Yo también (#MeToo)

Si habéis prestado atención a Twitter y a los muros de Facebook, habréis conocido al menos dos de las campañas a través de hashtags...

Cuando la edad te pilla

mailto  facebook  twitter  google+

Los momentos en los que te das cuenta de que algo están cambiando deben tener un nombre específico en algún idioma complejo. Como el alemán. Algo así como el deja vú francés, pero echándole una ojeada en el futuro para comprobar que, efectivamente, todo va a cambiar. Que ya están cambiando cosas. Encima, las estás cambiando tú misma. Lentamente. Los necios lo llaman madurar. Pero madurar es relativo, incuantificable y, definitivamente, ridículo. Si lo pensamos tranquilamente probablemente no seamos capaces de definir correctamente en qué consiste madurar.

Nuevas costumbres

Pero sí que hay algo que dan los años. O eso suponemos. El ser humano es un animal de costumbres y, sin embargo, no mantenemos ninguna más allá de una generación. Un buen día te levantas y te ha caído una década encima; entonces, lentamente, dejas la leche por el café, los parques por las terrazas bien avenidas de tu barrio y, en cuanto te despistas, te estás pidiendo un cortado y contando los gramos de azúcar que caen en el líquido, como has visto hacer cientos de veces a esas señoras mayores que tanto distaban de ti.

Te gentrificas a ti mismo. A eso es lo que llamamos madurar. Cambiamos nuestras costumbres sencillas por nuevas cada vez más caras. Escalamos socialmente en función del cambio de nuestras costumbres. De repente, estás en una terraza de sillas metalizadas, con tu cortado en un vaso pequeño, discutiendo sobre los alquileres locos de Barcelona y tienes el ya mencionado deja vú a la inversa, en el que te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás.

Te ha pillado la edad de morros. Y te la comes con patatas.

La crisis de la que nadie habla

Es ofensivo hablar de la crisis de edad de los 20. Del crack del cambio de década. Se ofenden los mayores, por supuesto. Con su perspectiva histórica vital tan dañina, en la que solo piensan en todo lo que pudo ser y en la energía de ser joven. Pero, definitivamente, una se somete a ese crack en los 20. Aprendemos a pagar facturas, vemos a nuestros amigos casarse y, cómo no, dejamos el café con leche por el cortado, porque la leche se vuelve indigesta. Y porque el cortado es más maduro, tal vez.

Nos topamos de bruces con esa temible madurez y nuestras ambiciones cambian, al igual que las relaciones y que cualquier cosa que se te pueda ocurrir. Un día estás en una de esas mencionadas terrazas y de repente de das cuenta que eso que ahora es constumbre, un tiempo no tan atrás era impensable. Pero que lo prefieres, realmente estás bien ahí. Revisas tu DNI, en acto poético, y realmente es innegable que los 20 han llegado plenamente. Si lo hablas con un adulto dirá, restándole importancia, que estás madurando. Si lo hablas con tus amigos se encogerán de hombros.

El deja vú invertido persistirá. Seguirá la gentrificación personal. Todo empieza con una pareja, un buen vino, tal vez. El mundo a tu alrededor cada vez más adulto, con hijos, con trabajo, con pareja, con triunfos y caídas. Madurando, aparentemente. Pero vuelves a mirar el cortado que te has pedido, aun pretendiendo que solo bebes un café al día, y después de remover con la cucharita ridículamente pequeña, bebes mirando a toda esa gente que te acompaña y que, irremediablemente, también pasa por lo mismo que tú. En silencio, en paz, mientras los otros siguen hablando de los alquileres locos de Barcelona. La verdad, hay que reconocerlo, es que sí que te gusta ese café. Sí que tienes nuevas ambiciones. Sí que todo cambia. Aunque un Peter Pan grite en la oreja derecha que crecer es malo. No, no lo es. La edad nos pilla, para mal pero sobre todo para bien.

Y la crisis de los 20 es fantástica. Que vivan los cortados.

