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Zapatillas hechas con algas. Feas pero ecológicas

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Zapatillas hechas con espuma de algas
Foto: Bloom

Uno de los efectos del cambio climático y de la polución es el incremento de algas en depósitos de agua salada como lagos y estanques. Esta proliferación acaba con el oxígeno del agua lo que provoca la muerte de los animales. Y además contribuye a uno de esos fenómenos de “retroalimentación positiva” tan desgraciadamente frecuentes. A más algas más emisiones de CO2 a la atmósfera.

Una empresa que extrae algas

Ahora dos empresas se han aliado para encontrar una curiosa solución a este problema. Por un lado tenemos a Bloom. Se trata de una empresa estadounidense especializada en la producción de espumas. En principio parece una industria poco amiga del medio ambiente, pero no en este caso.

Uno de los último proyectos de la compañía es la creación de una nueva espuma desarrollada a partir de algas. El proceso no puede ser más perfecto. Al mismo tiempo que se filtran aguas de lagos y estanques para eliminar las algas se evita tener que emplear derivados del petróleo en la producción de estas espumas. Además, la empresa, tiene su base en Mississippi. Una auténtica mina de algas.

Y otra que las convierte en zapatillas

Bien, ya tenemos la espuma. ¿ahora qué hacemos con ella? A otra empresa, en este caso británica, se le ha ocurrido la brillante idea de fabricar unas zapatillas que califican de anfibias.

Vivobarefoot es una compañía especializada en calzado. Hace unos meses se pusieron en contacto con Bloom para interesarse por su espuma a base de algas. Y se pusieron manos a la obra para diseñar unas zapatillas elaboradas a partir de este material.

El diseño puede ser más o menos discutible, es cierto. El color, pues también, no nos engañemos. Pero lo relevante es que con cada par de zapatillas se consigue eliminar las algas de más de 150 litros de agua. Y se evita que más de 40 litros de CO2 se emitan a la atmósfera.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Entre el 70 y el 80 por ciento de la basura de las playas son plásticos

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Pixabay

La inmensa mayoría. Entre un 70 y 90 por ciento de los residuos acuáticos que hay en las playas son plásticos. En total circulan por la costa de la Unión Europea unas 800.000 toneladas de bolsas de este material sólo en la Unión Europea.

Son datos del PNUMA, programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, que, en retrospectiva, explica que mientras que en 1950 se arrojaron 1,5 millones de toneladas de plástico, en 2015 fueron 300 millones, un dato que también ha confirmado la Comisión Europea. Y como prospección, las Naciones Unidas prevén que en 2050 la producción de plástico a nivel mundial crezca hasta los 33.000 millones.

El coste de todo esto

¿Y cuál es el coste de todo esto? El programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que la basura marina cuesta cerca de 8.000 millones de dólares al año en pérdidas para los sectores de la pesca, la acuicultura, el turismo marino y las tareas de limpieza. Además, representa una pérdida de 622 millones anuales en el sector del turismo y 81,7 millones de pérdidas anuales de la flota pesquera de la Unión Europea.

¿Y termina reciclándose algo de este plástico? La Comisión Europea indica que en 2014 se reciclaba menos de un tercio del plástico. De esta forma, a pesar de que más del 65% de los residuos de envases se reciclan, menos del 40% de los envases de plástico se reciclaron en 2014. La Comisión Europea estima que el 89% de las bolsas de plástico solo se usa una vez.

Por países…

Por países, los mayores consumidores de plásticos en Europa, fueron Alemania (25%), Italia (más de 14%), Francia (casi 10%), Gran Bretaña (casi 8%), España (más de 7%) y Polonia (6%). Las principales vías de reciclaje en Europa eran en 2014, con un 39% el uso energético y con un 30% el reciclaje del material, mientras que un 31% de los residuos de plásticos fueron a vertederos.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

La cultura del robo de los macacos de Bali

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Los inteligentes macacos de Bali
Foto: Bair175

A veces pareciera que los humanos no tenemos remedio. Y lo peor es que arrastramos en nuestros delirios a todos los animales que nos rodean. Convertimos a las especies que se acercan a nosotros en lo peor de nosotros mismos. Y luego, proyectando nuestros defectos en ellos, les culpamos de cosas que son nuestra responsabilidad.

Turistas incautos

El último caso, o el penúltimo, es el de los macacos del templo Ulu Watu, en Indonesia. Este enclave es uno de los reclamos turísticos de la isla y está poblados por una nutrida comunidad de primates. Estos animales está acostumbrados a que los visitantes les lancen comida. Pero ahora han ido un paso más allá.

Los macacos han aprendido el absurdo apego que los humanos tenemos por nuestros objetos y han sacado partida de ello. Los monos se abalanzan sobre los incautos turistas y les arrebatan los que pueden. Móviles, cámaras, gafas. No, no es que los animales hayan encontrado una utilidad a esos objetos. O bueno, quizá sí la sea.

