Qué dice un selfie de ti

Que nos encanta hacernos un selfie no es ninguna noticia. Pero a veces nos cuesta entender porqué nos empeñamos en hacernos fotos a nosotros...

Las ayudas contra el cambio climático no llegan a quien las necesita

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Efectos del cambio climático en Etiopía
Foto: Niklas Schiffler

La realidad del calentamiento global está despertando conciencias y también políticas. Tanto es así, que cada vez se destinan más fondos a paliar los efectos del cambio climático. A adoptar iniciativas que lo reduzcan. El problema es, una vez, quién recibe finalmente estos fondos.

Solo el 10% llega donde debe

Según el Instituto Internacional para el Medio Ambiente y Desarrollo (IIDE, por sus siglas en inglés), solo el 10% de los fondos llegan a aquellos que más los necesitan. La cuestión es que solo se consideran viables los proyectos a gran escala. Aquellos gestionados por grandes agencias internacionales o por bancos de desarrollo.

Sin embargo, los efectos más dramáticos del cambio climático se están viviendo en pequeñas comunidades sobre todo en África y Asia. Pero acometer políticas descentralizadas supone una inversión mayor de recursos y tiempo. Y además, son más difíciles de monitorizar y de analizar sus resultados.

100.000 millones contra el cambio climático

Aunque los Acuerdos de París establecen una gran número de iniciativas contra el cambio climático, como suele ocurrir dejó en el aire la implementación real de esos proyectos. Pero los responsable del IIDE tienen claro que es muy importante llevar el dinero allí donde realmente es más necesario.

En total estamos hablando de más de 100.000 millones de dólares al año que los países desarrollados se comprometieron a donar a las zonas necesitadas. Fondos para ayudar a estos países en su transición a las energías limpias y para paliar los efectos del fenómenos como las graves sequías o las agresivas inundaciones que sufren.

El ejemplo de Etiopía

Un ejemplo de lo que está sucediendo es Etiopía. Según los analistas necesitará 7.500 millones de dólares al año. Pero en realidad, solo está recibiendo entre 100 y 200 millones. Una cantidad a todas luces insuficiente para hacer frente a la dura sequía que padece el país. Ni hablar ya de acometer políticas de cambio de sistema energético.

En definitiva, lo que transciende del informe es que, una vez más, se está tratando un problema global con soluciones a muy corto plazo. Destinando el dinero a donde es más cómodo en lugar de a donde es más efectivo. Olvidándonos de que el cambio climático presenta síntomas locales, pero es un fenómeno global.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

La violencia contra la mujer dispara el hambre en las crisis humanitarias

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Pixabay

Las mujeres son especialmente vulnerables a los conflictos. Abusos sexuales, largas caminatas en busca de comida, robos, la lactancia afectada... Acción contra el Hambre lo viene denunciando. “Atender a las mujeres y respetar los roles de género es fundamental para reducir el impacto en estas emergencias donde hay desplazamientos masivos. Si logramos salvar las dificultades logísticas y de seguridad, estaremos salvando a las mujeres de exponerse a riesgos innecesarios”, señala la ONG en su web, fijándose como objetivo clave en sus intervenciones humanitarias incluir siempre el enfoque de género.

La organización presta especial atención a:

  • Nigeria. Solo en el estado de Borno el 31% de las familias desplazadas incluye mujeres y niñas que necesitan protección. El secuestro y la explotación sexual son habituales.  Soldados y oficiales de los campos de refugiados abusan de su autoridad para obtener sexo a cambio de falsas promesas de matrimonio, comida, dinero u otro tipo de apoyo. Las sospechosas de haber tenido algún tipo de relación con Boko Haram, voluntaria o forzosamente, son marginadas, tanto ellas como sus hijos.
  • Sudán del Sur. Uno de cada cinco casos de violencia de género incluye violencia sexual, perpetrada principalmente por agentes armados. Pero la violencia contra las mujeres es más amplia y abarca la falta de acceso a atención médica, el matrimonio infantil o la interrupción de su educación. 339.000 mujeres embarazadas o lactantes sufren desnutrición aguda y necesitan ayuda urgente.
  • Somalia. El conflicto armado prolongado en el tiempo está causando daños psicológicos. En las mujeres, el estrés emocional tiene consecuencias muy negativas en el cuidado de los hijos aumentando los niveles de desnutrición infantil, que hoy padecen 363.000 niños y niñas.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

8 de marzo, historia del arte y mensajes claros (Galería)

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Para este 8 de marzo el mensaje es claro: las mujeres NECESITAMOS igualdad.