 

Imagen de Pixabay en CC

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

¿El troll de internet es hombre o mujer?

mailto  facebook  twitter  google+

Troll de internet
[DP] Pixabay

Ya sabes lo que es un Troll de internet, ese ser despreciable y asocial que disfruta creando discordia, discutiendo y amargando la vida de muchos que intentan aprender, informarse u opinar libremente en los comentarios de webs, foros, prensa o redes sociales. Por supuesto, siempre usa una identidad falsa, con un nombre inventado y una foto que no es la suya. Pero… ¿hay más hombres o mujeres troll?

Una nueva investigación de la Universidad de Londres cree haber descubierto el género de los trolls.

Investigaciones anteriores habían encontrado que los hombres son más propensos a participar en el acoso en Facebook, y en trolleo online en general.

Los estudios también han encontrado niveles más altos de narcisismo en los hombres. Esa parece ser la clave.

El estudio publicado en la revista Computers in Human Behavior concluye que, en general, los hombres están más motivados a usar Facebook antisocialmente , y esto puede explicarse en parte por un mayor narcisismo.

Las mujeres son más amables en Facebook

Los investigadores también encontraron que las mujeres eran más propensas a usar Facebook de manera prosocial, por un sentido de conexión y pertenencia, lo que puede explicarse en parte por niveles más altos de auto-interpretación relacional (la medida en que los individuos se definen en términos de relaciones cercanas).

 

“El vínculo entre el narcisismo y el uso antisocial más fuerte de Facebook podría estar conectado con la tendencia general de los narcisistas a mantener opiniones extremadamente positivas de sí mismos que pueden alienar a otros”, explicó el equipo de investigación.

 

Narcisismo, ese mal peligroso para los demás

Al publicar contenido auto-promocional en Facebook, los narcisistas pueden tratar de cultivar un perfil en línea que atraiga admiración y protagonismo, pero en última instancia, no está realmente preocupado por los resultados pro-sociales.

Además, los narcisistas tienden a ser antagónicos hacia las personas que no comparten sus opiniones infladas de sí mismos y tal vez se expresen con hostilidad o enojo hacia los amigos de Facebook que los desafían o no les dan la atención que anhelan.

Los psicólogos analizaron los resultados de la encuesta en línea de más de 570 participantes estadounidenses. Los participantes tendían a ser usuarios diarios de Facebook y tenían un promedio de 304 amigos en Facebook.

 

En la vida real también son así los trolls

Los investigadores explican que las diferencias de sexo en el uso de Facebook puede ser un reflejo adicional de la omnipresencia de los estereotipos de género en los comportamientos de hombres y mujeres.En términos de mayor narcisismo, una explicación puede ser que como resultado de estereotipos, la asertividad, la necesidad de logro y de dominio, tienden a ser estimulados en la socialización de los hombres y castigados en las mujeres, y lo contrario ocurre con las características comunales, como la auto-interpretación relacional.

La guía de los psicólogos para detectar a un narcisista de Facebook

Estos son los síntomas que han definido los especialistas para determinar si uno de tus amigos, tú no, por supuesto, es un troll en potencia…

  1. Más probabilidades de publicar contenido de auto-promoción
  2. Más probabilidades de publicar actualizaciones de estado frecuentes y alardear de sus logros
  3. Cuanto más publican, menos probabilidades tienen de recibir la validación en forma de gustos y comentarios
  4. Tienden a buscar más apoyo social del que están dispuestos a devolver
  5. 
Se enojan cuando los contactos sociales no comentan sobre el contenido
  6. Se vengan contra los comentarios negativos
  7. 
Son más propensos a participar en la intimidación por Facebook

 

En definitiva, uno de esos estudios que no dicen nada nuevo. Pero ahora, por lo menos, lo pueden demostrar. Y como siempre, aquí lo tienes completo: ScienceDirect.

Alejandro Jiménez

Redactor e investigador, ratón de biblioteca y observador activo de la realidad. Creo que el mundo cambia según se cuenten las cosas.

