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#SinFiltros, dieciocho fotoperiodistas españoles retratan el drama de los refugiados

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Idomeni (Grecia), 1 de marzo de 2016. Campamento improvisado en los alrededores de la estacion de tren de Idomeni en la frontera con Macedonia. Foto: IGNACIO GIL.

Mientras la Unión Europea acumula críticas por su gestión de la crisis de los refugiados, la sociedad civil contrarresta la situación poniendo en marcha sus propias iniciativas. Como #SinFiltros, una exposición de cincuenta fotografías, que hasta el próximo 18 de diciembre podrá visitarse en La Casa del Lector de Madrid con entrada libre, que ofrece imágenes de distintos lugares por los que pasan los refugiados en su huida de la guerra de Siria, Irak o Afganistán, todas ellas sin retoque, desnudando al máximo, así, este drama.

Los autores de las obras de la muestra, que patrocina Metro de Madrid, son un grupo de 18 fotoperiodistas y cámaras de televisión, todos ellos españoles, que en el último año han acudido a Lesbos, Idomeni, Hungría, Macedonia o Siria a informar, y ahora ceden parte de su trabajo para llamar la atención sobre el horror de este éxodo histórico, que deja atrás ciudades devastadas. Se trata de grandes nombres en su profesión: Palacios, Olmo Calvo, Gabriel Tizón, Iker Pastor, Óscar Vifer, Pablo Tosco, Czuko Williams, Jaime Alekos, Juan Carlos Lucas, Ángel Colina, Ignacio Gil, Nacho Guadaño, Alberto di Lolli, Sergi Cámara, Mikel Konate, Bernardo Pérez, Alejandro Martínez Velez, Juan Medina o Mikel Ayestaran.

Además de las fotografías, la exhibición incluye vídeos con los testimonios de los propios refugiados en los campamentos de Lesbos e Idomeni y en España. En este último caso, se recogen las palabras de dos sirios que narran su experiencia. También se ha elaborado un catálogo de la exposición con las imágenes principales y lo que se recaude será donado íntegramente a Médicos Sin Fronteras.

 

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

El uso del agua en Asia Central

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El mar de Aral se seca, más del 90% de su cauce ha desaparecido en los últimos 50 años.

Barcos oxidados en el desierto han llegado a simbolizar el caos ambiental que se ha generado sobre el mar de Aral, que se extiende entre Kazajstán y Uzbekistán.

Las tierra agrietada es el síntoma del uso excesivo del agua en esta región. Desde la década de 1960, el 70% de Turkmenistán se ha convertido en desierto, y la mitad del suelo de Uzbekistán se ha convertido en tierra salada debido al polvo que se ha esparcido desde el lecho del Mar de Aral.

Las repúblicas de Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán, Kirguistán y Kazajstán se desarrollaron como estados agrícolas para suministrar productos a la antigua Unión Soviética. Hoy en día, estas regiones se encuentran entre las que consumen más agua per cápita en el mundo por – en promedio, consumen 4 veces más agua que un ciudadano de Estados Unidos, y 13 veces más que un chino. Más del 90% del uso de agua de la región es para el riego de cultivos muy intensivos en el consumo de agua como son algodón y Trigo.

Las décadas de sobreexplotación casi han secado los ríos Amu Darya y Syr Darya que alimentan el Mar de Aral. Los cuales eran medios de vida para los ciudadanos locales que basan su vida en el pastoreo, la caza y la pesca y que han desaparecido. Como los yacimientos de agua han desaparecido, el clima local se ha vuelto más duro: los veranos traen el calor extremo y las tormentas de polvo; los inviernos son más fríos. El viento esparce sal a tierras de cultivo a cientos de kilómetros de distancia, causando enfermedades además de problemas medioambientales.

Debido a que la mayor parte de los recursos hídricos de la región – sobre todo el Sir Daria, Amu Darya y Zarafshon ríos – son compartidas, las tensiones políticas han crecido en torno al acceso del agua, estableciendo paralelismos preocupantes con crisis similares en el mundo árabe.

El primer paso es reconocer que el origen de los problemas de agua de Asia Central está en la demanda excesiva de agua. Solucionar el problema significará el desarrollo de las industrias regionales que hacen un uso menos intensivo del agua y son más rentables que la agricultura. Este aspecto es clave ya que a menos que la economía de la región se ponga en una posición más sostenible, la estabilidad y la seguridad de Asia Central está en peligro.

Dos falacias obstaculizan el debate sobre el agua en el centro de Asia.

 

  1. La primera es que la región tiene poca agua. El paisaje es seco y los ríos están vacíos. Muchos análisis han recomendado medidas para la conservación del agua ya que estos países tienen un montón de agua con respecto a sus poblaciones. El agua dulce per cápita es en el Amu Darya (2.087 metros cúbicos) y el Sir Daria (1.744 m3) muy por encima de las definiciones de las Naciones Unidas de sequía: 1.000 m3 por habitante constituye una escasez crónica y 1.700 m3 una escasez moderada. En comparación, Dinamarca cuenta con 1.128 m3 de agua por habitante, Alemania 1.878 m3 y el Reino Unido 2.465 m3.
  2. El segundo error es que la solución tiene que ser agrícola. La mayoría de los analistas proponen que el agua se debe utilizar de manera más eficiente en las granjas, ya que se desperdicia mucha agua en cultivos de bajo rendimiento en tierras secas. El clima seco de Turkmenistán y los suelos pobres equivale que la producción de una tonelada de trigo toma 2.000-4.000 m3 de agua de riego, mientras que en la cercana zona norte de Kazajstán gracias a la lluvia que tienen no se necesita riego.

La participación de la agricultura del producto interno bruto (PIB) en Asia central casi se ha reducido a la mitad desde la desintegración de la Unión Soviética Unión. En cambio, el crecimiento económico está dominado por la industria del petróleo y gas y por la expansión urbana. Más de la mitad de la población de la región es urbana y esa proporción va en aumento.

A pesar de esto, las economías de Asia Central siguen centrándose en las industrias primarias como la agricultura y la extracción de combustibles fósiles. El retorno económico de agua es menor en el centro de Asia que en cualquier otro lugar del planeta. Turkmenistán utiliza casi 3 veces más agua que la India para producir un dólar de PIB, 4 veces más de Egipto, 14 veces más que el de China y 43 veces más que España.

Los problemas que todo esto genera son mayores que la propia economías. La controversia entre las naciones surgen en torno al acceso a los yacimientos de agua compartidos en el valle de Fergana en la cuenca del río Syr Darya, en la cuenca del río Zarafshon, y en Amu Darya – sobre todo en relación con la presa Nurek y entre Turkmenistán y Uzbekistán.

Estas tensiones se avivaron por proyectos absurdos tales como la edad de oro del Lago Altyn Asyr en el desierto de Karakum. Este proyecto pretendía crear un lago con una extensión la mitad del Gran Lago Salado en Utah, este lago sintético sería aproximadamente seis veces su volumen. Desde el año 2000, Turkmenistán ha venido construyendo, alegando que aumentará la producción agrícola y ofrecer un “símbolo del renacimiento de la tierra turcomanos”, como el ex presidente Niyazov (conocido como Turkmenbashi) decía.

El agua para el lago, procederá del río Amu Darya a través de dos canales a unos 3.200 kilómetros del desierto. Uzbekistán no aceptará estas desviaciones y está listo para defender su cuota de agua con armas si es necesario. Los ya graves problemas de salinización del suelo de Turkmenistán y Uzbekistán se agravaron a medida que se ha completado el proyecto.

Como la mayoría de otras partes de la ex Unión Soviética, los estados de Asia Central sufren un régimen autoritario y fragilidad política. El aumento del desempleo está llevando a una emigración en masa de gente con estudios. Las cifras actuales estiman que hasta un tercio de los tayikos en edad de trabajar están empleados en el extranjero. La diversidad étnica, política y religiosa y las hostilidades internas, como en el Cáucaso, Moldavia y Ucrania oriental, son una amenaza. Un conflicto regional a gran escala, sin tener en cuenta el aumento de los grupos religiosos radicales, no está fuera de la cuestión.

La crisis del agua en Asia Central se hace eco de que en Oriente Medio y el Norte de África, también se entrelazan cuestiones políticas, económicas y ambientales. En los países árabes como Siria, Yemen y Túnez, el agua es escasa y se utiliza para los propósitos de bajo valor, lo que genera pocos ingresos o inversiones. Las poblaciones urbanas son de rápido crecimiento, pero mal atendidas por las políticas de desarrollo centrados en las industrias rurales y sectores primarios. La inercia política y profesional hace difícil el cambio.

Tres diferencias principales pueden hacer que la situación en las antiguas repúblicas soviéticas sea peor que en el Oriente Medio. En primer lugar, las inversiones en el sector del agua de Asia Central son aún menos productivos y más propensa a los conflictos que en los países árabes. En segundo lugar, el agua es más abundante en el centro de Asia, pero los desastres ambientales han sido más severos que en los países árabes. En tercer lugar, las ciudades árabes inmigrantes absorben con mayor éxito y crecen más rápido que los que están en el centro de Asia, donde los trabajadores cualificados tienden a emigrar a países fuera de la región, en particular Rusia.

Los países de Asia Central deben encontrar intereses comunes y ventajas competitivas para construir una nueva economía de la región, con el uso racional del agua en su corazón. Estos países podrían tener un papel mucho más consciente en la política mundial y en la economía global examinado sus fortalezas complementarias y la fusión de sus mercados.

Los recursos humanos de Asia Central están relativamente sin explotar. Las repúblicas han completado la alfabetización de adultos y más del 90% de los adultos tienen educación secundaria. Las naciones están en una posición geográfica favorable entre diversos mercados, entre ellos China, Rusia, Oriente Medio y Europa.

Diferentes fuerzas nacionales deben ser explotados: Turkmenistán es rica en petróleo, Tayikistán y Kirguistán en la energía hidroeléctrica, por ejemplo. Las economías urbanas, servicios, manufactura y las industrias intensivas en conocimiento deben ser impulsadas por los gobiernos.

Experiencia de este tipo abunda en otros lugares. Las tecnologías de la Información trae más de una cuarta parte de los ingresos de exportación de la India; China, Corea del Sur, Vietnam y algunos otros estados ex soviéticos – en particular – Estonia también han creado industrias basadas en el conocimiento casi de cero. Tales industrias proporcionan puestos de trabajo, intelectualmente atractivas de altos ingresos para la generación más joven y ponen poca presión sobre los recursos hídricos y el medio ambiente.

Internacionales responsables políticos y el sector del agua deben reorientar y verán cómo se amplía el papel del agua en el desarrollo político y económico de la región. Esa perspectiva más amplia debe guiar a la próxima ronda de evaluaciones de los recursos hídricos, así como las reuniones de política de primer nivel internacio.

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

La era atómica como inspiración artística

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Durante la Guerra Fría, cuando Carter combatió el comunismo convirtiendo a todos los estadounidenses en culpables o cómplices, el arte proyectó el miedo a una guerra nuclear. Los superhéroes o Godzila eran producto de mutaciones. Pollock ofrecía sus explosiones de color. En literatura, se seguía la senda de HG Welles, que inventó la idea de bomba atómica.

El artista Adamo Dimitriadis recupera aquella época contrastando en sus lienzos los motivos relacionados con el mundo de la energía con imágenes cotidianas de la época, donde reina una aparente felicidad producto de la sociedad de consumo que comenzaba a articularse en un Estados Unidos en plena expansión industrial.

Inspirado en el arte científico de Fritz Kan, o el retrofuturismo de Arthur Radebaugh, presenta, hasta el 15 de junio, una selección de doce óleos que ha realizado durante los últimos dos años, en la muestra El futuro que nunca llegó, en el espacio Bez (Gran Vía, 16, Madrid).

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

La sequía es un gran problema y nos gustaría tener soluciones fáciles

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Nos gusta pensar que comer una ensalada nos va a quitar los michelines, y que subiendo las escaleras hasta la oficina nos vamos a poner en forma.

Así que cuando nos enfrentamos a una sequía nuestra primera reacción es señalar a algo que utiliza una gran cantidad de agua y pensar que con atacarlo vamos a arreglar todo sin más ayuda.

El trasvase del rio Tajo-Segura, el Fracking, cerrar el grifo mientras te limpias los dientes, etc… y no está mal ver como estos temas pueden influir en la sequía, pero igualmente sería importante ver como otros aspectos del día a día tienen un impacto muy notable en el consumo de agua.

Por ejemplo, las almendras. Las almendras son amargas y piensas que sólo porque a los anacardos les pareció bien invitarlas a los cuencos de frutos secos, que se pueden meter como si esto fuera gratis. Y luego se nos dice que se necesitan 25 litros de agua para cultivar una sola almendra ¡Toma ya!

Lo mismo pasa con un filete de carne. ¿Sabes cuánta agua necesitas para que ese jugoso filete que te acabas de comer o que vas a comer llegue a tu plato? Pues calcula que son unos 1.600 litros de agua. 1 filete de carne de 100 gramos. ¿Por qué? Básicamente esa vaca tiene que beber todos los días y alimentarse de comida para generar esa carne. Todo esa agua que se necesita para producir a esa vaca durante esos años, es un tema que deberías analizar antes de pensar que el problema es (solo) de los políticos. Y si piensas en una hamburguesa, 2.400 litros de agua.

Y se supone que el consumo de agua medio en España es de 144 litros por habitante.

Educar y movilizar a todos los miembros de la sociedad en el uso inteligente del agua es complicado. Apuntando a una única industria y gritando contra ella como si fuera la única causa del problema es la manera fácil. Ya sabes, aquí te queremos retar a pensar diferente.

Redacción

Equipo de redacción de Leequid. Noticias frescas para hidratar la mente desde 2016.

España lleva cinco años incumpliendo los límites de contaminación del aire

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Fuente: Pixabay

En cada uno de los cinco años que han pasado desde que, en 2010, la Unión Europea marcó unos límites legales de contaminantes atmosféricos, España ha superado sus techos de emisión, según un informe que la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) publicó el pasado viernes.

España lleva cinco años incumpliendo la Directiva de Techos Nacionales de Emisión, norma que obliga a los Estados miembros a informar cada año de sus niveles de contaminación respecto a cuatro valores: óxidos de nitrógeno (NOx), compuestos orgánicos volátiles distintos del metano (COVNM), dióxido de azufre (SO2) y amoníaco (NH3).

El origen de la directiva estaba, según la Comunidad, en proteger la salud de los ciudadanos de los daños que causan estos contaminantes, como problemas respiratorios, acidificación del agua o daño a la vegetación. Nuestro país ha rebasado, de acuerdo con el mencionado texto, de la AEMA sus techos de NH3 entre 2010 y 2014, y de NOx entre 2010 y 2012, principalmente por las emisiones del transporte por carretera (NOx) y la agricultura (NH3).

Además de España, la AEMA señala a otros nueve países que también han excedido alguno de los límites comunitarios legales de emisión de contaminantes del aire. Entre ellos, Austria, Dinamarca, Finlandia, Holanda y Alemania. Este último es el único país de la UE que excedió el año pasado los límites en tres de los cuatro contaminantes recogidos en la directiva: los óxidos de nitrógeno (NOx) y compuestos orgánicos volátiles distintos del metano (NMCOVs), además del NH3.

Paloma F. Fidalgo

Periodista especializada en cultura. Escríbeme a palomafidalgo@hotmail.com

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