Qué hacer un fin de semana en Barcelona

Hay tres cosas a las que una debería dedicarle el fin de semana en Barcelona: Los vermús, la cultura y sus calles. Además, este...

¿Sobreviviríamos a una guerra nuclear a pequeña escala?

mailto  facebook  twitter  google+

Hongo nuclear
Foto: Ivy Mike

Bueno, pues ya está. Contra todo pronóstico, Donald Trump ganó las elecciones americanas. Y más allá de sus comentarios racistas y machistas, hay algo que todavía debemos tener más en cuenta. Ahora el botón nuclear está bajo su dedo corto y regordete. Así que mejor que vayamos, al menos, pensando algunos detalles. Como si sobreviviríamos en el caso de que el tío Trump lo apriete.

Trump, Putin y Kim Jong Un

Está bastante claro que no. Porque todos imaginamos una escalada nuclear descontrolada. Estados Unidos tirando una bomba sobre el país árabe o asiático que se le antoje al señor Trump. Putin tomando represalias sobre alguna ciudad europea o Israel. El magnate-presidente respondiendo en las cercanías de Moscú y, de pronto, Kim Jong Un que ve que la fiesta ha empezado sin él, se anima y arrasa todo el oeste asiático. Sin duda ahí no quedarían ni las piedras.

Pakistán contra India

Pero el panorama es más preocupante. Porque una guerra nuclear a semejante escala es difícil de imaginar. Pero qué pasaría en el caso de una guerra nuclear local entre dos países fronterizos con ciertas rencillas y dientes nucleares. Qué sucedería si de pronto se les escapan un par de misiles, por ejemplo, a Pakistán (arsenal nuclear de entre 90 y 110 bombas) e India (entre 40 y 95). Y así siguen hasta digamos lanzarse bombas equivalentes a 50 veces la que cayó sobre Hiroshima. Puede parecer una guerra lejana, pero la verdad es que estamos todos fastidiados.

Invierno nuclear

Porque entraría en juego el conocido invierno nuclear. El hollín provocado por los hongos nucleares, esas nubes que se forman al estallar la bomba, está compuesto principalmente por carbono incandescente. Ese carbono ascendería hasta la estratosfera y se extendería por todo el planeta empujado por las corrientes de aire y la rotación terrestres. El carbono absorbería los rayos solares. De este modo, la atmósfera subiría de temperatura, pero en la superficie terrestre y el mar descendería radicalmente. Pero esto no ha hecho más que empezar.

El ascenso de temperatura en la estratosfera haría desaparecer todo el ozono. Sin ozono, los rayos ultravioleta del Sol alcanzarían la Tierra libremente, friendo literalmente todo lo que alcancen. Así que cultivos y personas están expuestos a dos fenómenos contrapuestos pero igual de nocivos. El frío y las radiaciones ultravioleta. Y en el mar, la subida de temperaturas y la falta de luz solar acabarían con el microplancton y, por extensión de la cadena trófica, con gran parte de la vida marina. Estas condiciones se mantendrían al menos durante una década.

Así que el panorama sería estupendo. Diez años con el cielo lleno de hollín carbónico. Las radiaciones ultravioleta traspasándonos la piel. Nada que comer en la tierra ni en el mar. Y un frío atroz. La supervivencia de  los que no murieran a causa de las explosiones nucleares se antoja imposible durante todo ese tiempo.

Y eso solo si dos naciones desencadenan una guerra nuclear. Con tan solo medio centenar de bombas. Es decir, el 0,3% de las que actualmente hay en el mundo.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

¿Cuantos gramos de caca haces al día? – #DíaMundialDelRetrete

mailto  facebook  twitter  google+

Seguramente no sea una pregunta que te haces todos los días, pero ¿has pensado alguna vez la cantidad de desechos humanos que cada día viajan por nuestras ciudades? Hagamos una suma rápida.

Una ciudad como México. 8,8 millones de ciudadanos. Cada uno hace una media de 300 – 450 gramos de excrementos cada día. Seguramente en este momento tengas en tu cabeza un par de personas que superan esa media. No te preocupes que nos pasa a todos. En total te salen 4.000 toneladas. Cada día. Eso equivale a un camión hormigonera cada día saliendo de México.

