Sofia Coppola, segunda mujer en ganar la Palma de Oro en la historia de Cannes

Hacía mucho, demasiado, que una mujer no se llevaba la Palma de Oro a la Mejor Dirección en el Festival de Cannes: desde que...

Los cafés pendientes pesan en la espalda

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Amy

No dejarse nada por decir es una de esas necesidades intrínsecas humanas que nos forjan como especie. Lo digo poque es curioso cómo necesitamos hablarnos y asegurar día a día nuestras relaciones; más aún hoy, con la hiperconectividad con la que vivimos. Pero es curioso que, a pesar de todo, lo que nos haya podido pasar durante el camino, siempre existirán personas con las que tengamos ese café pendiente.

El café que reúne

El café pendiente no es más que la excusa para sentarse a hablar con alguien con quien no puedes hacerlo habitualmente. Es esa necesidad de bajar a la tierra esa conversación que se quedó en el aire. En cierta manera, es el momento de la honestidad; primero, hacia uno mismo reconociendo sentimientos que no puedes ignorar; segundo, hacia la otra persona en cuestión, con la que aún puede haber tensiones (no necesariamente negativas) por resolver.

Punto número 1: honestidad

Ser honesto con uno mismo es necesario. Reconocer, mucho más allá del orgullo, necesidades y deseos. Parar a contemplarse a uno mismo y comprenderse desde la sinceridad desenmascarando tabús y miedos. Normalmente, aceptar con la máxima sinceridad que los sentimientos y las situaciones son más complejas de lo que una querría, pero eso no significa que no haya que luchar por ello.

Yo tengo una máxima en mi vida: “los sentimientos son de quien los crea”; es decir, la persona que inspira un sentimiento determinado debe conocerlo, pues ese sentimiento es obra suya. Es por ello que creo en la honestidad por encima de todo y, también, por lo que no me da miedo dialogar con mis sentimientos y expresarlos.

Pero, a veces, la vida tiene esa forma de dar giros y cambiar los planes que te impide, incluso, comprender qué ocurre dentro de ti. Entonces, la otra persona en cuestión puede alejarse y entre los dos arrastrar una especia de luto en el que se suele mezclar despecho, orgullo, tristeza y, sobretodo, incomprensión. Si nos quitamos todas las ataduras mentales y emocionales que nos detienen, si miramos con la vista clara a la otra persona… tal vez descubramos que tenemos mucho que decirnos, que confesar, que aceptar.

Permíte dejarte llevar por la situación

Es por ello que los cafés son la excusa perfecta. Nos decimos “tenemos un café pendiente” para no ser directos y decir la verdad: “tenemos mucho de lo que hablar, vamos a buscar una excusa fácil para vernos“. Al fin y al cabo, un café es atractivo: está caliente, hay de muchos tipos, se toma en cualquier lugar.

Sinceramente, soy dada a estas reuniones nostálgicas. Una vez más, los sentimientos son de quien los crea; no puedo simplemente callarme y aceptar que no podré reconocer lo que siento. Y todo sin miedo al error: no hay nada malo en sentir y en ser honesto. Nadie se equivoca. Nos escuchamos mutuamente y constrimos una historia entre la personas involucradas, pero no se juzga. Los buenos sentimientos no pueden ser nada más que bonitos.

 

Imagen en CC de Pixabay por Amy

Lucía León Bennasar

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la UPF. Videoblogger, inquieta y milennial

12 cosas que hacer en un avión sin laptop o tablet – Esta compañía aérea tiene la solución

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Pixabay

Las nuevas medidas de seguridad aérea prohibirán poco a poco en todas las compañías llevar ordenadores laptop o tablet en el avión en la cabina de pasajeros. Muchos han entrado en pánico sólo de pensarlo. Como si toda la vida hubiéramos necesitado un cacharrito digital en las manos. Esta compañía aérea, Royal Jordanian se lo toma con humor y te propone doce cosas que puedes hacer mientras vuelas, sin usar tu ordenador o tablet. ¡Cómo no se nos había ocurrido antes!

