Bbrainers – Encuentro para juristas en Madrid. Innovación.

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Defender la Cuenca del Congo bailando

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Cuenca del río Congo
Foto: ESA

De todas las soluciones que podemos poner en marcha para combatir el cambio climático, quizá las mejores sean aquellas que nos indican que mejor no hacer nada. No hacer nada que continúe afectando a las grandes masas forestales terrestres, como el Amazonas o la Cuenca del río Congo en África.

Ahora Greenpeace ha lanzado una campaña que pretende llamar la atención sobre la situación e importancia de esa área del centro del continente. La Cuenca del río Congo abarca casi 4.000 millones de kilómetros cuadrados a lo largo de una ribera que entra en el territorio de nueve países.

Según la organización ecologista, la importancia de esta selv08a no radica solo en la biodiversidad que acoge o en las numerosas comunidades que subsisten obtienen recursos naturales de la vegetación. No es solo, por ejemplo, por las 43 clases de primates que viven bajo sus árboles. O por los 75 millones de personas que viven con el agua, materiales y alimentos que obtienen de la selva.

Más allá de todo eso, la Cuenca del Congo es un elemento clave en la absorción de CO2 y en la regulación climática del planeta. La segunda masa forestal más grande del globo tras el Amazonas, es capaz de absorber el equivalente a tres años de emisiones de quema de combustibles fósiles. Así de relevante es su papel en este lucha que mantenemos por controlar el clima del planeta.

Greenpeace quiere que el símbolo de la lucha por la conservación de la Cuenca del Congo sea el baile. Por ello ha puesto en marcha una acción en la que pide que todos nos manifestemos grabando vídeos en los que salgamos bailando. Y compartamos el contenido en los perfiles sociales con el hashtag #danceforthecongo, una etiqueta que ya ha empezado a expandirse en las redes.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Paul McCartney quiere que comamos menos carne

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¿Son especialmente valiosas las acciones socialmente responsables de las estrellas culturales, o son actos de marketing? ¿O algo que pertenece a su esfera privada y no ha de importarnos?

Paul McCartney cree en su poder. En la influencia que proyecta y ejerce sobre sus fans. La noticia de que es vegetariano hace tiempo que nos había llegado, se ironizó sobre el tema hasta en Los Simpson.  Por eso, puede que no sorprenda tanto que pida que reduzcamos el consumo de carne un día a la semana.

En formato cortometraje

Así nos lo pide en un cortometraje documental llamado One day a week, con el que propone no comer carne un día a la semana, y que amplifica con la campaña The Meat Free Monday (El lunes sin carne). El argumento esencial que manjea de esta campaña es el dato de que la ganadería es la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero,

Aunque la cinta aporta otros datos y recomendaciones para luchar contra el cambio climático a través del consumo responsable de alimentos, y lo hace de voz del propio al ex Beatle y de sus hijas, Stella y Mary, y otros célebres veganos Emma Stone o Woody Harrelson.

El propio McCartney ejerce de narrador del corto, en el que pueden escucharse canciones de su disco de 1997, «Standing Stone», y un tema inédito compuesto para la ocasión, titulado «Botswana».

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

COP23, la enésima oportunidad para frenar el cambio climático

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Entrada a COP23
Foto: HKuhse-Bonn

16Una nueva oportunidad. La enésima última oportunidad. Una nueva reunión para salvar el planeta. Perdón para salvarnos a nosotros mismos, no seamos tan vanidosos de pensar que podemos hacerle algo al planeta más que perjudicarnos a nosotros mismos.

David contra Goliat

Esta semana ha comenzado en Bonn, Alemania, la reunión COP23. La Cumbre por el Clima que auspicia Naciones Unidas. Hasta el 17 de noviembre, 200 naciones tratan de consensuar una agenda conjunta para mantener las reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero establecidas en los Acuerdos de París. Es, de hecho, la segunda reunión de este tipo desde la firma de aquel pacto.

Pero muchas cosas han cambiado desde entonces. Una de ellas, quizá la más relevante, es el relevo en la presidencia de Estados Unidos. La llegada de Trump ha supuesto un cambio en la actitud del país hacia el cambio climático, en contraposición con el impulso de la administración Obama.

Es como muchos han apuntado, una lucha de David contra Goliat. En este caso, el pequeño resistente es el archipiélago de Fidji que en principio iba a acoger las reuniones. Este grupo de islas es uno de los principales implicados y preocupados por el alza de las temperaturas. La subida del nivel del mar puede sumergir gran parte de su territorio en los próximos años.