Y eso hasta hace menos de 100 años era algo que no se trataba. Directamente se tiraba al mar o a los ríos. Eso cada día en cada ciudad.

Por motivos como este, el sábado día 19 de noviembre se celebra el día del retrete. Este es uno de esos días mundiales que la ONU organiza para poner sobre la mesa temas que se dan por resueltos en el primer mundo, pero que siguen siendo un problema para 1/3 de la población del planeta.  Puedes seguir lo que se dice sobre este importante tema en el hashtag de Twitter:

#diamundialdelretrete

Acceso al saneamiento para todos

Uno de los objetivos de milenio, cerrados en 2015 era dar agua potable al 90% del planeta y eso se alcanzó incluso antes de tiempo, en el año 2010 ya se había conseguido ese objetivo. Pero la meta para el acceso al saneamiento era del 77% del planeta y se alcanzó un 68%. Este porcentaje que puede parecer pequeño equivale a 700 millones de personas para haber conseguido el objetivo y en total, el 32% de la población que no tiene acceso es 1 de cada 3 personas del planeta sin acceso a servicios sanitarios mejorados.

Hacer caca al aire libre

La consecuencia de no haber llegado a este objetivo es que en muchas zonas del mundo, el “open defecation” sigue siendo una práctica común siendo un grave riesgo para la salud de las personas. Estamos hablando de que al menos 1.000 niños al día mueren por problemas vinculados a la falta de higiene por no disponer de sistemas sanitarios esenciales.

La parte positiva es que desde 1990 2.000 millones de personas han obtenido acceso a servicios de saneamiento

Sabemos que estas cifras macro marean un poco, pero hay una parte positiva en todo esto. 2.000 millones de personas han mejorado su acceso a servicios de saneamiento. Especialmente en América Latina, China, y Emiratos Árabes. Las partes donde se requiere un esfuerzo mayor son especialmente la zona del África-subsahariana.

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

El 2016 será el año más caluroso de la historia según la ONU

mailto  facebook  twitter  google+

Imagen: Pixabay

La Organización Meteorológica Mundial (WMO)presentó en la Cumbre de Marrakesh un informe que alerta de que desde que hay registros de las temperaturas en el planeta, en el siglo XIX, jamás se había tenido un año tan caluroso como este 2016, y que cuando termine, el mes que viene, las temperaturas estarán 1,2 grados por encima de los niveles preindustriales, y 0,88 grados por encima del período 1961-1990, señala el reporte, basándose en los datos recogidos entre enero y septiembre de este año.

Entre los picos más altos, el informe menciona los de Pretoria, Sudáfrica (42,7 grados); Tailandia (44,6); Phalodi, India (51 grados); Basora, Irak (53,9 grados); o Mitribah, Kuwait (54 grados). El fenómeno de El Niño, además, estuvo detrás del incremento de las temperaturas a comienzos de año, pero los registros siguieron en lo más alto del termómetro una vez que este concluyó. En algunos sectores del Ártico ruso las temperaturas han sido hasta 7 grados más altas que el promedio.

El récord previo en 2015

Con todo, no hacía falta echar la vista muy atrás para encontrar el récord previo de temperatura: es el año pasado, el 2015, el que lo ostenta. La disminución del hielo ártico, los incendios forestales, la mengua de la barrera de coral y el aumento de fenómenos extremos como los ciclones, los maremotos y las sequías de grado severo, son algunos de los fenómenos naturales asociados a estas altas temperaturas.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

La historia de Koko, la gorila que habla

mailto  facebook  twitter  google+

Koko y Patty Patterson
Imagen: YouTube

Más allá de películas infantiles, la comunicación entre la fauna y los humanos es inexistente. Partimos del hecho de que los animales no solo son incapaces de expresarse, que ni tan siquiera tienen un lenguaje propio. Son bestias. Y como tal las tratamos. Pero hace ya mucho tiempo que los científicos han demostrado que no es así. Y el caso de la gorila Koko lo demuestra.

Rechazada por su madre

Koko nació en 1971 en el zoo de San Francisco. En principio su nacimiento en cautividad una fue una gran noticia. Aunque el inicio no fue fácil, pues su madre rechazó al bebé gorila recién nacido. Pero Koko estaba destinada a marcar un hito en la relación entre el ser humano y el animal.