 

  1. Leer un libro

  2. Disfrutar de un aperitivo

  3. Decir hola a la persona que tienes al lado

  4. Meditar

  5. Gastar una hora decidiendo qué ver

  6. Apreciar el milagro de volar

  7. Entablar una conversación primitiva de antes de internet

  8. Reclamar tu sitio en el apoyabrazos

  9. Jugar a que la bandeja es un teclado

  10. Comprar en el duty free hasta aterrizar

  11. Analizar el sentido de la vida

  12. Pensar en la razón por la que no puedes tener la tablet o el laptop

©RoyalJordannian

Alejandro Jiménez

Redactor e investigador, ratón de biblioteca y observador activo de la realidad. Creo que el mundo cambia según se cuenten las cosas.

‘Una historia de locos’, una visión del terrorismo más allá de víctimas y verdugos

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Muy variopintas son las películas del cineasta francés Robert Guédiguian, no solo porque ha alternado comedias y dramas, sino también porque ha trabajado géneros muy dispares, sin por eso perder una identidad propia.

Ahora estrena Una historia de locos, basada en el libro La bomba, del periodista española José Antonio Gurriarán, que en diciembre de 1980, al salir del edificio del diario Pueblo, escuchó una explosión mientras caminaba por la Gran Vía, y al presumir que había sido una bomba, se metió en una cabina telefónica para llamar a un fotógrafo, y le estalló otra bomba bajo sus pies. Durante meses estuvo en el hospital, y mientras tanto, se informó de quiénes habían perpetrado el atentado, y en 1982, en el Líbano, se reunió con los líderes del ESALA (Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia) para enfrentarse a quienes lo habían dejado minusválido.

¿Vencedores y vencidos?

La película parte en Berlín en 1921, con una cita que indica que las grandes guerras se han librado en la intimidad de las casas, prediciendo lo que se avecina: un joven armenio comete un atentado contra el embajador de Turquía dejando malherido a otro que, cuando él se marcha a un campo de entrenamiento, termina viviendo en casa del atacante, con sus padres, porque busca conocer, y tal vez entender, a su verdugo. La película se bifurca en dos líneas, una que sigue al atacante y la otra al atacado. Guédiguian se vale del entorno cotidiano, y también el importante personaje de la abuela del terrorista, que simboliza una herida abierta durante décadas, la que causaron los turcos a los armenios en su mítico y sangriento genocidio, para lanzar una reflexión sobre la violencia, sobre quién la ejerce y sus motivos, y sobre quién la recibe, y también sobre si es posible un entendimiento entre ambas partes.

Una historia de locos asume una postura de narrador omnisciente de unos hechos, para que el espectador extraiga sus propias conclusiones. La película está protagonizada por la mujer del director, Ariane Ascaride, que interpreta a la madre del terrorista, que ha acompañado al director en su trayectoria, protagonizando sus cintas desde hace años, e incluso Guédiguian se inspiró en ella en la comedia absurda El cumpleaños de Ariane.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Unas cuantas recomendaciones literarias de títulos recientes

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El libro más peligroso. Kevin Birminghaml. Ed. Es Pop Para algunos resulta duro leerlo, pero para James Joyce fue una auténtica odisea publicar Ulises. Una épica batalla solo posible gracias a un nutrido grupo de mujeres, entre las que estaban la editora Sylvia Beach y directoras de distintas revistas ingleses, y también a escritores como Hemingway, mecenas y aventureros, como  contrabandista Braverman, que se saltó ley y fronteras en favor de la cultura. A todos ellos, convencidos del valor de la obra y que se arriesgaron a ser ridiculizados por voces críticas (al menos inicialmente) contra el arte y el decoro de la obra, como las de los mismísimos Virginia Woolf o D. H. Lawrence, le debemos que esta obra se abriera paso entre los lectores y abriera nuevos itinerarios en la literatura.

