Kuslansky Electric

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Qué tiene que tener una canción para resultar pegadiza, según la ciencia

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Pixabay

Quién no se ha sorprendido tarareando canciones que no le gustan. O llevándolas todo el (santo) día en la cabeza. Un estudio dirigido por Kelly Jakubowski, investigadora en el Departamento de Música de la británica Universidad de Durham, ha ofrecido claves de qué canciones provocan esta inercia pegadiza: suelen ser más rápidas, con una melodía fácil de recordar. Suelen tener intervalos de repeticiones inusuales, que las diferencian de las canciones pop. de lo que se esperaría oír, o giros inesperados como caídas bruscas como el riff de apertura de Moves Like Jagger de Maroon 5, una de las melodías pegadizas nombradas en el estudio, o el de My Sharona de The Knack es un ejemplo.

También tienen más probabilidades de metérsenos en la cabeza sin remedio las canciones con estructuras melódicas más comunes, típicas. Un ejemplo de ello en la música occidental es la canción infantil Twinkle Twinkle Little Star (Estrellita, dónde estás), donde la primera frase se eleva y la segunda cae. Numerosas otras canciones de cuna siguen el mismo patrón, por lo que es fácil para los niños pequeños recordarlas.

Además, suelen sonar más en la radio o en Spotify, lo que hace que se nos metan primero en el oído y luego en la cabeza. El estudio incluye como otros ejemplos Bad Romance, de Lady Gaga; Do not Stop Believing, de Journey; y Can’t get you out of my head, de Kylie Minogue. “Nuestros resultados muestran que se puede, en cierta medida, predecir qué canciones van a quedar atrapadas en cabeza de la gente”, señala Jakubowski.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Adele vs Beyoncé, la rivalidad imposible

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Adele y Beyoncé en la entrega de los premios Grammys
Imagen: YouTube

La historia de la música está pavimentada por el odio. O más bien, por enconadas rivalidades que alimentan la leyenda y, sobre todo, a los fans. Desde Chuck Berry contra Little Richards, la clásica de Beatles contra Stones, la dura de Guns’n’Roses contra Nirvana, la del trono del britpop entre Oasis y Blur. Y la actual, entre las dos grandes estrellas de la música en nuestros días: Adele contra Beyoncé.
Sin embargo, como ocurre en muchas ocasiones, esta rivalidad no es tal. Es un invento de la prensa o, más habitualmente, de los managers que pretenden crear hordas de fieles seguidores. Y para eso es tan importante tener a alguien a quien a adorar como a alguien a quien odiar.

Adele y Beyoncé, completamente opuestas

Adele y Beyoncé dan el arquetipo perfecto para una lucha encarnizada. Porque no pueden ser más distintas. Adele encarna la insulsa británica, paliducha y entrada en carnes. Con una buena voz pero absolutamente negada para el baile o la pose. En las distancias cortas sin embargo resulta una chica normal, accesible y risueña.

Frente a ella la diosa. Beyoncé encarna toda la megalomanía del starsystem norteamericano. Desde su eclosión en Destiny’s Child ha afianzado su posición como reina indiscutible del R&B. Potente, decidida, consciente de su ascendencia y en lucha constante. Inaccesible. Nada se le resiste. Puede cantar y bailar complejas coreografías al mismo tiempo. Incluso caerse aparatosamente por las escaleras del escenario y levantarse como su nada.

Admiración y respeto entre lágrimas

Pero una vez más todo es falso. La pasada edición de los Grammys dejó una de esas raras escenas que pasarán a la historia de la música sin que se emita una sola nota. Adele logro el premio más importante de la noche. Su disco 25 (va titulando los álbumes con la edad que tiene cuando lanza cada trabajo) obtuvo el reconocimiento como Disco del Año. Entre otros venció al monumental Lemonade de Beyoncé.

Cualquiera, en ese momento, habría aprovechado para agradecer el premio a toda la familia, a compañeros y a algún santo. Adele no. Adele, entre pucheros, dedicó todo su discurso de agradecimiento a Beyoncé. La cantante británica describió a la norteamericana como su modelo. Que la adoraba (sin ahorrar un taco). Y en cómo Beyoncé había ayudado a la comunidad negra a dar un paso adelante. Al final, ni corta ni perezosa, partió la gramola que representa el premio para entregarle la mitad a una Beyoncé que devolvía los halagos con más pucheros.

Puede que Adele tenga razón. Que Lemonade sea mejor álbum que 25. Aunque 25 haya vendido diez veces más copias, es probable que el disco de Beyoncé resista mejor el paso del tiempo. Pero eso da igual. Durante muchos más tiempo se recordará esta escena entre las dos estrellas de la música actual.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

A los tiburones les gusta el heavy metal

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Uno de los tiburones atraídos por la música heavy
Imagen: YouTube / Discovery Channel

No lo podemos evitar. Aplicamos a los animales comportamientos humanos. No solo en dibujos animados o en cuentos infantiles. También en escenas adultas se enfocan desde una perspectiva antropocéntrica actitudes y reacciones de los animales. La última dice que a los tiburones les gusta el heavy metal.