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

8 de marzo como mujer y estudiante en la universidad

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Foto de Unsplash

Me llamo Lucía y soy una estudiante universitaria que entra dentro de la media. Tal vez el término estudiante no deje bien claro la condición de mujer, que aunque no lo creáis, marca la diferencia. Es decir: Me llamo Lucía, soy mujer y estudio.

Mi experiencia en la universidad

Nunca pensé que en la universidad ser mujer importara realmente. Pero lo cierto es que serlo importa siempre, sin importar a quién o qué situación te enfrentes. El género estará constantemente presente para marcar un camino limitado. A veces, resulta absurdo pensar que en un lugar donde, al final, eres un número más de una lista inmensa y formas parte de un todo más grande, hay una diferencia marcada entre ser visibilizado como hombre o no.

Estudio audiovisuales. Me metí en la carrera siguiendo mi vocación. Desde siempre, comunicar me ha fascinado. Pero desde el día uno comprendí que por ser mujer se esperaba de mi un discurso determinado y unos objetivos ya preestablecidos. Para empezar, el temario era claramente masculinizado: la historia del cine era una sucesión de nombres masculinos interminables. ¿Y la visión femenina? ¿Y la perspectiva de género? Jamás las escontrábamos y como mucho veíamos a una Cleo desorientada de 5 a 7.

Pocas veces hemos oído nombres femeninos. Nos contaron sobre Ada Lovelace, nadie más que la hija de Lord Byron. Alguna vez, una Lois Weber se impuso, tachada de radical y revolucionaria por hablar del deseo de no tener hijos en el cine mudo. Pero con el tiempo, los nombres femeninos se han ido reduciendo y poco a poco, empecé a sentir la hostilidad o la indiferencia.

¿Y mi espacio como mujer?

Siempre se hablaba de los futuros “directores y realizadores” de la sala. Para ser un buen realizador, había que ser constante, fuerte, templado… prácticamente, como decían, hombre. ¿Las mujeres? unas histéricas, como había oído decir a un profesor hablando sobre el melodrama.

Mi condición me ponía en jaque, pero siempre había pensado que mi tenacidad y resistencia podrían contra todo, a pesar de que mis conocimientos en feminismo me alertaban de que esto no era así. Hasta que he empezado a trabaja en un grupo exclusivamente masculino, siendo yo la excepción y única chica. Con ellos,  me he encontrado silencio y evaluación. Con ellos he reafirmado lo que el feminismo me había enseñado: ser mujer marca una diferencia fundamental y para mal en este mundo.

No quisiera victimizarme ni caer en la problemática de parecer exagerada, pero lo cierto es que trabajar solo con hombres ha sido terrible para mí. He notado una exigencia constante de demostrar que valgo para algo y una facilidad asombrosa para que mis palabras no penetraran. Me han ignorado en reuniones, me han dejado de lado para trabajar y han mantenido unos estándares mucho más altos que para los otros compañeros. Se me ha cuestionado constantemente y si he fallado, en lugar de ayudarme, me han tachado de débil. Todo esto, sin ninguna hostilidad por parte de ellos: simplemente es la forma de trabajar.

Nunca me había encontrado una situación así y lo que más me fascina es la ignorancia con la que mis compañeros me discriminan, ni siquiera son conscientes de lo que están haciendo, simplemente tienen unas reglas del juego muy distintas para mí.

Por ello, este 8 de marzo es distinto

Esta experiencia ha hecho mucho más especial este 8 de marzo, porque por primera vez he entendido en mis carnes aquella frase que ya había oído: “una mujer debe trabajar el doble para ser considerada la mitad“. Tan doloroso como cierto, así que este 8 de marzo, por primera vez en mi vida, soy consciente al 100% de lo que significa paridad de género y de lo importante que es respetar a la mujer en el espacio de trabajo.

