Las pantallas LED podrían causar daños irreversibles en la vista

  Sabíamos que las pantallas eran perjudiciales para la vista. No es nada nuevo, nos lo decían hasta nuestras abuelas: “no te sientes tan...

¿Está bien ser millennial?

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Elisabeth Hahn

Desde que empecé a escribir en Leequid Magazine, seis meses atrás, se me colgó al cuello la etiqueta millennial. Era una palabra que sonaba lejana, pero que definitivamente conocía; como el nombre de una tia segunda a la que ves en Navidades y luego no te acuerdas de ella el resto del año. Sin embargo, millennial resonaba en la boca con tantos matices diferentes que uno solo podía asegurar una cosas: ninguno de ellos era positivo.

¿Qué es millennial?

En una era abanderada por la globalización, echar un vistazo en Google fue algo más que rápido y la respuesta que concluí era sencilla: millennial definía a una generación, pero no a una cualquiera, sino a los nativos digitales: a aquellos que habían nacido con tecnología entre sus manos. En principio, una generación no debería juicios de valor más allá de cuáles son los hechos históricos: las fechas (80s – 00s), la llegada de Internet, la caída del comunismo, la domesticación de tecnologías complejas como ordenadores y móviles; y, por supuesto, una facilidad superior que generaciones anteriores para comprender estos artilugios.

Sin embargo, cuando hablaba con mis amigos veía que ponían cara de desagrado. Algunos ni conocían que era ser millennial pero la simple etiquetación les hacía arrugar la nariz y negar con la cabeza. No pude evitar soprenderme, al fin y al cabo. las generaciones no son más que convenciones históricas para comprender a una escala media como evoluciona una sociedad. Pero lo dicho, en una era tan globalizada como la actual, resulta un pecado no echar un vistazo en Google ante la duda.

El rechazo ante la generación millennial

Pronto lo comprendí. En una de esas velocidades sorprendentes del buscador, de milésimas de segundo, aparecieron miles de entradas referentes a los millennials. Por motores de búsqueda y logaritmos que no podía explicar, aparecieron primero páginias de medios españoles. Hice una rápida investigación a través de ellas y la conclusión fue desagradable. Todos esos medios, algunos muy importantes dentro de la opinión publia, criticando una generación entera, acusándolos de caprichosos, de exigentes y de egoístas. Descubrí que ser millennial era malo, pues por lo visto éramos malos.

Sinceramente, me pareció estúpido infravalorar a toda una generación a través de prejuicios y no de hechos. Comprendí el porqué de la actitud negativa hacia la etiqueta por parte de la gente de mi generación. Pero no podía evitar pensar que en el fondo todo era una gran estupidez y que los que estaban siendo más estúpidos eran los que nos infravaloraban mediantes juicios de valor, que en realidad se extraían de hábitos de consumo. Usando mis pocos, pero bien aprovechados, conocimientos en historia y sociología, pude llegar a la conclusión de que había que tener la vista muy corta para tratar a potenciales targets de esta manera. Tener una mala visión del que será tu cliente solo puede jugar en tu contra.

Pero en Latinoamérica las cosas cambian.

En un delirio sherlockiano, decidí revisar los medios de los que realmente observan el mundo, tratando de entender qué les rodea, y luego enjuician: los latinoamericanos. Y, efectivamente, difícilmente se mencionaba alguna palabra negativa. Es más, en su mayoría se describía a los millennials como lo que somos primogénitamente: consumidores; y con adjetiovos que suponían un reto, pero no una traba: exigentes, minuciosas, con amplios conocimientos.

¿Está mal ser millennial?

¿Esta mal, pues, ser millennial? En España en ocasiones parece que sí, a veces los de generaciones anteriores miran por encima del hombro, creyéndose con cierta superioridad moral que nadie les ha otorgado. Es tal vez esa cierta prepotencia la que impide que España evolucione, pues, por ejemplo, los medios de comunicación (uno de los pilares de la industria millennial) está invadida por gente que, muy probablemente, esté cerca de quedarse obsoleta. Así que, como conjetura personal, tal vez el problema de ser millennial es la amenaza que representan.