La otra protagonista de la historia es Penny Patterson. En aquel entonces, Patterson estaba finalizando su licenciatura en Psicología en la universidad de Stanford y tuvo una gran idea para su tesis. ¿Sería posible comunicarse con un gran simio? ¿Establecer un sistema por el que ambas especies pudieran entenderse? Cuando Koko se quedó sola, apareció la oportunidad que esperaba.

Lenguaje de signos

Patterson comenzó a trabajar con Koko cuando solo tenía un meses de vida. Con paciencia, valentía y una visión clara, Patterson empezó a enseñarle a la pequeña Koko palabras sencillas en lenguaje de signos. Conceptos relacionados sobre todos con necesidades primarias como agua o comida. Gestos que en tan solo dos semanas Koko repetía cada vez que necesitaba alguno de esos elementos.

A partir de ahí nació una relación entre maestra y alumna que ya dura cuarenta años. En la actualidad, Koko es capaz de articular más de 1000 signos para expresar diferentes conceptos y puede comprender cerca de 2000 palabras.

Reflejo condicionado

La historia no está exenta de sombras y críticas. Ciertos científicos niegan que Koko sepa que está interpretando palabras. Creen que en realidad son todos reflejos condicionados creados en la gorila a base de obtener siempre el mismo resultado ante ciertos gestos.

En cualquier caso, para Patterson la relación con Koko también ha marcado su vida. En 1976 creó Gorilla Fundation. Esta organización tiene como objetivo estudiar el comportamiento de estos grandes primates y promover políticas de protección que mejoren su preocupante estado en sus hábitats naturales.

Ahora el ‘biopic’

Koko, vive ahora sus últimos años de vida, retirada, interactuando cada vez menos con los humanos, con apariciones esporádicas, como la visita de Flea de Red Hot Chili Peppers. Como una estrella mediática más, lejos aquellos días en los que aparecía en la portada de revistas como National Geographic o protagonizaba documentales dirigidos nada menos que por Barbet Schroeder . Pero como toda estrella, va a contar con su propio biopic. Un documental de la BBC que narrará la apasionante historia de la gorila que habla con los humanos.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Armas de la guerra de Vietnam convertidas en joyas

mailto  facebook  twitter  google+

Han pasado cuarenta años del final de la guerra de Vietnam, una de los conflictos más traumáticos en las que ha participado Estados Unidos, y los restos de las bombas que se lanzaron en el territorio de Laos, que posee el dramático récord de ser el país más bombardeado por habitante del mundo, regresan hoy a al país americano convertidas en joyas.

 

Restos de armas y metralla convertidas en joyas

Las huellas de la tragedia reinventadas como sofisticación. Restos de armas y metralla, metales que participaron en la contienda, tal vez incluso que alcanzaron y dañaron a alguna víctima, fundidos con bronce o plata para crear pendientes, anillos, pulseras o collares, o incluso originales adornos con forma de obús y mensajes pacifistas inscritos, dándoles un profundo sentido. Son parte del catálogo de Peacebomb, una colección de joyas de la firma neoyorquina Article 22 que se comercializaron por primera vez en 2010, en la tienda de moda The Curve, en Nueva York. Hoy, las joyas se venden en 39 países a través de 150 revendedores.

Los beneficios se destinan a eliminar minas

Los ingresos recaudados hasta ahora en la venta de estas piezas han financiado ya el desminado de unos 65.000 m2 de tierras en Laos. Con una pulsera se “limpian” unos 3 m2, y con un collar de 1.250 dólares, hasta 78 m2. Así, creando y comercializando los productos de Article22, se contribuye a evitar que antiguas armas pongan de nuevo en peligro la vida de los habitantes de Laos. Se construye desde la destrucción. Aún quedan muchos cuellos, muñecas, dedos por vestir. Y, sobre todo, quedan unos 80 millones de bombas esparcidas en Laos por reinventar.

Imagen: Article 22
Imagen: Article 22
Imagen: Article22
Imagen: Article22
Imagen: Article22
Imagen: Article22

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura.

Ver últimas noticias