdas, muchos directores y estudios le dieron la espalda, lo que constituyó el espaldarazo definitivo para que montase su propia productora. La Caza de Brujas le pasó rozando, como contó en 2012 en Yo soy Espartaco, su noveno libro -con prólogo de George Clooney-, donde explica su experiencia no solo como protagonista, sino también como productor, en Espartaco, película de 1960 considerada la primera superproducción épica con trasfondo social, y que desafió las listas negras del macartismo indicando el nombre real de su guionista, Dalton Trumbo, uno de los represaliados más famosos.

Douglas entró en Hollywood de la mano de Lauren Bacall, a quien conoció en la Escuela Norteamericana de Arte Dramático. Su realista interpretación de un boxeador en El ídolo de barro le granjeó, en 1949,  la primera de sus tres nominaciones a los Oscar (las otras dos fueron por Cautivos del mal y El loco del pelo rojo). Tocó todos los géneros, aunque quizá fue en el melodrama en el que tuvo sus mejores papeles, varios de ellos bajo la dirección de Vicente Minnelli (Dos semanas en otra ciudad, El loco del pelo rojo), pero participó también en grandes superproducciones como Veinte mil leguas de viaje submarino o Duelo de titanes.

Como productor, conectó con Stanley Kubrik, con quien rodó dos de las películas que más prestigio le dieron, Senderos de Gloria y Espartaco, aunque en esta última la relación entre ambos acabó como el rosario de la aurora. En los setenta, cuando en Hollywood el nuevo cine ya no daba el mismo dinero que el clásico y muchos exploraban nuevos caminos (Friedkin, Coppola, Spielberg, Lucas, Woody Allen), Douglas probó suerte como director sin alcanzar apenas éxito.

El fin en los noventa

Ya lo hemos dicho, en cada momento histórico las productoras crean un star system concreto. Los ochenta, qué duda cabe, fueron los de hombres de acción como Silvester Stallone, y en los noventa, el perfil fue más grunge, con Wynona Ryder o Johnny Dep. Kirk Douglas espació sus trabajos entonces, y un derrame cerebral en 1996 lo obligó a parar definitivamente, ya con 80 películas a sus espaldas y el año en el que la Academia, tal vez por mala conciencia por no haberle dado ninguna estatuilla, le concedió el Oscar Honorífico. Tal vez ahora, por efecto de la globalización, todo sea más ecléctico, los actores de Hollywood sean de muchos tipos. Espartaco los ve ya desde el otro lado de la pantalla. Larga vida. Eres tan fuerte que puedes sentirte débil.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

La IA de Google descubre un sistema planetario gemelo al nuestro

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Análisis de datos para la detección de sistemas planetarios
Imagen: NASA

Esta noticia se repite cada cierto tiempo. Valga un oxímoron, porque una novedad repetida deja de serlo. Pero en este caso hay un factor diferente que lo hace relevante. Encontrar sistemas planetarios en los que hay un par de planetas en la zona habitable es común. El modo de encontrarlos en esta ocasión, no.

2.500 años luz

El sistema ha sido denominado Kepler 90. Ni tan siquiera el nombre es muy distintos de otros. Cuenta con ocho planetas, dos de ellos rocosos y con la posibilidad de tener agua en estado líquido: Por estos motivos ha sido considerado un sistema gemelo al nuestro, a 2.545 años luz de nuestro planeta, eso sí.

Lo relevante es la forma en la que la NASA ha detectado el sistema. Para escudriñar el Universo, hace unos meses que la agencia espacial norteamericana se alió con Google. El gigante de Mountain View provee a la agencia de tecnología que facilita el análisis de los datos que se reciben. Y también hacia adónde mirar.

La forma de detectar estos sistemas no ha cambiado sustancialmente en varias décadas. Se trata de mirar fijamente a la estrella. Se almacenan los datos de brillo de la esfera. Y las variaciones periódicas se interpretan como el paso de un planeta. En función de estas variaciones se puede establecer su tamaño y al distancia que le separa de la estrella entorno a la que orbita.