Personalmente, considero que la palabra millennial es una descripción sociológica, como lo fue referirse al baby boom, por lo tanto, de momento no me preocuparé más sobre si me disgusta o no tal calificativo. Pero me gustaría que las empresas empezarán a tenerme en cuenta para ofrecerme un servicio de calidad, pues no es que seamos exigentes, es que cada vez el mundo tecnológico es más complejo.

Imagen de Elizabeth Hahn en CC en Flickr

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

Si eres de México y usas Twitter, estás triste

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México

En México, el instituto de estadística ha puesto en marcha una herramienta para medir el estado de felicidad de los usuarios de Twitter y la realidad es que los mexicanos en Twitter están más tristes que alegres.

Pocos estados dan la nota de felicidad:

  • Baja California y Baja California del Sur son los dos estados que suelen estar más felices.
  • Quintana Roo también es uno de los estados más felices.
  • Nayarit es de media el estado más feliz de todos.

Y quizás te preguntes, ¿esto como se hace?

Hace unos días os explicamos que era eso del Machine Learning y en ese caso se explicaba claramente que lo primero que hay que hacer es realizar un etiquetado manual. Es decir, unos estudiantes (en este caso) revisaron miles de tweets y les pusieron valor. Feliz, no feliz, y los categorizaban. Con eso se crea un conjunto de reglas. Esas reglas luego se aplican a un grupo más grande de tweets y consigues que la maquina aprenda y mejore.

Cuanto más procesa y casos tienes, más inteligente se vuelve la máquina.

La otra pregunta: ¿es realista?

¿Crees que el sentimiento en México en general es de más tristeza que de alegría? Porque si miramos otras encuestas aparecen datos de que hasta el 80% de la población se siente feliz. Quizás la teoría pueda ser que cuando nos preguntan directamente mentimos pero si nos expresamos en un sitio tipo twitter, no es que seamos honestos, si no que sencillamente vamos a criticar sin más.

 

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

¿Todas las opiniones son necesarias?

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Las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene una. Y, al igual que los culos, a nadie nos gusta que nos restrieguen una sino lo hemos pedido explícitamente.

Es fácil compartir tu opinión en Internet

En una sociedad cada vez más interconectada entre sí, valga el recurso habitual, resulta cada vez más sencillo encontrar espacios abanderados, supuestamente, por la libertad de expresión. Ahí donde encontramos una sección de comentarios, también creemos que esta nos interpela directamente y nos sentimos prácticamente en la obligación de compartir nuestro punto de vista.

Es cierto que existen escalas: nosotros mismos nos autocensuramos y escogemos con más o menos rigor dónde comentamos, dónde vale la pena dejar nuestra opinión y dónde creemos que podemos aportar algo. Pero a veces, o no tan a veces, sino más bien a menudo, aparecen comentaristas inesperados e inadecuados, que (me imagino) sienten en sus extrañas una ineludible llamada a la opinión.

Por supuesto, en el reinado de Internet, a estos sujetos se les trata de maneras muy diversas dependiendo del espacio exacto en el que se encuentre: bien puede ser que se les bloquee, después de llamarles trolls; bien puede ser que se les una gente y fortalezca la opinión; bien puede crear debate o pasar desapercibida.

Pero Internet no es más que una pantalla que, tarde o temprano, apagarás.

 

Las opiniones pueden ser peligrosas

Las opiniones son como los culos: todo el mundo tiene una. También tus seres queridos. Se puede dar el caso de que te encuentres en una situación complicada y dolorosa que haga difícil tu vida cotidiana. Se puede dar el caso de que tengas alguna enfermedad, tal vez una de carácter mental o una de esas que todo el mundo ha oído hablar pero nadie sabe en qué consiste. Y es muy probable que todo tu entorno se sienta con la libertad de opinar al respecto: sobre cómo deberías comportarte, qué sentir y qué medicación tomar. Opinar, al fin y al cabo.