En ocasiones la frustración con mis compañeros era dolorosa. La discriminación que sufría, como mujer (encima con problemas de salud) era únicamente justificable por todo un sistema que sostenía el poder de hacer eso. Así que sí, el 8 de marzo es importante; la paridad de género es esencial y la protección de las trabajadoras y estudiantes es necesaria.

via GIPHY

No es un camino fácil y, ni siquiera, trazado. Es un trabajo de todos, mujeres y hombres, y requiere de paciencia. Hay mucho por lo que luchar, muchos derechos que exigir. Aún hay que aprender a escuchar, aún hay que aprender a comprender. Es por eso que este 8 de marzo, en el que se conmemora el asesinato de mujeres huelguistas que pedían derechos laborales dignos, es el deber de las mujeres el alzar sus voces y el de les hombres escuchar.

Y, por favor, que se mantenga esta dinámica durante mucho tiempo hasta que ya no haga falta.

 

Imagen de Unsplash en CC para Pixabay

 

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

¿Qué ocurriría si desapareciera la Luna?

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Qué pasaría si un asteriode destruyera la Luna
Foto: NASA:JPL-Caltech:T. Pyle (SSC)

Hay miles de referencias de todo tipo que nos relatan lo desastroso que sería que un meteorito cayera en la Tierra. Artículos, libros y películas nos lo han mostrado una y otra vez. Casi sabemos de memoria lo efectos devastadores que un suceso así tendría sobre nosotros. Pero mucho menos frecuente es que pensemos qué sucedería si un cataclismo cósmico nos dejara sin Luna. Y el resultado no sería mucho mejor.

La Luna es la Tierra

Sí, es descabellado. Pero si pensamos en cómo se formó la Luna quizá podamos hacernos una idea. En realidad la Luna es parte de la Tierra. O lo fue en algún momento. Hasta el preciso instante en el que un gigantesco asteroide, más o menos como Marte, colisionó con nuestro planeta. Un buen día, hace 4.400 millones de años, el choque entre los dos planetas dispersó enormes cantidades de materiales en la órbita de la Tierra. Pasando el tiempo, estos materiales se condensaron en la gran bola que ilumina nuestro cielo nocturno. Y que condiciona la vida en la Tierra.

Ahora vamos a ponernos en una situación similar. Otro cuerpo de tamaño increíble golpea la Luna y la hace desaparecer. ¿Y a nosotros qué? Más allá de quedarnos sin un elemento muy recurrente para el romanticismo, las cosas comenzarían a cambiar drásticamente.
El primer cambio que notaríamos sería la lluvia de restos que inevitablemente caerían sobre la Tierra. Con eso solo sería suficiente para convertir nuestro idílico planeta en un infierno. Y eso que el baile no ha hecho más que empezar.

Sin mareas

Nos quedaríamos sin mareas lunares. Con el único influjo del Sol, los movimientos de los océanos serían mucho más leves. No solo sería un problema para los surfers. Porque esta ralentización del mar impediría las corrientes que generan el intercambio de nutrientes. De manera que la mayoría de las especies marinas perecerían.

Esta calma afectaría también el clima, pues estos movimientos ayudan a la refrigerar o calentar zonas del planeta. Pero la variación climática sería mucho más drástica. La gravedad de la Luna hace que la inclinación del planeta se mantenga en torno a los 23 grados. Al desaparecer el satélite, la inclinación se corregiría bien a 0 grados bien a 90. De esta manera, las estaciones tal y como las conocemos hoy serían cosa del pasado. Habría grandes zonas heladas y otras abrasadas por el Sol. Estas grandes diferencias generarían variaciones de presión que provocarían vientos de más de 300 kilómetros por hora.

Giraríamos más rápido

Todo se aceleraría y se haría más extraño. La rotación terrestre incrementaría su velocidad y tendríamos días de 10 horas. Además, la órbita terrestre se convertiría en mucho más excéntrica. La elipse se agrandaría. Además de generar todavía mayores fluctuaciones climáticas, los efectos sobre la corteza terrestre de los cambios de gravedad serían terribles.

Junto a los terremotos que destruirían todo, grandes volcanes entrarían en erupción. El resultado del lanzamiento de humo, ceniza y gases a la atmósfera de forma masiva tendría como resultado un radical efecto invernadero. Similar a lo que ocurre en el planeta Venus, en el que los rayos cautivos del Sol han calentado su atmósfera hasta los 400 grados centígrados.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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