Red neuronal

En este caso, Google puso a trabajar a sus sistemas de Inteligencia Artificial. Enseñaron a la máquina primero a detectar las variaciones de brillo en las estrellas. Después a interpretar esa variaciones y a realizar los cálculos precisos para determinar el número de mundos que giran a su alrededor, su tamaño, su distancia e incluso su composición. La IA de Google fijó su vista en Kepler 90 y proceso 14.000 millones de datos empleando lo que se conoce como red neuronal.

Pero más allá de este primer descubriendo, tanto la NASA como Google esperan que este sea el primer paso para una gran aceleración en la detección de sistemas estelares y, eventualmente, vida en alguno de sus planetas.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

#PartirDeCero, los gitanos se movilizan para pedir igualdad de oportunidades

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#PartirDeCero para tener las mismas oportunidades que los demás. Es el juego de palabras de la nueva iniciativa de la Fundación Secretariado Gitano, en la que, apoyándose en obras artísticas, como un cortometraje al que pone voz Antonio Resines o un cuento del periodista Máxim Huerta, persigue mostrar el camino de “prejuicios, desconfianza y rechazo” que aún sufren miles de gitanos en España y en el mundo.

Y para rizar el rizo de la simbología de la desiguladad, el corto, que está disponible en la web de la campaña, partirdecero.org, parte con 750.000 reproducciones negativas para que a medida que se visualice éstas lleguen a cero. Tanto esta obra audiovisual como el cuento narran la historia de Samara, una joven gitana que recorre un camino lleno de dificultades para llegar a la Ciudad Cero, que es la de la igualdad, donde tiene las mismas oportunidades para estudiar, encontrar un trabajo o alquilar un piso que el resto de la población. Los beneficios íntegros obtenidos por la venta del libro serán destinados a los programas de promoción e igualdad de la Fundación. La campaña está financiada por el programa Por solidaridad. Otros fines de interés social, del Ministerio de Sanidad.

Más de la mitad se siente discriminado

La inclusión de los gitanos en la sociedad española dista de ser una realidad. Tres de cada cuatro gitanos sufre exclusión social, un dato cinco veces superior a la media, según recoge el Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social de la Fundación FOESSA. Por otro lado, de acuerdo con el Diagnóstico Social de la Comunidad Gitana en España, el 42,6% de los gitanos aseguró que se sintió discriminado en el acceso a un local público, y al 40,2% de los españoles les molestaría mucho o bastante tener como vecinos a personas gitanas.

Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), aportados por Secretariado Gitano, indican que al 40% de los españoles les molestaría mucho o bastante tener gitanos como vecinos o que el 52% tiene poca o ninguna simpatía hacia este colectivo. Además, uno de cada tres gitanos está en paro y el 50% asegura haber sido discriminado a la hora de buscar empleo. El círculo de la exclusión y la discriminación cubre todas las áreas en las que se sustenta la dignidad humana. El 42% tiene gran privación en materia de vivienda, y entre el 70 y el 90% padecen condiciones de precariedad material aguda.

En materia de salud, las cifras tampoco varían. Según el Observatorio Proxi, la esperanza de vida entre los rromà es diez años menor que la del resto de la población y la tasa de mortalidad infantil es cinco veces superior a la media. La esperanza para invertir estos datos se pone en el sistema educativo, pero la situación no deja de ser sombría: sólo el 15% de la juventud gitana acaba la educación secundaria.

La minoría más numerosa de Europa

En el mundo, hoy, el pueblo gitano está constituido por más de diez millones de personas que viven diseminadas por todo el mundo, con la nacionalidad del país de donde cada una de ellas es originaria y su nacionalidad gitana. En Europa, es la minoría étnica más importante y numerosa, con más de ocho millones de personas.

Las cifras de discriminación tampoco cesan en el resto del suelo europeo: en Hungría se ha asesinado a personas gitanas por su condición étnica. En Francia, el gobierno de Sarkozy ordenó su expulsión. En la República Checa se esterilizó forzosamente a mujeres gitanas hasta el 2008, y se separa a los niños en escuelas para discapacitados.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Pues sí, me ENCANTA la Navidad

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Venga, lo digo. A mí me gusta la Navidad. Un montón, la verdad. Soy de las que ven cuatro luces bien puestas en diciembre y se le queda cara de felicidad. Tengo un árbol de dos metros diez, ¿sabéis?