‘Kingsman: El círculo de oro’, salvar el mundo a lo loco

mailto  facebook  twitter  google+

Crítica de 'Kingsman: El círculo de oro', de Matthew Vaughn

Kingsman: Servicio Secreto fue el quinto largometraje de Matthew Vaughn. Mano a mano, una vez más, con Jane Goldman al guion, adaptó el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons, en una suerte de homenaje a los agentes secretos de la ficción y los clásicos de acción, demostrando un gran dominio de las claves del género.

Ahora, tras pasar por la experiencia de refundar los X-Men, nos llega la segunda parte de aquella creación, Kingsman: El círculo de oro, que retoma ciertos elementos de la primera parte pero también amplía el número de personajes, como Champ (Jeff Bridges), Tequila (Channing Tatum) o Ginger (Halle Berry), posicionados de manera muy obvia para futuras entregas.

Hiperrealismo pero también saturación visual. Situaciones imposibles perfectamente narradas. Sentido de la acción, ironía y crítica política y un gran trabajo de imagen que no evita que esta cinta sea inferior a la primera.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Morrissey tiene la última palabra

mailto  facebook  twitter  google+

Portada del nuevo disco de Morrissey

Morrissey vuelve. Antes de que se acabe el mundo, antes de que el cambio climático nos achicharre. Antes de que Kim Jong Un y Donald Trump nos irradien con una guerra termonuclear. Antes de todo eso, el viejo Moz tiene que decir una palabra más.

Todo el día en la cama

Lo primero que hemos escuchado de lo último que ha hecho comienza de un modo algo confuso. Para alguien que se ha caracteriza por los analógico de su propuesta, los primero segundo de Spent the day in bed son desconcertantes. Un momento, ¿Morrissey se ha pasado a la electrónica?, ¿a estas alturas?, ¿y con ese tono tan noventero? Qué raro es todo.

Porque uno se imagina a la estrella de Manchester sin móvil, con una tele siempre apagada y sin saber muy bien que es eso de Uber. Siempre apegado a las camisas de paramecios y los ramos de flores. 58 años de firmeza y seguridad en uno mismo.

Alta escuela

Porque es la imagen que tenemos de él. Más en estos tiempos radicales. Cuando él fue el primero de todos. Y entonces, la imagen de portada encaja mejor. Ese chaval con cara de decidido frente a Buckingham Palace, dispuesto a acabar a hachazos con la monarquía. Fiel a su palabra: “no entiendo la obsesión británica con la familia real. Cianuro en el té y adiós a la cuestión”.

Low in high school es un disco esperado. Como siempre viniendo de el exlíder de los Smiths. Tres años han pasado desde su anterior entrega. Aquella que tanto decepcionó y de la que no quede ningún recuerdo. Quizá solo en España por su lacerante ataque a la fiesta de los toros.

Grabado en Francia y en Roma, dos escenarios perfectos para la personalidad. Producido por Joe Chiccarelli que ya había trabajado con Zappa, con White Stripes, Strokes o Beck. Qué vuelta de tuerca nos trae Moz es algo que veremos a partir del 17 de noviembre.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

España, récord mundial de premios literarios y bajas tasas de lectura

mailto  facebook  twitter  google+

Pixabay

La premios literarios no tienen buena fama. Por despecho de autores, de lectores, sospechas sobre su transparencia… Pero, más allá de consideraciones y desvíos en su función, estos galardones tienen al menos dos posibles razones de ser: quieren crear lectores o afianzar autores.

En España, el boom de los premios literarios se produjo en la posguerra. Fueron un factor básico para el desarrollo de la novela autóctona de los 40 y 50, y ya en los 60, de los escritores iberoamericanos. Miguel Delibes o Juan Marsé se dieron a conocer gracias a este tipo de galardones, y así, los lectores y hasta la prensa comenzaron a tomar los premios como faros guía para orientarse en las librerías.