En busca de Juana de Arco

Y no es una aseveración gratuita. O al menos eso es lo que aseguran los responsables del documental Bride of Jaws realizado para el canal Discovery Channel.

Según refleja The Independent, los responsables del documental andaban desesperados por filmar un gran tiburón blanco. Animal de normal escurridizo y distante, no lograban atraer a un ejemplar de ninguna manera. Sobre todo porque su pretensión era grabar a uno en concreto. Una gran hembra de 3 metros y 1,6 toneladas llamada “Juana de Arco”.

Se les ocurrió probar con sonidos. Sumergieron un altavoz y probaron con diferentes ruidos y música. Juana de Arco seguía sin aparecer, pero sí atrajeron la atención de otros dos ejemplares de menos tamaño.

Atraídos por el heavy

Al parecer la música que más atraía a los escualos es el heavy metal. En el agua, las vibraciones se transmiten con más fuerza. Los tiburones interpretan las frecuencias de este estilo musical como peces revolviéndose en el agua. Y allá van los tiburones a tratar de capturarlos.

Pero cuando llegan se encuentran con AC/DC o Megadeath. Esta práctica ya estaba siendo utilizada por guías turísticos australianos. Desde hace tiempo se habían percatado de que la música metal atraía la atención de los tiburones. Y así, los turistas podían ver a estos fantásticos animales desde los botes.

El uso de este tipo de música para convocar a los tiburones presenta una gran ventaja. Normalmente se llama la atención de los animales con cebo. Grandes trozos de pescado y sangre. Este reclamo presenta problemas medioambientales y afecta al comportamiento de los tiburones, que se vuelven más perezosos. Además se habitúan a acercarse a las embarcaciones, con peligrosos resultados tanto para ellos mismo como para los humanos.

 

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

Ranking

10 vídeos que no deberías ver (pero que vas a ver)

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01

Rihanna – ‘BBHMM’: La educación criminal de una pija.
En su deriva hacia el chunguismo r&b más extremo, Rihanna se marcó el vídeo de Bitch Better Have My Money o BBHMM como corrió como la sangre en Twitter. El secuestro, tortura e iniciación en las drogas y el alcohol de una rubia pija americana, dos pares de tetas y el final sangriento causaron la pretendida polémica que elevó el clip a los altares del Trending Topic.

No deberías ver este video si: eres una rubia pija. O su marido.

02

Fat White Family – ‘Touch the Heather (Redux)’: El escroto bailarín.
Una de las últimas sensaciones británicas es este peculiar grupo. A sus integrantes parece escocerles la ropa y es frecuente verles en conciertos y fotos promocionales en pelotas. Y en sus vídeos también, claro. En este, uno de los miembros (nunca mejor dicho) de la banda hace inquietantes visajes en segundo plano desnudo de cintura para abajo. Para no ahorrarnos ninguna gracia de su anatomía, se agacha convenientemente.

No deberías ver este video si: te dan cosica los escrotos.

03

Biznaga – ‘Depredador’: Vayamos por partes.
En España la cosa no es muy distinta. El grupo punk Biznaga ejecutó esta pequeña obra de arte mitad homenaje a las teletiendas mitad carnicería. Aquí mezclan varios elementos predilectos de los guardianes de la moral como los desnudos, la sangre, los desmembramientos y el maltrato machista, sin perder la sonrisa y la mala leche. Parecía carne de censura, pero al final no: será que estamos evolucionando.

No deberías ver este video si: eres adicto a la teletienda nocturna.

04

Antony and The Johnsons – ‘Cut the World’: La sonrisa neoyorkina.

Al principio todo va bien. Una factura fílmica impecable, prácticamente cinematográfica, actores de altura como William Defoe y Carice van Houten, la aportación artística de la mítica Marina Abramovic y, claro, la personalísima voz de Antony. La historia que cuenta es bastante convencional en el fondo, más en estos tiempos. Empleada harta con su jefe decide cortar por lo sano. Literalmente.

 No deberías ver este vídeo si: eres CEO de alguna compañía.

 

05

M.I.A – ‘Born Free’: Más efectivo que tocarse un botón.
Otro vídeo más cercano al film que al clip. Acción, persecuciones, cámara emética, gritos y armas. Un escuadrón se dedica a la limpieza étnica con los pelirrojos como objetivo, será por aquella tontuna de que dan mala suerte. El caso es que todo es más o menos llevadero hasta el explosivo final en el que se puede comprobar que, por dentro, la gente con el pelo rojo es igual a los demás.

No deberías ver este vídeo si: eres pelirrojo.