Aunque en Internet sea desagradable encontrarse a alguien que opina pero no escucha, siempre podrás, simplemente, ignorarle. Si una persona a la que quieres opina por encima de tus consideraciones personales y las del médico profesional puede resultar doloroso.

Por supuesto es una situación compleja. Al fin y al cabo, en estos casos, cuando alguien de tu entorno próximo opina lo hace desde a buena intención y desde la preocupación y cariño hacia ti. Pero el problema de las opiniones es que esconden un trasfondo de invalidación dañino. Es sencillo: cuando uno tienen una opinión diferente, simplificándolo, es porque cree que la otra no es la correcta (tampoco la incorrecta, simplemente la que no es mejor).

El tacto y los mimos son la mejor respuesta

Cuando una persona se enfrenta a una enfermedad, ésta está llena de dudas y miedos. Probablemente, la situación le sea nueva y le quede grande. Lo más reconfortante suele ser confiar en el profesional, el médico. Entonces, opiniones de gente externa al campo médico puede suponer una invalidación, una puerta hacia nuevas dudas y temores, que tal vez la persona no es capaz de soportar.

Además, en estos momentos difíciles en los que se tiende a sufrir, por la dificultad de la situación, al final lo último que se necesita es una opinión que no va a aportar nada: la situación es la que es y así se mantendrá.

Por supuesto, hay que dar puntos de vista y las opiniones pueden ser buenas. Pero al igual que no restregarías tu culo contra una persona sin una buena justificación (o mucha confianza), no das tu opinión sin que te la pidan.

Así que si alguna vez te encuentras en una situación así la mejor solución es dar apoyo, es transmitir amor. Para las opiniones siempre hay tiempo y espacio, pero más adelante.

 

Imágen de Jessica Albano en CC de Flickr

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

Tú puedes ser el primer traductor de emojis

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Emojis

Puede parecer cómico, pero la gran aportación de Internet y las redes sociales a la lingüística van a ser los emojis. Esos dibujitos iconográficos que en las conversaciones a través de medios digitales, están sustituyendo al tono, a la ironía o la broma. Y, en muchas ocasiones, directamente a las palabras.

Traductor de emojis en Londres

Lo que sucede es que con frecuencia hay problemas para que emisor y receptor identifiquen el sentido. Que poner dos flamencas o una berenjena puede no significar los mismo para uno que para otro. Y eso pude dar lugar a engorrosas confusiones. Por eso, una agencia de traducciones británica anda a la búsqueda de un traductor de emoji-inglés, inglés-emoji.

Today Translations quiere incorporar a alguien muy puesto en el uso de este nuevo lenguaje. Una persona capaz de conectar con el público de cualquier compañía a base de caritas sonrientes o manos juntas. Además, debe estar al día de las tendencias en emojis. Aquellos nuevos que surgen y el sentido diferente que pueden adquirir mediante el uso.

Algo más que Whatsapp

Pero no vale para el puesto cualquier adolescente descerebrado. Today Translations requiere de los candidatos una formación académica que vaya más allá de hablar seis horas diarias por Whatsapp. Un título en traducción y tres años de experiencia. Y otro título en Lingüística, Ciencias Sociales, Antropología o similar.

Bajo esta demanda subyace la necesidad de las empresas para acercare a su público. Ya han conseguido llegar a sus entornos, básicamente las redes sociales. Pero todavía se enfrentan al lenguaje, a la forma de hablar y de expresarse. También, la necesidad de ser consciente de que el uso de los emojis está globalmente extendido. Pero el mismo icono puede tener sentidos muy diferentes en Europa que en Asia o América.