El Planeta crea lectores, el Nadal descubre autores

Eso sí, estuvo siempre claro que no todos los premios perseguían la misma meta. El Planeta, aún hoy uno de los más populares de nuestro país y de los que mayor dotación económica y tirada de edición ofrece, nunca ha ocultado que su intención, desde que se creó en 1952, no ha sido apostar por valores literarios nuevos, sino conseguir nuevos lectores. Y así, su jurado ha apostado por obras conservadoras en forma y fondo, para todos los gustos, poco problemáticas y de nombres conocidos, incluso a veces procedentes de otros terrenos de la cultura o la actualidad más allá del literario. En su edición de 2015, por ejemplo, se optó por el conocido cineasta Sánchez Arévalo como finalista.

Sin embargo, el Nadal o el Herralde siempre han pasado por impulsar a autores más desconocidos y textos más rompedores; por ejemplo, el Nadal fue el galardón que encumbró a Carmen Laforet con Nada, que abrió nuevos caminos en la literatura española. Estos objetivos dispares son una constante en los premios españoles: galardones institucionales como el Cervantes o el Princesa de Asturias, o privados como el Biblioteca Breve de Seix Barral, el Premo Jaén de Novela, o el Premio de Novela Café Gijón, se consideran de corte más literario. Otros, como el Premio Primavera o el Alfaguara, se tildan de más comerciales, menos arriesgados.

Premios hasta en los bancos

Además, con los años, cuando las editoriales descubrieron que los premios podían ser sinónimo de más ventas, comenzaron a abusar de su creación; así, se han ido creando galardones para todos los géneros (el Premio Minotauro en género fantástico, el Premio RBA de Novela Negra…). Y la propagación se extendió como un efecto contagio a áreas como bancos, cajas de ahorro o instancias locales o provinciales, con los ayuntamientos o las diputaciones convocando sus propios certámenes.

Y así hemos llegado al impresionante número de premios literarios que existe hoy, que colocan a España a la cabeza de todos los países del mundo en estas distinciones, incluso a pesar de que el 35% de la población, según el CIS, no lee “nunca o casi nunca”. Y eso que a raíz de la crisis se han eliminado muchos premios, por ejemplo los que concedían las extintas cajas de ahorros, y se ha rebajado, en general, las dotaciones económicas. De acuerdo con los datos de la Agenda de Concursos Literarios de Artgerust, en nuestro país se conceden más de 3.500 premios literarios anualmente, entre concursos y distinciones, y cada vez son más los escritores noveles que se postulan a ellos, aparentemente para darse a conocer, pues, de acuerdo con la Agenda, si de media en España las editoriales reciben más de 1.000 manuscritos o propuestas por año, sólo alrededor de unos veinte de ellos acaban siendo publicados.

Y en esta vorágine, a los premios se los ataca desde frentes diversos. Por ejemplo, los hinchas literarios quedan descontentos porque sus plumas favoritas no se ven recompensadas con un galardón, queja bastante habitual en el Premio Nacional de Narrativa, por ejemplo. En relación con los premios que conceden los ayuntamientos, se suele criticar su escasa aportación al mundo de la literatura. También se critica que los premios puedan llevar a confundir o mezclar demasiado los conceptos de cultura, educación y mercado.

Visibilizan la litratura

Aunque, por supuesto, la crítica que se lleva la palma en esto de los premios es la de falta de transparencia. Se habla de premios pactados, premios que sólo son limpios cuando no encuentran un ganador previo y premios que son siempre limpios porque no tienen demasiado prestigio o dotación económica. Y en una sociedad donde tanto se publica (de acuerdo con los datos del Observatorio de la Lectura y el libro, el año pasado se publicaron en España 18.310 títulos, y por cada 100 ejemplares vendidos, se han producido 160), se plantea si los premios tienen la capacidad real de aumentar sustancialmente la venta de un texto o mejorar la vida del autor.

Aunque los premios también tiene defensores, por ejemplo por constituir una manera de visibilizar la literatura, de modo que resulta coherente que en un país como el nuestro donde se lee mucho menos que en otros, los premios se utilicen  como una estrategia, por un lado, de promoción de la lectura y, por otro de mercado.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Ver últimas noticias