Macacos inteligentes

Con la inteligencia que les caracteriza y la falta de inteligencia de la que a veces adolecemos nosotros, resulta que han entendido que estamos dispuestos a lo que sea por recuperar nuestras pertenencias. Y un buen día, a un turista se le ocurrió ofrecen comida a un macaco a cambio de su móvil. Y eso fue el principio de un reflejo condicionado que se ha extendido por la comunidad como el fuego.

Inmediatamente, los científicos han llegado al lugar con sus chalecos multibolsillo y han empezado a realizar vídeos y fotos. Los relevante para los estudiosos de la Universidad de Lethbridge en Canadá y de Lieja, en Bélgica es cómo este comportamiento se ha extendido de unos animales a otros.

Resulta que los macacos han sido capaces de comunicar a sus semejantes lo que ocurría. De decirles a sus congéneres “oye, si le robas cualquier cosa a esos monos pelados, ellos enseguida sacan comida para recuperarlo”. Y claro, tiempo les ha faltado para ponerlo en práctica.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

‘The Water Van Project’, cuatro amigos en furgo suministrando agua potable

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Cuatro jóvenes españoles (zaragozanos, para más señas) y un objetivo: trabajar por la conservación del agua en Iberoamérica. Eduardo Salvo, Jorge Horno, Chechu Pajares y Diego Félez, profesionales de la arquitectura, el derecho y el comercio que dejaron sus trabajos en multinacionales para crea el proyecto The Water Van Project, con el que han emprendido un viaje por lugares de Iberoamérica donde la crisis del agua es un problema severo.

Un viaje de 20.000 kilómetros, de México hasta Perú, en una furgoneta que suministra filtros de potabilización de agua para que más de 20.000 personas tuvieran acceso a agua potable en los próximos diez años (o incluso más).

Financiación por crowdfunding

Antes de iniciar su gira, contactaron con varias organizaciones solidarias que ya estaban inmersas en trabajos de potabilidad del agua en las comunidades necesitadas, para organizar su tarea: proporcionar dos tipos diferentes de filtros, unos para familias y grupos pequeños, y otros para centros como hospitales o colegios.

Para financiar el proyecto, han llevado a cabo una campaña de crowdfunding en la que han colaborado más de 350 personas, y con la que han recaudado 43.000 euros (el objetivo inicial era de 25.000). También han obtenido el apoyo de distintas empresas y entidades como la Obra Social La Caixa.

Familias, escuelas

Hasta ahora, el equipo ha desarrollado proyectos en México, donde han donado 50 filtros de agua. En Guatemala, donde distribuyeron 110 filtros familiares a más de 300 familias y 3 filtros comunitarios a tres escuelas diferentes con alrededor de 120 alumnos cada una. Y en Nicaragua, donde donaron alrededor de 6 filtros a 4 escuelas diferentes de alrededor de 50 alumnos cada una.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Jardines que se suben por las paredes en Colombia

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Edificios con espacios verdes en Colombia
Foto: Groncol

Estamos acostumbrados a dividir las ciudades. Por aquí los espacios edificados y asfaltados. Por allá, los espacios verdes. Así, normalmente una cosa va en sacrificio de la otra. Y con el actual grado de desarrollo urbanístico, todos sabemos qué parte sale perdiendo. ¿De verdad no hay posibilidad de conjugar ambos ambientes?

Espacios verdes sobre edificios

Como siempre, es solo una cuestión de voluntad. La de animarse a unir edificaciones y espacios verdes. Esa es la base del trabajo de la empresa colombiana Groncol. Una de las propuestas arquitectónicas y urbanísticas más impactante que hemos visto en mucho tiempo.

En la propia definición de su actividad, Groncol expone que se limitan a adoptar soluciones sencillas a problemas complejos. Basta, desde su punto de vista con cubrir superficies pavimentadas con zonas verdes.

Está claro que así descrito parece una cosa sencilla. Sin embargo, la implantación de estas soluciones implican desarrollos más complejos. Claro, que todo se compensa con las ventajas que produce.

200 proyectos

Los 200 proyectos llevados a cabo por Groncol han sembrado 8 millones de plantas por toda Colombia. Estas plantas han capturado 8.000 litros de agua de lluvia que de otro modo se habrían perdido por la escorrentía. Las zonas verdes han absorbido 350 kilos de partículas contaminantes. Y más de 600 toneladas de basura se han reciclado en compost.

Es el resultado de un trabajo centrado en cuatro objetivos. Todos los proyectos deben tener un impacto positivo en el medioambiente. Deben mejorar la calidad del aire, pero también la calidad de vida de los habitantes de los edificios. Por su puesto deben ser técnicamente viable. Y la última derivada, rentables. Porque la garantía de continuidad de este tipo de desarrollos es que su coste no implique la imposibilidad de convertirlos en realidad.

Con estas premisas se han creado proyectos tan increíbles y diversos como el edificio vestido con un jardín vertical en el edificio de Santalaia en Bogotá o el techo verde. en la cárcel de Tulua.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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