Ese mundo desaparecido. Dennis Lehane. Ed. Salamandra. En sus primeros años denostado como novelista de best sellers, por fin expiamos culpas con Dennis Lehane, una de las voces más interesantes del género negro estadounidense. En gran medida gracias al cine, que ha llamado nuestra atención sobre él en adaptaciones de sus novelas como Mystic River, Shutter Island o Adiós, pequeña, adiós, transplantes a la gran pantalla operados por Clint Eastwood, Martin Scorsese y Ben Affleck respectivamente. Con este nuevo título, Lehane cierra una trilogía sobre un ex gánster cuyo pasado no le permite tener una tranquila vida familiar. Una trama trepidante y unos personajes enormes.

Por último, el corazón. Margaret Atwood. Ed. Salamandra. Esta escritora y activista canadiense recurre de nuevo a la estructura narrativa de la distopía, con un acentuado punto cómico, para criticar los sistemas de control contemporáneos. Se trata de la creación, en una ciudad, de un sistema de organización social por el que se encierra a miembros de una clase social baja para hacer determinados trabajos, e invertir temporalmente sus tareas con las de carceleros. Todo, con toques sesenteros. Una reivindicación de los conceptos de identidad y libertad.

Según venga el juego. Joan Didion. Ed. Mondadori. Joan Didion, interesante exponente de aquel Nuevo Periodismo al que también perteneció Tom Wolfe, y espléndida cronista de Estados Unidos, nos conmovió con El año del pensamiento mágico, en el que expresaba el proceso primero obsesivo y emocional, y luego racional, por el que afrontó el fallecimiento de su marido y la enfermedad mortal de su hija. Ahora, llega esta novela suya anterior, escrito hace cuarenta años, donde, a partir de los ojos de una joven actriz frustrada, nos describe Estados Unidos y la equívoca idea del sueño americano.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

Gorillaz atacan de nuevo

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Gorillaz
Imagen: YouTube/Gorillaz

Gorillaz inauguraron el siglo XXI. Quizá sea una afirmación arriesgada si hablamos de música. Mucho más si lo extendemos a todo el panorama artístico o cultural. Pero es lícito pensar así. Porque en una época virtual, Gorillaz fue la primera banda sintética. Compuesta por cuatro dibujos animados: Murdoc, 2D, Noodle y Russel. Cuatro personalidades diferentes que funcionan como una.

Gorillaz viven dentro de Albarn

Cuatro personalidades que viven dentro de una persona. Damon Albarn. Una figura troncal en la música de transición entre el siglo pasado y el actual. Desde su aportación al nacimiento del britpop con Blur a sus últimos trabajos que muestran la sensibilidad de la era tecnológica. En asociación con el dibujante Jamie Hewlett, ha creado este clan que le permite dar rienda suelta a su vena más electrónica, golfa y macarra.
Ahora, Gorillaz, o Damon Albarn reencarnado en dibujos de inspiración manga, lanza su nuevo trabajo. Humanz, como irónicamente se llama, viene avanzado por un epé. Cuatro canciones que navegan entre el sonido que podemos esperar del grupo y aportaciones de nueva ola. Grime, dancehall, trap. Una nueva demostración de que nada se le resiste a estos cuatro gamberros.

Vídeo navegable

Y como siempre, la presentación viene acompañada de un formato visual sorprendente. Si en anteriores trabajos fue el contenido visual embebido en el cedé, algo que luego se convirtió en habitual, ahora es con un vídeo navegable. Moviendo el ratón o el móvil podemos movernos por todo el universo que Hewlett ha creado para el primer single. Saturn Barz es una canción cortante y pesada. Movida con el flow ácido de Popcaan.

Que esa es otra de las constantes de Gorillaz. Despojados de entidad física, han de buscar la colaboración de músicos de carne y hueso para materializarse. En este caso, además de la estrella británica del dancehall D.R.A.M, Vince Staples y Jehnny Beth completan de cuota de seres con sangre en las venas.

Y a esperar la gira. Unos shows en los que, lógicamente, la parte visual es tan importante como la musical. El signo de los tiempos.

Hugo Gañán

Periodista, publicitario. Inquieto. Más en Twitter: @hugoganan

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