06

Korn – ‘Thoughtless’: Breaking bad.
Lógicamente el heavy o hard rock o como quiera denominarse es prolijo en este tipo de clips, que para eso son tipos duros. En este caso, Korn contaron con la colaboración de Aaron Paul, el célebre Jesse Pickman de la serie Breaking Bad. Aquí se juntan varias referencias cinematográficas asquerositas, desde Carrie de De Palma a Dead Ringers de Cronenberg llegando a una apoteosis gástrica digna del señor Creosota en The Meaning of Life de Monty Python.

No deberías ver este vídeo si: tienes la fiesta de graduación o de empresa próximamente.

07

Health – ‘Tears’: Cosas de niños
Nada más desasosegante que los niños fuera de contexto. Jugando con vísceras en charcos, con ojos humanos, con heridas en la cara y agujeros en la cabeza. La cosa no puede dar peor rollo. Para acabar de rematarlo, el funcional paisaje apocalíptico que siempre crea ambiente. Uno solo puede pensar en qué clase de padres dieron permiso para que rodaran esto con sus criaturas.

No deberías ver este vídeo si: tienes hijos.

08

Houratron – ‘Corporate Occult’: Polvo de una noche.

El sueño de cualquier chico, pillar con un pibón en un bar y acabar en su casa, se convierte en pesadilla. Y mira que la cosa empieza bien, pero a medida que el tipo empieza a beber demasiado y, sobre todo, cuando a la muchacha le salen tentáculos y sangra por vagina y pechos, la cosa se complica. En una situación así, a cualquiera le estalla la cabeza.

No deberías ver este vídeo si: ligas una noche con un pibón y te la llevas a casa.

09

Cephalic Carnage – Ohrwurm’: Sexo chungo.
Otro pobre al que se le tuerce la noche. Lo que en principio parece un polvo con “el tomate”, que son cosas que pueden pasar, acaba con el muchacho recogiendo sus propias vísceras en el suelo, por arte de unos gusanos que le van abriendo la piel. Si leído suena repugnantoso, visto es peor. Estáis advertidos.

No veas este vídeo si: tu novia tiene el periodo o, si eres chica, estás tú con el mes.

10

Cradle of Flith – ‘Circus of Horror’: Un circo de tres pistas.
Con semejante nombre de la banda, “cuna de la inmundicia”, cualquier cosa puede esperarse. Al principio no resulta demasiado impresionante. Escorpiones y serpientes, dos gogós entradas en carne y un escupe fuego. Lo normal. Pero es entrar un simpar faquir desdentado y la cosa gana enteros. Le queman el culo, se atraviesa cara, cuello y lengua con pinchos morunos y finaliza levantando un peso con el micropene. Digno de verse.

No debes de ver este v
ídeo si: no has superado algún trauma infantil con el circo.

El vinilo mola más y ahora vende más

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Disco de vinilo
Foto: Tomasz Sienicki

Lo moderno es postmoderno, premoderno y antiguo a la vez. El tiempo vuelve y revuelve. Gira y gira. Gira como un disco. Como un disco de vinilo. Esos discos que desaparecieron durante la década de los noventa. Primero por la eclosión de los cedés. Después, ambos formatos barridos por los .mp3. Pero el vinilo ha vuelto. La cara B de esta época.

El número 1 en ventas

Y poco ha poco ha ido ganando terreno, contra todo pronóstico. Hasta alcanzar el número 1 del hitparade. Por primera vez desde que el enorme formato plástico compite con el etéreo sistema de archivos digitales, la industria ha generado más ingresos por venta de vinilos que por descargas.


Lo afirma la Entertaiment Retailers Association, la organización británica que reúne a los establecimientos comercializadores de soportes de entretenimiento y culturales. Y ha aportado datos claros. La pasada semana las ventas de vinilos generaron 2,8 millones de euros. Frente a esto, las descargas de música supusieron un total de 2,4 millones.

Como claro síntoma de la enorme evolución de las ventas de vinilos, en la misma semana del pasado año, las ventas de vinilos fueron de 1,4 millones de euros, frente a los más de 5 millones de las descargas.

Un objeto fetiche

Son varios los factores que hay detrás de estos números crudos. Por un lado, cada venta de un disco en vinilo supone más desembolso que la compra de música para descargar. Prácticamente el doble.

Por otro lado, la descarga de música previo pago ha ido cediendo terreno no solo ante el vinilo. Las plataformas de música en streaming han ocupado este espacio de la música virtual.

Pero el resurgimiento del vinilo incluye factores difícilmente cuantificables. Aspectos que tienen que ver con la psicología de los compradores. Personas que buscan tener un formato físico que poder palpar. Y un disco de 30 centímetros es un objeto perfecto.

Tanto es así, que según una encuesta de la BBC, muchos de los que escuchan un disco en streaming acaban comprándolo en vinilo. Y el 48% jamás lo escucha en el formato físico. Es más, un 7% de los compradores ni tan siquiera disponen de un plato en el que escuchar el vinilo que acaban de adquirir.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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