Hoy en día lo habitual es que la Navidad no guste. Lo puedo entender. La hemos convertido en sinónimo de compromiso, consumismo y desfase. Pero que la gente la viva así no implica que esa sea la única Navidad existente. De hecho, a mí me gusta mucho encontrarle nuevas formas a la Navidad.

Para empezar, tener unas ‘fechas señaladas’ me parece fantástico. A la gente le resulta muy artificioso comportarse de una manera determinada sólo porque se tratan de ciertas fechas. A mí me va estupendamente para organizarme. Soy un terrible desastre que necesita fecha de entrega hasta para ir al baño. Que las Navidades tenga unos días determinados es la excusa perfecta que necesito para organizarme. Así que, muy, muy a favor de ‘los cuatro días señalados’.

Dicen que la Navidad consiste en gastar. Ya se sabe, toda esa parte de comprar los regalos. No obstante, yo creo que eso es una cuestión de cómo nos planeamos los detalles que hacemos a nuestros seres queridos.

Que nosotros nos veamos en la obligación de comprar cosas es por cómo entendemos los regalos, no la Navidad. Un regalo puede ser igual de efectivo siendo simbólico o hecho a mano. Al final, lo importante es la ilusión que le pones.

Finalmente, no me parece especialmente terrible que nos volquemos con ilusión a las Navidades. Somos expertos en buscar excusas para celebrar pequeñas cotidianidades: Año nuevo, un ascenso, los cumpleaños… De acuerdo, hay culturas y religiones que viven estas fechas de maneras muy distintas, pero nosotros, que estamos inmersos en el calendario católico, tal vez podamos aprovechar que existen estos días para empaparnos de ilusión.

En mi opinión, una excusa para tener ilusión difícilmente puede ser mala. Sí, jugamos con artificios. Pero eso con todo en la vida.

Así que encontrar cuatro días (literales) para sonreír no puede ser tan terrible. Y si no te gusta la Navidad, encuentra otros cuatro días para tener una excusa tonta para ser feliz… y déjanos a los otros morirnos de la ilusión.

Imagen de Pixabay en CC por Rita.

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

Drones insecto con programación neuronal

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RoboBees
Foto: Universidad de Harvard

Los científicos son grandes personas. Nos salvan y anticipan el futuro. Qué haríamos sin ellos. Pero tienen algunos defectos. No les gusta la tele. Están tan enfrascados en sus investigaciones que permanecen ajenos a la ola de series que nos arrasa. Por ejemplo, es seguro que no han visto la inquietante serie británica Black Mirror.

RoboBees

Porque si no, no se entiende que sigan con el racarraca de los drones insectos. Que vale que nos estamos cargando a estos pequeños y necesarios animales y que algo habrá que hacer para sustituirlos. ¿Investigar para salvarlos? Nah, los tiempos modernos dictan que creemos máquinas para reemplazarlos.

Así que nada menos que en la Universidad de Harvard parecen estar ultimando unos que realmente funcionan. Unos diminutos drones que harán las funciones de los insectos polinizadores. Son científicos, pidámosles dispositivos tecnológicos imposibles, pero no que trabajen un poco más el nombre: RoboBees los llaman.

Programados como cerebros

El caso es que estos drones tienen una envergadura de tres centímetros y pesan 80 miligramos. Una vez desarrollado el hardware llega el momento del software, de la programación para que cumplan su cometido. Y en ello están en la Universidad de Cornell.

En este apartado llega una nueva novedad. No se están programando en el clásico sistema binario. Su funcionamiento depende de impulso eléctricos. Algo más parecido a cómo se comunican las neuronas dentro del cerebro. La idea es que los drone sean capaces de “reaccionar” a acontecimientos que sucedan en su actividad diaria. Que no dependan de ajustes continuos del programa.

Aunque la verdad, bien pensando, cabe la posibilidad de que los científicos sí vean series. Si conozcan ese capítulo de Black Mirror. Cabe la posibilidad de que la polinización sea solo un primer paso o una excusa. Quién se fía de los científicos.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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