La implicación humana

Uno de los ejes de las conversaciones, además de la reducción de emisiones, será la afectación que el proceso puede tener sobre las poblaciones humanas. Y la creación de mecanismo de compensación para aquellas comunidades que vean necesario trasladarse o cambiar sus medios de vida como consecuencia del cambio climático.

Pero enfrente van a tener a Estados Unidos. El gobierno de Trump ha decidido abandonar los Acuerdos de París y reducir la financiación de los programas de emisiones cero a la mínima expresión. Aunque estas decisiones no serán efectivas hasta 2020 y por ello, los delegados mantienen la presión para conseguir la implicación de uno de los principales emisores de todo el mundo.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Un mar de basura que tensa las relaciones Honduras – Guatemala

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El catálogo es tan voluminoso como escalofriante: latas, envases, cubiertos de plástico, ropa usada, jeringuillas, animales muertos… ¿Un vertedero? No: una isla de basura acumulada, flotando en la superficie del mar Caribe, entre las costas de Honduras y Guatemala. Lleva tiempo cogiendo su terrorífica forma y acumulando su contaminante contenido, pero recientemente, se ha convertido también en motivo de tensión en las relaciones bilaterales entre ambos países.

Tres años de conflicto

 

La brecha diplomática comenzó cuando la fotógrafa británica Caroline Power publicó varias imágenes mostrandon las aguas cercanas a la isla turística de Roatán. Estaban cubiertas de una costra de desechos. La basura no tardó en alcanzar varios municipios de la costa norte hondureña, y entonces los gobiernos comenzaron una serie de conversaciones, en busca de una solución común. Pero las conversaciones encallaron. Llegaron a un punto sin retorno cuando los dos gobiernos comenzaron a culparse mutuamente de ser responsable de los vertidos.

Así, Honduras acusa a su vecino de provocar la contaminación que llega a la orilla de las playas de Omoa, Puerto Cortés y las Islas de la Bahía. Guatemala, por su parte, asegura que es Honduras quien vierte la basura que lo afecta. El gobierno de Tegucigalpa ha dado un plazo de cinco semanas al ejecutivo guatemalteco para que dejar de verter basura, antes, amenaza, de acudir a organismos y tratados internacionales.

Blue Planet Society, organización enfocada al medio ambiente, asegura que la causa del “basurero marino” es que la basura ha sido arrastrada por el río Motagua desde Guatemala hasta las costas de Honduras.

 

 

 

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

La absurda solución de Alaska para pagar los daños del cambio climático

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Permafrost desprendido en Alaska
Foto: U.S. Geological Survey

La anécdota quizá sea apócrifa, pero es bella y viene bien al caso. Einstein aseguraba que solo había dos cosas infinita, el universo y la estupidez humana., aunque de la primera no estaba seguro. Y eso que el viejo profesor alemán no había oído la solución que los gobernantes de Alaska están ideando para combatir las pérdidas causadas por el cambio climático.

Permafrost descongelado

Resulta que la capa de permafrost del estado americano se está descongelando a pasos agigantados. Cuando esto sucede, el suelo literalmente se desvanece debajo de importantes infraestructuras y viviendas. Y estás se vienen abajo. En total, los daños ascenderán a más de 5.500 millones de dólares antes de 2100 si el proceso continua a este ritmo.

Pues bien, los lumbreras gobernantes de la península han tenido una idea genial: Comenzar a estudiar la posibilidad de abrir a la perforación petrolera la Reserva Ártica Nacional. Es decir, para sufragar los gatos derivados del cambios climático, plantean la extracción de petróleo de una de sus áreas más preciadas en cuanto a conservación de biodiversidad y vida salvaje.

Pagos inmediatos

Y con ello. Lógicamente, alimentar todavía más el proceso que está derritiendo el suelo de Alaska. Más petróleo, más emisiones de CO2, más efecto invernadero, menos permafrost, más infraestructuras afectadas, más pérdidas. Es una larga ecuación en la que en alguna de sus variables se han perdido las autoridades del estado.

La cuestión es que Alaska necesita hacer frente rápido a unos gastos que se van incrementando. El cierre del Gobierno en verano recortó los ingresos por impuestos y no se pudo hacer frente a una serie de pagos urgentes. Ahora, la necesidad es apremiante.

Pero por otro lado, y más importante, nadie puede obviar que el alza de las temperaturas está siendo especialmente grave en esa zona. Desde 1950 a 2014, las temperaturas en Alaska han subido desde los -4 grados centígrados hasta los 6 grados. Y extraer más petróleo solo va a empeorar la situación.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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