Estas cuestiones han generado importantes fallos en la comunicación corporativa. Errores en tuits o estados de Facebook que rápidamente se convierten en trending topic y suponen importantes crisis de reputación corporativa. Meteduras de pata que los clientes, sobre todo los más jóvenes, no perdonan.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

He vuelto a entrar en mi Tumblr y me ha hecho reflexionar

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CC de Josh James

He vuelto a entrar en Tumblr. No sé qué extraña motriz me ha impulsado a volver a esa red social. Tal vez la conversación que tuve el otro día con mi hermana, en la que comentábamos lo emocionadas que nos habíamos sentido en su momento por hacernos cuenta, allá por el  junio de 2011. Por aquel entonces, yo estaba a punto de cumplir 15 años y tenía unas hormonas horriblemente desbaratadas, además de unas concepciones del mundo que mucho distan de las actuales.

Y aunque volver a mi Tumblr ha sido volver a mi adolescencia complicada, como la mayoría de adolescencias o tal vez un poco más, la verdad es que también me he echado unas buenas risas, pero sobretodo he reflexionado.

Mi primer reblog

La primera cosa a destacar es la primera foto que reblogueé (o sea, que compartí). Aunque ahora todo el mundo, quien más y quién menos, conoce Tumblr, en esa época era una red social muy reciente y en España aún se conocía muy poco. Pues voy yo, con todos mis 15 años y su efervescencia adolescente, y sin tan si quiera acabar de comprender cómo narices funciona la web, reblogueo una ballena:

 

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Y cinco años más tarde aún me parece divertida la imágen, pero nunca, nunca, nunca pienso reconocerlo ante un juez.

Ay, la adolescencia

Si sigo escarbando por mi archivo, me doy cuenta que evoluciono de un amor profundo por lo vintage a los cuerpos tatuados y las melenas teñidas de colores fantasía. Persiste valientemente Harry Potter (os recuerdo que fue la época de la última película) pero se nota que la adolescencia me ha golpeado fuertemente: los mensajes son deprimentes y las imágenes a menudo se relacionan con dolor y, sobretodo, con mucho amor. Hay frustraciones volcadas en cada reblog. Lo que me lleva a pensar que Tumblr fue solo una herramienta más.

Imagen de immmmeals
Imagen de immmmeals

Tumblr, una herramienta expresiva

Es decir, Tumblr fue una manera de gritar toda mi experiencia adolescente a un mundo que (yo creía) no quería escuchar y a la vez fue una manera de crear comunidad entre personas que se sentían exactamente igual. Lo que traduzco como que el ser humano siempre, siempre encuentra una manera de enseñar quién es. Y, puede ser, que porque en su momento fui tan transparente con mi Tumblr (nunca lo escondí en ningún sentido) haya ayudado en que ahora sea transparente casi siempre, por no decir siempre.

La importancia de encontrar un espacio propio

Es tal vez un indicador de que hay que permitir a la generación que está detrás de nosotros, a la que ahora le toca sufrir la adolescencia, encontrar sus propias maneras de expresarse. Las redes sociales son herramientas poderosas que están haciendo mucho bien a la juventud, aunque traten de convencernos de lo contrario, porque les permite tener voz en espacios que normalmente se les ignoraría. Por supuesto, esto no significa que se les deba permitir todo o que sus opiniones sean válidas, pero sí significa que hay que aceptar que están creciendo para hacerse un hueco en la sociedad. Hay que aceptar que todos tenemos sentimientos potentes, más fuertes que nuestra capacidad racional, y que la adolescencia es un reto porque aún no tenemos los conocimientos suficientes para enfrentarnos a ellos.

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Tumblr fue una experiencia interesante. Me permitió perfilarme. Es obvio que hoy en día prefiero otras redes sociales, usando especialmente Twitter. Y creo que esto se debe a que primero aprendí a mirar al mundo con Tumblr, comprender la realidad y ver diferentes puntos de vista: enfrentarme a qué es Internet. Después de esto, pude entrar en el juego, pero en otras plataformas, aportando firmemente mi punto de vista.

Es fantástico haber podido tener una plataforma en la que crecer como usuaria de la red.

 

Imágen de Josh James, creative commons en Flickr

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial